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martes, 8 de diciembre de 2015

LA FACHADA DEL PALACIO DE LAS CIGÜEÑAS AL DETALLE

Hoy os quiero mostrar AL DETALLE, la facha del palacio de Cáceres-Ovando, lo que en la ciudad conocemos como Palacio de las Cigüeñas, o el Gobierno Militar. Es un ejemplo claro del desprecio al valor histórico-artístico de nuestro patrimonio en una época, del intento muy desacertado de añadir valor al patrimonio con “recreaciones” historicistas espantosas, y del intento posterior de conjuntar la coherencia y la estética. Y como en este blog nos fijamos en los pequeño detalles, pondremos la atención en sus escudos, que nos están contando la historia de esta fachada sin nosotros saberlo.

La verdad, es que hasta la segunda mitad del siglo XX no apareció en nuestra ciudad una verdadera conciencia de la importancia que suponía el patrimonio histórico que atesoraban nuestras murallas, hasta entonces los edificios eran mantenidos, como se iba pudiendo, sin demasiada intención estética o patrimonial, aunque una buena parte de ellos han llegado en no muy mala forma hasta nuestros días. En 1844 se creó la Comisión Provincial de Patrimonio que se encargaría de velar por la buena salud de los monumentos de Cáceres, aunque, a decir verdad, sus intenciones superaron a sus acciones, porque lo que seguía mandando era el dinero y los caprichos de la clase más pudiente. Hasta los años 20 del pasado siglo, esta comisión no empezó a tener alguna importancia y sus decisiones comenzaron a ser vinculantes para el Ayuntamiento, pero mientras en el resto de España, los gobiernos empezaban a invertir en grandes catedrales, la Alhambra o murallas como la de Ávila, nosotros, como pasa ahora, fuimos olvidados y sólo pudimos gozar de arreglos particulares y puntuales.

Es en este marco en el que comienza el cambio del Palacio de las Cigüeñas, que data del siglo XV, concretamente fue terminado en 1480 tras muchos problemas burocráticos que tuvo Diego de Cáceres, al comenzar su edificación sin  los permisos pertinentes. Fue levantado en la zona donde se situaría el alcázar hispanomusulman, construido por sillería y mampostería y donde sobresalía su imponente torre, que por cierto, se libró del desmoche ordenado por Isabel la Católica como deferencia a Don Diego, por sus favores en las guerras civiles que se habían disputado años antes.

Posteriormente, el primer documento que nos habla del estado del edificio corresponde al Libro de edificios urbanos de la Villa de Cáceres, escrito por Vicente Maestre en el año 1842 donde aparece lo siguiente:

“Otra reedificandose del Sr. Marqués de Camarena y del Reyno. Era solariega del Mayorazgo de Ovando. Está sin concluir. Es muy grande pero larga y no muy ancha con corral, patio, jardín. Puede quedar con mucha y buena habitación más la parte que cae a San Mateo siempre será muy oscura, tiene pozos y una elevada y sólida torre almenada de la Edad Media”

En 1887 en el libro Extremadura, sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia, de Nicolás Díaz y Pérez se menciona este palacio, concretamente al “estrecho torreón adosado a un antiguo palacio de los antecesores del Marqués del Reino, que hoy amenaza venirse al suelo por el peso de sus años.” La suerte es que junto a esta descripción aparece la siguiente fotografía:




Durante el siglo XX la fachada sufrió diversas y desiguales reformas. De algunas de ellas, afortunadamente, ya se conservan planos y documentación abundante, aunque no de todas. La primera intervención importante en ese siglo se hace en el almenado de la torre en 1918, para lo que el maestro de obras Ángel Valhondo Picapiedra pide al ayuntamiento permiso “para restauración de la Torre llamada de las Cigüeñas en casa propiedad de la Excma. Sra. Marquesa de Camarena, consistente en el derribo de las almenas ruinosas y reconstrucción de las mismas, tapando las juntas a todas las piedras del torreón que estén destapadas”. La reforma fue aprobada pero el resultado fue un verdadero desastre porque todo el almenado desapareció y en su lugar se añadieron unos desproporcionados merlones que afeaban la torre. De 1915 se conserva la siguiente fotografía donde se ve el mal estado de la fachada del palacio.




Existe una imagen de 1920 aproximadamente pero en la que no podemos ver la parte superior de la torre y estos merlones.




Sólo cinco años después la fachada sufrió una de sus grandes transformaciones con una intención estética y no funcional. Se trató de una intervención historicista que en 1923 los dueños del palacio pidieron al arquitecto municipal Francisco Calvo. Al no existir en la fachada original nada reseñable, el arquitecto inventó un pastiche mezclando sin sentido y aleatoriamente elementos presentes en otros palacios sin ningún criterio histórico. Así se abrió una puerta con dovelas (imitando a la de la casa de los Becerra o Mayoralyo), un anacrónico balcón rematado por un alfiz y dos vanos geminados de estilo gótico. Esta intervención sí fue documentada y se conserva parte del proyecto.



Del resultado de esta obra no he encontrado fotografías, sólo un dibujo de principios de los años 50.



No existe documentación de ningún cambio en la fachada hasta el año 1957, cuando el edificio fue adquirido por el Gobierno Militar y se acometen un gran número de reformas, sobretodo en el interior, aunque el exterior también será modificado, y con suerte no tal y como se solicitó desde las autoridades militares que pidieron añadir dos garitas junto a la puerta de entrada. Afortunadamente la Comisión de Monumentos las descartó, aunque sí les permitió la apertura de un vano que hacía tiempo había sido tapiado. Del proyecto de estas garitas se conserva un plano con su diseño y ubicación.



La última reforma se realizó en 1964 aludiendo al intento de reparar “una desafortunada restauración que le hizo perder su carácter primitivo”, interviniéndose en:

"Demolición de aquellas partes de cornisa, antepechos de las ventanas altas que se consideran como añadidas, la reducción en fachada de los huecos de ventanas bajas y supresión total del balcón sobre todo de la puerta y el desmontado de la totalidad de las carpinterías exteriores existentes, para su adaptación y reconstrucción. Formación de nuevas cornisas, restauración de almenas en la torre, gárgolas, ménsulas, alféizares, recercado de huecos y otros trabajos de mampostería y chapado, todo ello realizado en piedra natural de la región. Se esculpirán y colocarán también cuatro escudos heráldicos con unas dimensiones aproximadas de 1,00 × 1,10 × 0,30 metros. Se desmontará la teja de cubierta para revisar su armadura y se suprimirán los canalones y bajantes vistos. La carpintería de ventanas, balcones y puerta principal, será de nueva construcción y de tipo adecuado. Se colocarán rejas en ventanas formadas por cuadradillo y pletina. Por últimos se colocarán unas vidrieras plomadas sobre algunos huecos de ventana y se pintará al óleo todas las carpinterías de madera y elementos de cerrajería"






Pues ahora es donde este blog se fijará en el detalle, porque si nos acercamos a los escudo, sí que vemos que uno es relativamente moderno, pero el otro no. Finalmente se reutilizó uno de los escudos originales de la casa, que se situaban en el patio, como modelo para tallar el resto y se colocó en la fachada, no sabemos si simplemente por ahorro de tiempo y dinero, o como testimonio y comparación entre los elementos viejos o nuevos que posee la fachada. Entre ellos existe una gran diferencia en el desgaste, el tipo de piedra y el paso de los años.





Aún hay quien afirma que Cáceres se conserva tal como era en el siglo XV y cosas así, pero nada más lejos de la realidad, muchos de nuestros palacios o el propio trazado urbano, es el resultado de siglos de intervenciones, más o menos acertadas, que le dan el encanto que tiene, un pastiche o como dice un amigo, un Exin-castillos a tamaño real, que al menos a mí, me cautiva por su belleza y el sabor del paso de los años por sus piedras.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
EL PALACIO DE LOS CÁCERES-OVANDO: UN EJEMPLO PIONERO DE RESTAURACIÓN EN ESTILO EN EL CONJUNTO MONUMENTAL DE CÁCERES. María Jesús TEIXIDÓ DOMÍNGUEZ

1 comentario:

  1. Como siempre, un trabajo exhausto, acertado, ilustrativo y, en definitiva, genial. Mi más sincera enhorabuena.

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