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jueves, 30 de abril de 2015

RESTOS ROMANOS EN UN CHALÉ DE LA MONTAÑA

Hace ya meses os mostré un ara romana situada en la fachada de una casa de campo, en las inmediaciones de la ciudad. Por ser discreto no especifiqué su ubicación exacta, pero revisando unos libros que tenía por casa, y a recomendación de mi amigo Samuel del fantástico blog Extremadura: caminos de cultura, descubrí que existía un interesante estudio sobre ella y que se detallaba el lugar exacto donde actualmente se ubica. Por ello he decidido ampliar los datos que os di en aquel momento.


Se trata de un ara de granito gris de grano medio en muy buen estado de conservación. Tiene unas medidas de 73 x 26 x 13 cm, aunque su verdadera profundidad es muy complicado saberla porque se encuentra empotrada en la fachada de un chalé de la Montaña. Está coronada por dos molduras lisas transversales de 26 cm de largo y 7 cm de alto, separadas por un plano hundido de 25 cm y 6 cm de alto. Sobre la moldura dos PULVINI en forma semicilíndrica que alcanzan los 6 cm de alto y separadas por un espacio liso de 12 cm. En la zona inferior presenta un zócalo que sobresale unos 2 cm y de planta cuadrangular de unos  10cm de alto.





La inscripción fue hallada en 1919 en la finca "Arenal de Valdespino", cercana al Casar de Cáceres, junto a otra pieza en forma de dintel que actualmente se encuentra desaparecida. Se dio noticia de su hallazgo en la Comisión Provincial de Monumentos Históricos Artísticos de Cáceres en las sesiones del 20 de septiembre y 20 de diciembre de ese mismo año. No se vuelve a tener noticias de ella hasta el año 1967 cuando se vuelve a encontrar, en este caso, embutida en una cochiquera de la finca "Ejido de Abajo", también en Casar de Cáceres, propiedad de D. Martín Tovar, El ara vuelve a perderse y es en los años 80 cuando aparece en su ubicación actual, en un chalé en el Portanchito (cerro de las antenas), justo en el camino que lleva de éste a la "Montaña".




La inscripción presenta un campo epigráfico de 42 x 24 cm. con letras capitales cuadradas algo rústicas entre las que se intercalan signos de interrupción redondos al final de cada palabra o entre las siglas. Por su formato, por los caracteres paleográficos y el formulario epigráfico, puede ubicarse el ara en el siglo II d.C. Puede leerse con bastante facilidad:

L. AEMI
LIVS . PROC
{V}LVS . VICA
NIS . ROVD
{D}. S . F . C

El texto no presenta demasiada dificultad, habiendo consenso entre los estudiosos que lo interpretan como:

L(ucius)  Aemi/lius  Proc/{u}lus  vica/ nis  Roud(emsibus)/ {d}(e) s(uo) f(aciendum) c(uravit)

"Lucio Emilio Próculo se preocupó de que fuese hecho (el monumento) para los aldeanos Roudenses"

El aspecto que más controversia ha producido en la interpretación es el de ROVD (Roudenses), que se considera un topónimo o un etnómino, que podría ser tambien Roudianos, pero ciertos autores piensan que hace referencia a  Roud(eaeco), epíteto que acompaña en la epigrafía a la deidad lusitano-galaica Bandua, muy común en el occidente peninsular y considerada divinidad acuática, de la guerra o asociada a juramentos, aunque teniendo siempre en común su carácter protector. Por este carácter, siempre aparecía acompañada de un epíteto que hacía referencia a la población protegida. Se han encontrado varias inscripciones en la zona de Trujillo en las que aparece ROUDEAECO acompañando al teónimo Bandua.

Se considera actualmente que el ara debió formar parte de alguna construcción pública, seguramente un edificio religioso donado por un benefactor romano a los habitantes de un "vicus" llamados Roudenses o Roudeaeco, vinculados a la deidad Bandua que tendría un carácter protector. Este término podría hacer referencia a los habitantes de la mansio Rodacir, que se situaba a los alrededores de Trujillo. Por lo que esta inscripción nos podría estar dando una importante pista sobre la religión autóctona en la provincia de Cáceres. 





Y como siempre, ahora os invito a daros un paseo por el Portanchito y la Montaña (respetando siempre la propiedad privada), admirar este ara desde el camino y pensar en lo que su inscripción quiere revelar y la importancia que tiene a la hora de conocer las creencias y religión de nuestros antepasados y pensar, mientras nos dirigimos a la Montaña, que no somos tan distintos de ellos, entonces le pedían protección a Bandua y nosotros, ahora,  a la Virgen de la Montaña y que ambas, se encuentran muy próximas  ahora gracias a este curioso DETALLE de la historia cacereña. 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Hallazgo e interpretación de una inscripción romana reencontrada en Cáceres. Jesús Acero Pérez

domingo, 26 de abril de 2015

EL BALCÓN JURADERO DE CÁCERES

Hace pocos días se ha celebrado al santo patrón de la ciudad, San Jorge, y al ver las fotos de la procesión cívica que hacen los miembros del consistorio y que culmina con el concejal más joven tremolando el pendón (una réplica) usado en la reconquista en 1229 desde el balcón del ayuntamiento, me he acordado que eso no ha sido siempre así. Este acto siempre se realizó en el balcón de la Torre de Bujaco, conocido como el balcón de los fueros o balcón juradero. Así es que decidí buscar algo de información y enseñaros este DETALLE de nuestra historia. A esto se le suma, que por motivos que no voy a contar aquí, he tenido la oportunidad, en estos días, de acceder a este precioso e interesante lugar.


Primero os hablaré de la propia torre. Es una de las más conocidas del recinto amurallado y, asimismo, la más grande. De estructura cúbica y planta cuadrangular, presenta al exterior esquinas de sillares y, el resto del muro es mampostería. Está coronada por un almenaje, típico de estas construcciones, a cuya altura se colocan sendos matacanes rematados en aspilleras. Bajo el matacán central y a ambos lados se disponen dos saeteras.

Sobre restos romanos, los árabes la levantaron y por ser conquistada al mando del califa Abu Jacob (1173) recibe su nombre, según la leyenda, pero que estoy casi seguro que no es el verdadero origen del nombre de la torre. Fue restaurada en el siglo XV, añadiéndosele los matacanes ya citados, se forró por completo el macizo de tapia y se sustituyeron las cámaras originales por otras de nuevo cuño. Debió de ser muy parecida a la cercana torre de la Yerba, aunque ahora no se parezcan en nada. 

Durante el siglo XVIII peligra su conservación debido a problemas económicos. Salvada de tales infortunios, en 1820 se le añade como coronamiento un templete, a modo de espadaña, que alberga la diosa Ceres. También se dispuso en el frontal de la torre un reloj a modo de torre de iglesia, de ahí que se la conozca también como Torre del Reloj. En 1962 la torre vuelve a su estado originario, quedando las almenas, donde estaba la espadaña, reconstruidas en ladrillo diferenciándose así de las originales en piedra.










En la fachada principal destaca un matacán con función de tribuna, sobre cuatro ménsulas, en cuyo frontis hay esculpida una guirnalda de flores, dentro de la cual se encuentra el blasón de los Rivera. Se conoce con el nombre de Balcón de los Fueros y se cree que su función pudo ser la de elevar pendones en el nombramiento de los nuevos reyes y en alguna bibliografía se le da el nombre de balcón juradero porque se dice que en él los reyes que pasaban por la ciudad juraban los FUEROS otorgados por Alfonso IX en la reconquista. Además se usaba para tremolar el pendón que aquellas tropas trajeron en la festividad de San Jorge, del que ya os hablaré otro día. 


Desde aquí me gustaría reivindicar que el acto de ondeado del pendón vuelva al balcón juradero y que no se haga desde el Ayuntamiento, que es mucho más alto, lejano y distante. De la misma forma que sería bonito escenificar la jura de los fueros por los actuales monarcas, pero claro, eso ya es algo más complicado... pero por pedir y soñar que no sea. Aquí os dejo este relato que viaja entre la leyenda y la historia de esta preciosa ciudad.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Arquitectura Militar: Torres Monumentales en Cáceres Montaña Paredes Pérez María Antonia García Vivas
 La muralla almohade de Cáceres: aspectos constructivos, formales y funcionales. Samuel Márquez Bueno. Pedro Gurriarán Daza.
FOTO ANTIGUA: Cáceres, plaza mayor. Fernando García Muñez

viernes, 24 de abril de 2015

EL OSO POLAR DE CÁCERES. PAREIDOLIAS I

Voy a comenzar una serie en el blog denominada PAREIDOLIAS. La pareidolia es es un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible. Una explicación de este fenómeno, conforme al funcionamiento del cerebro, es descrito por Jeff Hawkins en su teoría de memoria-predicción. Según Jeff Hawkins, ingeniero informático fundador de Palm (ahora HP webOS) y del instituto de Neurociencia de Redwood, esto ocurre debido a una propiedad del cerebro que, para ahorrar tiempo, realiza tareas de predicción en base a formas conocidas en la memoria existente.




Nuestra ciudad antigua se encuentra repleta de estas formas que el cerebro cree reconocer. Comienzo esta sección del blog con el oso polar para unos, elefante para otros, que se sitúa en la calle de San Pablo, que nos lleva de la plaza de San Mateo a la de Pereros. Os invito además a mandarme alguna de estas imágenes que aparecen en las piedras de nuestra ciudad y ampliar así esta colección de casualidades.


PEQUEÑO PUENTE SOBRE EL ARROYO DEL VILLAR

Hay lugares que tienen un encanto especial y uno no sabe bien por qué. Este pequeño puente sobre el Arroyo del Villar es uno de ellos. Quizá por un entorno de dehesa que en estas fechas aparece exultante, quizá por su sorprendente pequeño tamaño, quizá por el silencio que le rodea y que sólo se ve interrumpido por el rumor del agua y los cencerros de las vacas que pastan muy cerca. La verdad es que no lo sé, pero es cierto que atrae, que llama, que relaja. En mis rutas en bici por la zona es parada obligada para el descanso, no sólo de las piernas, sino del ruido y de la prisa. Seguramente la estampa que vemos cuando miramos a él no ha cambiado demasiado en décadas... las flores siguen saliendo, las ranas le siguen queriendo como refugio, las encinas le acompañan... y alguien, desde la admiración al pequeño DETALLE le observa. Sin pretensiones, sin aspavientos, sin ruido ni excesos, su belleza te atrapa, te atrae, te da paz. 


Se sitúa a unas decenas de metros del poblado de la Escalera, en el viejo camino que lleva de Aldea del Cano a Torreorgaz, que al igual que las casas, pertenece de forma sorprendente al término municipal de Sierra de Fuentes, a una finca con un nombre desconcertante: "El Sapo Masa Común", parcela rústica de tan solo 1,583 hectáreas usada únicamente para pastos. 


De unos ocho metros de lago y no más de dos de alto, realizado con ladrillo y mampostería, presenta un ojo central y dos pequeños aliviaderos que nos dan idea de que el cauce actual es menor que el habitualmente ha tenido este solitario superviviente, teniendo en cuenta, además, que en este año de sequía, el agua que lo recorre con descaro es escasa.






Yo sólo os quería enseñar este pequeño puente por la singularidad de sus dimensiones, por su ubicación, y porque en este blog nos fijamos en los pequeños DETALLES. 



lunes, 20 de abril de 2015

UNA PUERTA DEL TIEMPO PERDIDA PARA SIEMPRE

Antes de la invención de la serie El Ministerio del Tiempo, en la que los protagonistas viajan a distintos momentos de nuestra historia atravesando una serie de puertas temporales, en Cáceres ya teníamos un portal que nos llevaba a tiempos pasados, y no me refiero a la parte antigua esta vez. Concretamente se encontraba en la calle Gil Cordero, junto a la Cruz de los Caídos. Una vieja verja oxidada daba paso a un corredor donde se podía leer Entrada de Almacén y en el fondo un patio con un "4 latas". Personalmente a mi me gustaba asomarme a este rincón olvidado que me recordaba a las películas de Berlanga o Forqué, reinventando en mi mente un Cáceres ya desaparecido, pero que aún presentaba esta postal a disposición de los ciudadanos, al menos, hasta ahora.


Hace una semana, en el local contiguo, se ha instalado un negocio que además ha usado el patio y ha tapado esta puerta temporal con un gran cartel de publicidad, impidiéndonos viajar en el tiempo como lo hicimos durante años gracias a este rincón. Quería contaros esta historia para que quede constancia de la desaparición de esta PUERTA DEL TIEMPO. 

domingo, 19 de abril de 2015

LAS CORRALÁS DE TORREQUEMADA

Cuando fui a visitar el interior de la ermita de Nuestra Señora del Salor por primera vez, tuve que hacer un recorrido por el pueblo, y en día de mercado, para encontrar a la señora que me podía dejar la llave para entrar. Al devolvérsela comenzó una interesante conversación en la cocina de su casa, en la que me contó varias historias del pueblo, y lo más importante, me habló de las famosas CORRALÁS. Yo no quería quedar mal, pero no había escuchado en la vida ese nombre, así es que le pregunté y me contó que eran unos pequeños recintos de piedra, situados en la dehesa Boyal o "el prao", donde guardaban los cochinos los vecinos antiguamente. La corralá era cedida por el ayuntamiento de forma verbal y su uso podía heredarse. El vecino se comprometía a mantener las instalaciones acondicionadas, limpias (en la medida de lo posible) y lo más importante: mantener el recinto en buen estado.






Me contaba la buena señora que dejaron de usarse por dos motivos: el primero el que me esperaba, que el cambio de estilo de vida, la migración y el abandono de muchas familias de la costumbre de la matanza, llevó al desuso de las corralás. El segundo motivo era más curioso y consistía en que el tamaño de los cerdos actuales, por culpa de los "piensos esos que le dan ahora a los cochinos", son mucho más grandes que los de antes, por lo tanto no cabían por las pequeñas puertas de entrada a la corralá y fundamentalmente, que el pequeño chozo techado que tenían para que éstos durmieran, se quedó muy pequeño para los actuales y descomunales cerdos. 





Mientras crecían mis ganas por visitar este prado, gracias a la pasión que aquella señora ponía en su relato, apareció por la cocina una chica que debía de ser su hija y que se sumó a la conversación. Ésta me explicó, además, que el gran pintor e hijo adoptivo del pueblo, Juan José Narbón, era un gran defensor y enamorado de las corralás, y que siempre insistió en que no podía comprender cómo un lugar así no era declarado bien de interés cultural. La conversación continuaba mientras una cazuela olía demasiado bien para esas horas (sobre las 14:00h) y que no dejaba de hervir bajo la atenta mirada de la señora que iba y venía a supervisarla, pero sin perder hilo de la charla que tenían con el forastero. La charla acabó con un enorme agradecimiento a todo lo que pude aprender de estas dos mujeres, por regalarme su tiempo y por la amabilidad, aunque me quedé con ganas de probar aquello que hervía a fuego lento en aquella cocina.





Unas semanas después me acerqué con la bici a echar un vistazo a la zona, pero no tenía muy claro cómo encontrar las corralás y decidí preguntar a una señora que sacudía ropa en la puerta de su casa. Me indicó perfectamente cómo llegar así es que fui y descubrí esta joya olvida, un lugar especial con el encanto de la tierra, de la profunda tradición y del olvido. Entusiasmado regresaba a casa con la idea de volver con la cámara de fotos y vídeo para enseñaros este rincón, cuando me volví a encontrar con la señora que me enseñó el camino a la dehesa boyal, y claro, me paré a hablar con ella, con otra señora y un señor que la acompañaban. De aquella conversación nació la nueva búsqueda de un retazo de la historia del pueblo que ya os enseñaré en otro momento. 







Así es que sólo me queda agradecer a la gente del pueblo la amabilidad e invitaros a conocer este recinto. Una sola corralá no impresionaría demasiado, pero el conjunto de casi 300 de ellas te transporta a otro tiempo, a otras maneras de vivir. La dehesa por sí misma merecería la pena, pero con este añadido de piedra se hace aún más interesante. Además se puede disfrutar de la obra de Andrés Talavero,  In memoriam, en homenaje al pintor Juan José Narbón (1927-2005) realizado entre mayo y junio de 2008, un símbolo de diálogo entre dos generaciones, y una invitación a todos los que deseen profundizar en la obra de Narbón mientras pasean al atardecer por el paisaje de las primitivas corralás de Torrequemada que tanto admiró e inspiró al artista. Son dos cilindros de piedra seca con un diámetro cada uno de dos metros y una altura de metro y medio.






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