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lunes, 26 de septiembre de 2016

CÁCERES, CÁMARA... Y ACCIÓN. PARTE TRES. VICENTE ESCRIVÁ Y CARMEN SEVILLA EN CÁCERES

Seguimos repasando las películas rodadas en Cáceres. En estas dos vemos el importante cambio que sufre, no sólo el cine, sino la sociedad española en poco más de 20 años, gracias a la apertura y transformaciones tan importantes en esas dos décadas.

LA LOZANA ANDALUZA

 

Lozana (Maria Rosaria Omaggio), una española oriunda de Andalucía, llega a Roma, una ciudad que se ha convertido, aparte de cabeza de la cristiandad, en un mundo de bullicio y de cierto libertinaje, con casas de citas que abundan en la ciudad y de las que los cardenales y clérigos en general, no son precisamente los clientes menos importantes. Napolitana (Diana Lorys) y su sobrino Rampin (Enzo Cerusico), se encargan de acoger a Lozana y explotar su belleza para convertirla en la cortesana de más éxito en Roma. El negocio marcha viento en popa, hasta que aparece el noble toledano don Sancho Villafáñez (Carlos Ballesteros), que se enamora de Lozana y pretende que le siga en su viaje de regreso a España.

La película, dirigida por Vicente Escrivá, adapta de manera libre la obra del Vicario del Valle de Cabezuela, padre Francisco Delicado y, como indican los títulos de crédito, toma algunas ideas de textos del bachiller Fernando de Rojas, Salas Barbadillo y el Arcipreste de Talavera. En realidad el libro de Francisco Delicado, nos habla de la vida de la vida de Lozana, desde su infancia, en la que atendía al nombre de Aldonza, hasta su retiro en 1527, el año en que Roma fue saqueada brutalmente por las tropas del Emperador Carlos V. El guión de la película se centra en esta parte que trascurre en Roma, sin citar nada de la vida de Lozana en España.

Vemos que en la Plaza de Santa María se añaden  en postproducción elementos, en la zona superior de los edificios, que ayudan a convertir a Cáceres en una supuesta Roma.


Este rincón frente al Palacio Episcopal luce con todo su esplendor. También se ve la puerta del Palacio de Carvajal y la Casa de Ovando.

  



Como suele ser normal, la escultura de San Pedro de Alcántara se tapó para este rodaje.


Rampín le enseña a Lozana la ciudad, que recordemos se supone que es Roma. Pasan por el arco de la Estrella y bajan por la Cuesta de Aldana. Ese supuestamente es el barrio donde se concentran las prostitutas de la ciudad. En la ventana de la Casa de Mono una meretriz saca un pequeño tapiz, lo que sirve de señal para anunciar su disponibilidad. Continúan la visita por el Callejón de la Monja.






La protagonista termina viviendo en la Casa de Lorenzo de Ulloa (junto al actual hotel Atrio) a donde llega un incesante goteo de carruajes de importantes clientes de la chica.





 
Lo curioso es que cuando suben las escaleras para acceder a los aposentos de Lozana, las escaleras corresponden a la de La Casa del Mono, y se puede observar el famoso MONO esculpido en ella.



Sancho, el toledano que se enamora de Lozana, vive con su mujer en el Palacio de los Golfines de Abajo.



Uno de los clientes de la chica tiene ensoñaciones con su enamorada. Pasa por el adarve, a la altura de la Generala y desde ahí lanza flores a su amada, que por cosas del cine, se sitúa en la ventana de la Casa del Águila o de Sande, junto a la Casa del Sol.



Rampín, enloquecido por los celos, se emborracha una noche y es detenido por las autoridades. La salida de la supuesta cárcel se rodó en el lateral de la Iglesia de Santiago, en la puerta del Peregrino.



Estamos ante una película que se basó el momentáneo éxito que tuvo el mostrar las bellezas corporales de la protagonista, en una época en la que España se estaba liberando de las ataduras de la dictadura y en que gracias a esta y otras películas por el estilo, algunos españoles pudieron ahorrarse el viaje a Perpignan. Quizá lo más destacable sea la música de Antón García Abril, el resto prescincible.


LA FIERECILLA DOMADA

Don Beltrán es un mujeriego feliz y rico que hace sus negocios en la España del siglo de oro. En uno de sus viajes conoce a Catalina, una mujer de temperamento que se enfrenta con él. La hermana de Catalina sólo puede casarse después de ésta, y no ve llegar el día, porque Catalina hace salir corriendo a todos los pretendientes, que, generalmente acaban en el pozo del patio. La hermana ofrece dinero a Beltrán para que se case con ella, y Beltrán acepta el reto, pero no el dinero. Después de hacerse sendas jugarretas (ella lo encierra en un calabozo, y él, después de escaparse, aparece en la boda lleno de harapos y rodeado de toda la mendigalla de la ciudad) los dos pronuncian el sí quiero. Él con desprecio, ella por terquedad, por no darle el gusto de decir no.

Parten para casa del marido y en el camino Beltrán sigue tratando de apaciguar la rebeldía de su esposa. Le niega la comida, y cuando ella se va por su lado él la deja meterse en líos. Ella entra en un mesón, y varios rufianes la acosan, el marido no acude hasta que ella pide auxilio. Una vez en casa de don Beltrán, este sigue intentando doblegarla. No le deja probar el asado por no ser digno de ella, ni la almohada, contándole la historia de su familia. Cuando parece que ella cede él le anuncia que va a devolverla a su padre, en una escena que parece el final de "Lo que el viento se llevó". Ella se queja, si hubiera recibido suficiente amor, no se hubiera rebelado. En el camino él la pone a prueba sin cesar, la obliga a darle la razón, a fiarse de su marido, y no de sus ojos.


La fierecilla, Carmen Sevilla, vive en el Palacio de Mayoralgo, alrededor del cual se desarrollan muchas de las escenas de la película. En la primera, ésta llega a caballo, al galope, por el arco de la estrella hasta a la Plaza de Santa María.






Beltrán poco después llega a la Plaza de Santa María, pero que por cosas del cine, como está tomada desde otro ángulo, se encuentra a cierta distancia de la casa de la "fierecilla". Vemos la antigua fachada del edificio de Diputación.


 
En esta ocasión San Pedro de Alcántara luce en todo su esplendor y no fue tapado para el rodaje.



 
 Alberto Closas tiene acaloradas discusiones con Carmen Sevilla mientras esta se asoma a la ventana de su casa, el Palacio de Mayoralgo.


Esta película es tan ingenua como correcta. Tan simple como entretenida. Una interesante cinta para pasar una tarde de sábado a lo Cine de Barrio.

 

jueves, 22 de septiembre de 2016

CÁCERES, CÁMARA Y ACCIÓN. PARTE II. ALAIN DELON Y J.L. BUÑUEL EN CÁCERES.



Continúo con este pequeño monográfico sobre los largometrajes rodados en la ciudad de Cáceres y/o sus alrededores. Esta entrada se centrará en dos películas: El Tulipán Negro (1964) con Alain Delon, y Leonor (1975) dirigida por Juan Luis Buñuel y protagonizada, entre otros, por Ornella Muti.


EL TULIPÁN NEGRO

 

Ligeramente basada en la obra de Dumas, la película se sitúa en la Francia previa a la Revolución, un desconocido enmascarado apodado “el tulipán negro” (una suerte de Zorro francés) ataca y saquea a la nobleza para ayudar a los más desfavorecidos aparentemente. El jefe de policía de Rosellón está convencido de que el sujeto es el conde Guillaume de Saint Preux y le tiende una emboscada donde consigue herirle en una mejilla. Pero, al reunirse toda la nobleza en una fiesta, el supuesto culpable aparece intacto, mientras la clase alta sigue siendo desvalijada de sus pertenencias. ¿Se ha equivocado el jefe de policía o realmente es Guillaume de Saint Preux “el tulipán negro”? En ese caso, ¿cómo se ha librado de la marca en su rostro?

Aunque de forma somera y algo pueril en ocasiones, la película refleja el ambiente y la atmósfera que se cocía y respiraba durante los días previos al estallido de la Revolución Francesa en 1789. Como es sabido, un cúmulo de circunstancias hicieron que la situación en Francia resultase insostenible: una monarquía al borde del desplome más absoluto, la necesidad de ruptura con el Antiguo Régimen, una grave crisis financiera cuya única solución exigía la eliminación de privilegios de la nobleza y del clero, y por supuesto el descontento generalizado de las clases populares hambrientas (lo que se conocía como el Tercer Estado) que exigían un cambio desde la raíz. Era pues lógico que la tensión acumulada explotase tarde o temprano, desembocando en la creación de una Asamblea Nacional Constituyente, así como en el posterior y auténtico estallido de la revuelta cuando la Bastilla de París fue tomada…


“El tulipán negro” es una película bien recreada y simpática, que no provoca ningún quebradero de cabeza al espectador; tan solo hay que limitarse a seguir su ameno desarrollo. Está protagonizada por Alain Delon, un icono del cine europeo reconocido por ser (aunque esto es subjetivo, es cierto que siempre ha sido considerado así) una de las estrellas masculinas más atractivas que ha aparecido en pantalla. A pesar de su participación en films de la talla de “El gatopardo” o “La piscina”, él manifestó en una ocasión públicamente que su angelical belleza jugaba en su contra a la hora de que los directores le considerasen apto para interpretar otro tipo de roles alejados de esa imagen de guapito de cara. No obstante, lo curioso del reparto es que cuenta con la presencia de dos actores españoles (ya que se trata de una singular coproducción entre España, Italia y Francia respectivamente): son Adolfo Marsillach y Laura Valenzuela, quien por cierto aparece en los títulos de crédito como alguien destacada en la cinta y después solo cuenta con unas tres apariciones.



En resumidas cuentas, me resulta interesante porque como dije antes plantea los precedentes de la Revolución de una forma correcta a la par que jocosa, es decir, aborda profundamente los aspectos sociales y políticos del suceso (escuchad atentamente sus diálogos, cargados de acertadas e ingeniosas reflexiones), y a su vez los intercala con duelos de espadas y escenas más propias de la comedia tradicional (algunos personajes son exageradamente ridículos, como el jefe de policía). Es un ejemplo muy recomendable que demuestra que el género histórico puede conjugarse con el cómico sin ningún problema.


Algunas de sus escenas fueron rodadas en la ciudad antigua de Cáceres. Vamos a ver algunas de esas escenas, Al Detalle, para analizar algunos aspectos interesantes de ellas.


El Tulipán Negro vive en nuestro Palacio Episcopal, muy lejos, supuestamente, de la Plaza de Santa María donde se desarrollan otras de las escenas…cosas del cine.


Vemos como Alain Delon llega a caballo a la Plaza de Santa María, donde la protagonista se va a casar con otro. Si nos fijamos en la Puerta de la Concatedral vemos cómo la imagen de la Virgen esculpida por Pepe de Arganda (de la que ya os hablé) aún no está, ya que fue colocada en su sitio unos pocos años después. 


Aunque nos parezca mentira, la famosa escultura de Pérez Comendador de San Pedro de Alcántara en esta ocasión no fue ocultada como ocurrirá en la mayoría de los rodajes. Y si nos fijamos al fondo, lo que ahora en el edificio de Diputación aún conserva la fachada original, antes de ser sustituida con “retales” del demolido Seminario de Galarza.




La Casa de los Golfines de Abajo conserva el lucido imitando a cantería tan característico, hasta no hace demasiado.



Vemos el Palacio de Mayoralgo con un aspecto similar al actual. Remodelado tras el bombardeo del 37, ya no tiene balcones, sino ventanas en la segunda planta.




En la cara este de la torre de Santa María aún vemos la pequeña espadaña que poco después fue eliminada.



La casa de los Moraga ya no está encalada como se veía en El Agua en el Suelo de la que os hablé en la entrada anterior, sino que aparece con un lucido con esgrafiado imitando a cantería como en los Golfines.





En la carrera de huida de Adolfo Marsillach, se entremezclan algunas escenas rodadas en Trujillo, pero podemos ver bien la Cuesta de la Compañía, la Casa de Sande y de lado, la Casa del Sol.









video




LEONOR



Richard es un ocioso señor feudal en la Edad Media que vive en un castillo. Su joven esposa Leonor se encuentra sumamente grave tras sufrir un accidente cayéndose del caballo. Las atenciones del médico llegan demasiado tarde, y Leonor fallece sin remedio. En represalia, Richard mata con su espada al caballo, considerándolo responsable de la tragedia. Es sepultada en una pétrea cripta en lo alto de una colina. A causa de la muerte de la mujer que amaba, Richard queda devastado, no se resigna a haberla perdido para siempre. Pero trata de ahogar sus penas casándose el mismo día de los funerales con otra mujer, la bellísima Catherine. Pese a haber contraído matrimonio con una chica mucho más hermosa (y joven) que su difunta primera esposa, el aristócrata sigue destrozado. Richard trata de ahogar sus penas dedicándose a la bebida, a realizar piruetas con enormes espadas, o haciendo competiciones de pulsos con sus amigotes de la corte. Los años van pasando y Catherine le da dos hijos al ya maduro noble, cuyas melancolías, lejos de curarse con el tiempo, se van haciendo cada vez más dolorosas.

Paralelamente, la peste negra, que ya se ha cobrado numerosas vidas en otras comarcas, amenaza con extenderse también a los dominios de Richard. Pero esto es lo que a él menos le preocupa; pues no puede olvidar a Leonor, la única mujer que ha amado. El gran pesar por su ausencia crece sin cesar. Un día decide profanar la cripta donde yace su primera esposa, tirando abajo los tabiques, para poder así pasar el tiempo al pie de su tumba. Trata incluso de quitar la pesada losa de piedra bajo la cual se halla el cadáver, pero no lo logra. Mientras tanto Catherine, preocupada por su trastornado marido, llega hasta allí acompañada de una doncella y llama varias veces a Richard, pero éste la ignora.

Más tarde, ya fuera de la tumba, Richard se encuentra con un extraño anacoreta cuando sumido en sus cavilaciones pasea en los alrededores de la cripta. El mefistofélico personaje surgido de la nada sugiere tener la capacidad de hacer que Leonor vuelva a la vida, si bien añade que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”. Richard, desesperado por poder volver a tener a su amada junto a sí, ruega al misterioso hombre que le ayude. El noble retorna a la tumba de Leonor, y allí también se encuentra inexplicablemente el enigmático individuo. Éste vuelve a advertir que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”, pero ante la insistencia de Richard, le es concedido su deseo: Leonor regresa del más allá y emerge de su tumba. Se siente fría y no recuerda nada, como si hubiera estado en coma todo ese tiempo. Han pasado diez años desde que murió…


Richard vuelve al castillo. Allí le espera la atribulada Catherine, cuyo padre acaba de morir a causa de la peste negra. La mortal epidemia se acerca cada vez más. A Richard eso no le interesa en absoluto, y le dice a su esposa, madre de sus hijos, que se marche de sus dominios. Ante la estupefacción de Catherine, su marido la apuñala asesinándola, y se deshace del cuerpo tirándolo a un pozo. Tras esto trae a Leonor y comunica a sus súbditos que a partir de ahora ella será su señora. Los que conocían a Leonor de antes, como el fraile Thomas, se quedan atónitos. Richard descuida la educación de sus hijos, y la delega en sus subordinados. Parece no querer ya trato alguno con ellos, pues todo lo que desea es estar junto a la resurrecta Leonor. Pero ésta ha cambiado…


No sólo la peste amenaza a la comarca. También comienzan a desaparecer niños de los pueblos aledaños. Los cadáveres de los pequeños son después hallados desangrados, y pronto se extiende como la pólvora el rumor de que una criatura vampírica merodea por las noches en ese territorio. Leonor ha regresado junto a Richard, tal y como deseaba éste, pero ya no es como era antes… Ha vuelto como muerta viviente, como vampiresa que necesita sangre humana para poder subsistir, llevando una existencia de cadáver andante.


Ésta gótica historia ambientada en el Medioevo retrata el muy romántico. “amor más allá de la muerte”, y conjuga el drama personal del protagonista Richard (quien ha descendido a un abismo de enajenación) con las leyendas populares de vampiros. Cuenta con un reparto internacional: el veterano actor francés Michel Piccoli (“La grande bouffe” – Marco Ferreri, 1973) en el papel del atormentado aristócrata, la noruega Liv Ullman como Leonor, nuestro Antonio Ferrandis (el entrañable Chanquete de “Verano Azul”) dando vida al fraile Thomas, y la hermosísima italiana Ornella Muti como Catherine.


El director Juan Luis Buñuel (nacido en 1934 en Francia, donde realizó toda su carrera cinematográfica) es el hijo del máximo exponente en la gran pantalla del movimiento surrealista. Y destacaremos que la Banda Sonora es del gran Ennio Morricone.


El Castillo en el que se desarrolla la película es el de las Arguijuelas de Arriba. Éste aparece durante toda la película, tanto en sus exteriores como en algunos interiores.









 

El lugar donde se entierra a Leonor, al menos la parte exterior, es el Castillo de Zamarrillas, situado en el despoblado del mismo nombre entre Valdesalor y Torreorgaz. Los interiores de ese castillo ya no pertenecen a él. 





Pronto os enseñaré otras películas rodadas en Cáceres, Al Detalle.
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