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martes, 28 de marzo de 2017

SAN JUAN BAUTISTA DE LA VICIOSA. DELEITOSA


Sé que está algo lejos de mi zona habitual de trabajo, pero cuando un amigo te llama y pronuncia en la misma frase las palabras: CONVENTO y RUINAS, no puedes negarte embriagado por la emoción.

El convento se encuentra a unos 5 Kilómetros al oeste de la villa cacereña de Deleitosa, aproximadamente. El lugar es aún hoy, muy húmedo y fragoso, circunstancia que dió origen a su sobrenombre, debido a la persistente exhuberancia (vicio) de la vegetación autóctona. Hay otra versión para el origen de este nombre, porque el Convento fue también llamado el Convento de los Habaneros, al emplazarse junto a unas huertas de habas. Lo curioso es que en la zona también se conocen a las habas como vicios, por lo que esto también explicaría el apelativo de “viciosa” en relación a estas legumbres.





San Juan Bautista de la Viciosa fue fundado en 1561 (1559 según otras fuentes) por la Orden de franciscanos descalzos de la custodia de San José, dirigida por el que habría de ser unos de los santos más grandes de la cristiandad y Patrón de Extremadura, fray Pedro de Alcántara. Esta construcción se llevó a cabo a expensas de los Condes de Oropesa y Deleitosa, D. Francisco Fernando Álvarez de Toledo y su esposa, Dña. Beatriz de Monroy y Ayala, dueños y señores de aquellos territorios.







Se levantó alrededor de un pabellón de caza que tenían allí los condes, y su construcción fue del gusto de aquellos frailes mendicantes: tosca y sencilla, a semejanza del convento del Palancar. Debido a las pésimas condiciones de habitabilidad que reunía aquel edificio, y que según la tradición fueron la causa de que San Pedro de Alcántara enfermase en él para morir poco después en Arenas. Unido a lo alejado del convento de los pueblos de su guardianía de los que dependían sus limosnas y sustento, los frailes solicitaron al patrón D. Juan Álvarez de Toledo, que edificase un nuevo convento en un lugar cercano, pero más saludable, a lo que el conde se negó. Entonces, previa licencia del Ayuntamiento de Trujillo, el obispo de Plasencia y el Consejo Real, en enero de 1603, la comunidad franciscana de La Viciosa se trasladó definitivamente a la ermita de Sta. María de la Magdalena, extramuros, aunque muy próxima, a la ciudad trujillana, donde edificaron un nuevo convento.





Los franciscanos entregaron el convento de la Viciosa y sus pertenencias al conde de Oropesa y Deleitosa, quien envió a su administrador en Belvís y Alcalde Mayor de aquella villa para recibir la casa. Seguidamente, el patrono entregó el convento a los padres Agustinos Recoletos, quienes sí consiguieron del conde que les edificase un nuevo edificio junto al anterior, que quedó abandonado.





Los agustinos lo habitaron hasta la Desamortización general decretada por Juan Álvarez Mendizábal en 1836, y a partir de entonces comenzó su progresivo deterioro.

En la actualidad sólo quedan las ruinas de aquel nuevo cenobio, y una capilla conocida como “de San Pedro de Alcántara”, que se usa como pajar de la finca, y que probablemente fue un eremitorio para recogimiento y penitencia de los franciscanos descalzos originales.

Para visitar este precioso lugar nos dirigimos hacia el cuartel de la Guardia Civil y tomamos la calle que sale justo enfrente del matadero por el camino de Jaraicejo. Un poco más adelante empieza la señalización de esta ruta en el abrevadero para uso ganadero. Transcurridos unos 500 metros el camino se desvía a la derecha entre tapiales de piedra hasta llagar al Valle Gusano y después al Arroyo Pedro García. Seguimos nuestro camino y tras una cuesta empedrada, pero poco pronunciada, alcanzamos la Cañada del Alcalde, que nos recuerda el antiguo trasiego de ganado por esta zona. Aquí abandonamos la ruta y seguimos la señalización que nos lleva al paraje conocido como la Mesa del Arco.




A continuación, seguimos hasta la fuente de la Retuerta, lugar idóneo para un descanso, y a la izquierda dejamos la cancilla de la finca El Cañaveral para cruzar un poco más adelante el Arroyo del Horco y alcanzar el Valle Rocastaño, donde está el Convento San Juan Bautista de la Viciosa.








sábado, 18 de marzo de 2017

ROLLOS Y PICOTAS V. EL ROLLO DE VALDEFUENTES





Algo alejado de mi radio de acción habitual, se encuentra el Rollo de Valdefuentes, que he querido mostraros, AL DETALLE, para completar el monográfico que, sobre los rollos y picotas en los alrededores de Cáceres, estaba haciendo desde meses.


Esta imponente columna de piedra se encuentra en el medio de la plaza, lugar al que fue trasladada en 1968 desde la parte baja de ésta, donde se situaba originalmente. La mandó construir Álvaro de Sande, cuando le compró la villa de Valdefuentes a Felipe II, como parte del agradecimiento por los servicios militares que había ofrecido al reino. Concretamente la venta se firmó el 11 de julio de 1558. De esta forma el rey, que además necesitaba algo de liquidez, se despoja de una villa que había pasado a formar parte de la corona con el desmantelamiento de la Orden de Santiago, a quien pertenecía Valdefuentes en un principio. 


 

Sobre tres gradas circulares se levanta esta imponente columna de cantería labrada, sustentada por una potente basa. El primer tercio del fuste se decora con junquillos que pasan a  ser acanaladuras en los dos tercios restantes. Se remata por un tambor entre molduras convexas en el que destacan tres cabezas de leones con las fauces abiertas. El la bibliografía ser afirma que en uno de los interespacios de este tambor aparece el águila de la casa de los Sande (Solano, 1987. Historia del Señorío de Valdefuentes), pero yo no he logrado encontrarla. A lo largo del fuste observamos restos de la decoración en esgrafiado que poseía y que está perdiendo. No olvidemos la tradición y la importancia de esta técnica en la localidad.




 

Sobre un saledizo, a modo de cornisa, se apoya una desigual pirámide truncada donde descansaba hace años una maltrecha y misteriosa figura de la que algunos dicen que era antropomorfa y otros sostienen que era una lechuza. De una forma o de otra, lo que sí tenían claro en la localidad, es que era una figura alegórica de la muerte. Recientemente ha sido sustituida por un inocente angelote que porta un cuerno de la abundancia. Desconozco el paradero actual de la misteriosa escultura original. 








Lo más probable es que a este precioso rollo de estilo jónico, se le añadiera posteriormente esta deforme pirámide que aparece de forma incoherente con el resto del monumento. A pesar de eso, el conjunto es de gran belleza, y lo que es más importante, ocupa un lugar privilegiado en la localidad, y un lugar, que sin duda, es totalmente merecido.

domingo, 12 de marzo de 2017

CRUCES OCULTAS EN LOS MUROS DE CÁCERES. UN PASEO DE CRUZ EN CRUZ.



Que esta ciudad no deja de sorprender, es algo que llevamos constatando post a post, desde hace casi tres años. Cada rincón, cada calle, casi cada piedra, quiere gritar una historia, esperando que unos ojos curiosos o unos oídos expectantes quieran escucharla. Si nos fijamos, AL DETALLE, nuestros muros están plagados de cruces, en un número que puede sorprender y que se asoman a nuestra vista desde ubicaciones conocidas por todos, pero donde normalmente pasan inadvertidas. Hoy sólo os voy a mostrar algunas de ellas, otras, si no os importa, me las guardo para futuros artículos. En cuanto al origen o el significado… pues se puede decir de todo o nada. Podemos suponer sus funciones, pero en realidad, sólo el que las hizo podría darnos una explicación certera. Veremos una que sacraliza alguna entrada a la ciudad, otras pretendían evitar que algunos rincones se llenaran de basura o excrementos. Otras pueden señalar el lugar donde ocurrió alguna muerte…. Empecemos a recorrer nuestras calles de cruz en cruz:

ARCO DE SANTA ANA


En lo que se conoce en Cáceres como el Postigo de Santa Ana, podemos observar una gran cruz cuya función sería la de sacralizar una de las entradas de la ciudad en alguna época en la que no estuviera presente en su hornacina ninguna imagen religiosa. Recordemos que la que vemos ahora es una obra de Pepe de Arganda, de mediados del siglo XX.





IGLESIA DE SANTIAGO


Junto al alquerque de esta iglesia, que ya os enseñé, una cruz griega de pequeño tamaño. No sabemos si formaría parte de algún Vía Crucis, o era una de esa cruces que se colocaban en las iglesias para evitar que los transeúntes hicieran sus necesidades en sus alrededores.




IGLESIA DE SAN JUAN


Además de las que ya os enseñé en sus puertas, en el ábside, junto a donde durante décadas se situó un kiosco, podemos ver esta cruz.







CALLE DEL MONO


En la Calle del Mono, ya llegando a San Jorge, podemos ver esta preciosa cruz. No podemos saber si marca el lugar donde ocurrió alguna desgracia o muerte luctuosa, porque, aunque no es una cruz tumularia, si se presenta sobre una base, algo que no ocurría en las descritas anteriormente.






CALLE DEL ARCO DE SANTA ANA


En esta estrecha calle se esconden varios DETALLES, pero hoy sólo os mostraré esta pequeña y casi desaparecida cruz, que como en el caso anterior, presenta una base, y a mi parecer, se acerca más a una cruz tumularia que a las que hemos visto en los edificios religiosos. 


Sólo me queda invitaros a usar estar cruces de excusa para recorrer nuestras calles, AL DETALLE

P.D. Quisiera agradecer a mi amigo Pedro Camello que me descubriera la cruz del Arco de Santa Ana.

Más cruces de Cáceres en los siguientes enlace:

TAPIADA PERO MUY CRISTIANA 
CRUCES EN SAN JUAN 
CRUZ TUMULARIA EN LA PLAZA DE LA CONCEPCIÓN 
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