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miércoles, 16 de agosto de 2017

TUERO DE ALDEA DEL CANO 2017


Sé que es complicado de entender. Las tradiciones, los ritos atávicos que nos conectan con lo más profundo de la identidad de un pueblo, no se pueden explicar. Desde fuera quizá sea algo salvaje, atrasado o sin sentido, pero sólo si miramos desde un punto de vista exclusivamente racional, desde la distancia y sin interés por alejarnos de la superficie y adentrarnos en la carga simbólica de estas viejas fiestas. 






En las tribus prerromanas era costumbre mandar a los niños que estaban llegando a la edad adulta, a pasar unos días solos en plena naturaleza. Ahí se enfrentarían con sus miedos, sus limitaciones y con el terrible hecho de estar creciendo. A la vuelta de esa experiencia de supervivencia debían aportar una prueba de su dominio del medio. Esa vieja costumbre, muy cambiada, pero esencialmente igual, se conserva en muchas fiestas de quintos. El algunas zonas estos quintos se acompañan de un macho cabrío, en otros llevan un pino a la plaza, o en el caso de mi pueblo de adopción, Aldea del Cano, lo que los mozos (y ahora también mozas) muestran como prueba de su paso a la edad adulta es lo que aquí llaman Tuero. El Tuero es un tronco de encina seca que es arrancado en el fin de semana más cercano al día día de Santiago. El 15 de agosto lo depositan en la plaza del pueblo donde permanece hasta el 24 de diciembre. Esa tarde de nochebuena se prende fuego y los aldeanos se concentran a su alrededor para felicitarse las fiestas antes de marcharse a cenar con su familia.






Una vez que los quintos y quintas ya han mostrado su supremacía sobre la naturaleza, pueden "pasar la manta". Si se fijan en las imágenes, una chica lleva atada al cuello una manta de rayas, con la que los quintos pedirán a los vecinos que contribuyan para continuar con la fiesta que ya empezó la noche anterior. 




Los tueros se celebran en más pueblos de los llanos de Cáceres aunque con diferentes versiones, lo que nos da idea de la antigüedad verdadera de la fiesta y de los arraigada que está en esta zona cacereña. Sé que muchos pensarán que estas tradiciones son una salvajada del pasado y que deben erradicarse a favor de una vida más urbanita, supuestamente civilizada, mientras compran, comen y beben cualquier guarrada en una franquicia rodeados de contaminación. Para que nadie se alerte hay que aclarar que desde hace ya un tiempo, el Tuero es arrancado con supervisión del SEPRONA, que se asegura de que la encina esté totalmente muerta, y por supuesto, con permiso del dueño de la finca.

También instaría a esos que critican estas fiestas, que ahonden en su significado, en sus símbolos y que entiendan que la mejor manera de saber quienes somos es saber quienes fuimos y de dónde venimos. 

Sólo me queda invitarles a que vengan a Aldea del Cano a disfrutar de esa curiosa estampa que ofrece ese gran tocón de encina, al que aquí llaman Tuero, en mitad de su plaza, frente a la Iglesia de San Martín, y así conocer más de la riqueza cultural que tenemos en esta tierra y que nos estamos empeñando en perder a favor de las contaminaciones invasoras sureñas, que como el Camalote en el Guadiana, están arrasando con lo autóctono, en este caso, con las costumbres, emociones, leyendas y cultura de esta tierra nuestra




martes, 1 de agosto de 2017

CRUZ DE CAL JUNTO A LA CASA MUDÉJAR


Creo que habré empezado decenas de entradas al blog de la misma manera: “habré pasado miles de veces por allí y nunca me había fijado en…” Pues exactamente esto me ha pasado con este DETALLE junto a la Casa Mudéjar. Para ser justos he de reconocer que, si no es por la ayuda de mi amigo, y genial artista cacereño, Pedro Camello, seguiría ignorando esta gran cruz dibujada con cal en la fachada contigua. Esta casa es de mis preferidas de la parte antigua, y junto con el Palacio de Moctezuma, único ejemplo del uso de la fábrica de ladrillo como elemento compositivo en las fachadas, así es que aprovecho para enseñárosla, Al Detalle.


El edificio es de estilo mudéjar toledano, de entre los siglos XIV-XV (según bibliografía). En la parte inferior predomina la mampostería y en la superior el ladrillo, donde destaca la ventana geminada de arcos apuntados-túmidos enmarcada por arrabá. Su parteluz es de granito y el capitel tiene forma de pirámide invertida truncada. Algo más arriba llama la atención una decoración de ladrillos en forma de Zig-Zag.


Justo al lado, en la casa anexa, sobre un portón (donde hace años íbamos a escuchar música en directo) y bajo un precioso escudo de los Ulloa, vemos lo que queda de una gran y tosca cruz dibujada con cal. Para evitar caer en un error y que se trate realmente de una pareidolia, recurro al archivo fotográfico de la ciudad… y en efecto, ahí está.





La foto más antigua que he logrado encontrar es del 1900 y ya aparece junto con otra, que ya no existe, a la izquierda del portón. Las cruces que aparecen pintadas en fachadas de edificios no religiosos no son abundantes en la ciudad. En otras zonas se dibujaban habitualmente en los principales colores primarios blanco y rojo, recordando este último los vítores de la arquitectura culta. Por lo común estas cruces son de buen tamaño y como ocurre, con las que se pintan en las hojas de las puertas, vienen incluso a ocupar toda la mitad superior de la misma. En todo caso, estas cruces parecen cumplir la misma función que las cruces protectoras vegetales clavetean en las puertas y nos permite acercarnos a ciertas prácticas religiosas relacionadas con determinados ritos de paso y de protección de los hogares e incluso a algunos fenómenos de cripto-judaísmo (GITLITZ, 2003; ALPERT, 2001).





No sabemos por qué estaban estas cruces ahí, y nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que una de ellas está desafiando el paso del tiempo y nos permite imaginar las razones que llevaron a los dueños de esa casa a encomendarse a Dios. Antes de que desaparezca os la quería mostrar, Al Detalle.




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
ANÁLISIS Y SIGNIFICADO DE LA CRUZ EN LA CULTURA POPULAR DEL OCCIDENTE SALMANTINO: EL ABADENGO de Pedro Javier Cruz Sánchez

miércoles, 26 de julio de 2017

EL POZO DE LAS MATANZAS. APARICIÓN Y MILAGRO DE LA VIRGEN DE LA LUZ


No sé si alguna vez os habéis fijado con detenimiento en el escudo del cercano pueblo de Arroyo de la Luz. En él parece verse a un cristiano venciendo a un "moro" en medio de un campo. A la izquierda aparece un bloque marrón y un par de cruces. Quizá no sea el escudo más bonito del mundo, pero sí tiene el mérito de hablarnos de tradiciones, de leyendas, o incluso de milagros.

Lo curioso es que ese bloque marrón, que parece no tener demasiado sentido, representa un pozo junto al que se desarrolló la historia que ahora os voy a contar. El pozo sigue resistiendo el paso del tiempo. Descubrí su historia y existencia, como suele pasar, de casualidad, y no pude resistirme a montar en mi bici y fotografiarlo, para contaros esta preciosa leyenda, Al Detalle. 


La historia de este pueblo nos llevaría a hablar de lusitanos, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos. Ya os he hablado en otras ocasiones de las necrópolis y lagaretas que se distribuyen en las inmediaciones de la ermita de la luz, pero hoy me voy centrar en la reconquista. Sabemos que los cristianos toman esta pequeña localidad el mismo año que la capital, en el 1229. Las crónicas no se ponen de acuerdo si fue el mismo día o unos días antes o después. Lo importante es centrarse en la batalla que en el mes de abril de 1229 se estaba librando en las inmediaciones de lo que ahora conocemos como La Dehesa de la Luz. Las tropas de Alfonso IX de León luchaban con fiereza para expulsar a los infieles de estas tierras. La lucha fue intensa, el número de bajas desproporcionado, y el combate equilibrado. Los cristianos resistían, al igual que sus contrincantes, y aquello parecía que nunca iba a acabar. La noche cayó pero la lucha debía proseguir. Los leoneses sabían que sus enemigos conocían mejor el terreno y la zona, y por eso la noche les era contraria. Todo hacía presagiar una derrota dolorosa. Es entonces cuando una figura femenina se aparece sobre una encina cercana al campo de batalla. La mujer comienza a emitir una luz que alumbra a los creyentes y ciega a los impíos. Así los cristianos pueden ver y vencer a los "moros" que son incapaces de soportar la irradiación de aquella aparición.

Es entonces cuando las tropas del Rey Alfonso conquistan aquellas tierras para la cristiandad. Como agradecimiento comienza a realizarse el culto, en una ermita abandonada ya existente y no muy lejana, a aquella señora de Luz, Nuestra Señora de la Luz.

Y alguien me dirá ¿el pozo qué tiene que ver? Según la leyenda, y apoyado por la toponimia, la batalla se produjo en las inmediaciones del pozo. Tal fue la cantidad de bajas en ambos bandos, que las gentes del lugar comenzaron a llamarlo El Pozo de la Matanza, manteniendo ese nombre en la actualidad, y dándonos una pista sobre la veracidad de una pequeña parte del relato que os acabo de contar. El pozo, como os digo, se sitúa en la Dehesa de la Luz, no muy lejos de la ermita. Abandonado y algo escondido, pero con algunas señalizaciones que permiten localizarlo sin problema. 







Junto al Pozo, dos tumbas antropomorfas que seguramente fueron llevadas ahí para usarlas de abrevaderos, ya que se encuentran exentas. O quién sabe... puede ser que sean testigo de la cruenta batalla y la aparición de la Virgen, y las responsables últimas de las dos cruces del escudo de  Arroyo de la Luz, cuyo origen os he querido contar hoy, Al Detalle. 


viernes, 21 de julio de 2017

ALTAR RUPESTRE (INÉDITO) EN MALPARTIDA DE CÁCERES


Un altar es un espacio común a los dioses y a los hombres y forma parte de una percepción simbólica del paisaje. Los altares rupestres, aunque bastante comunes, han sido tradicionalmente apartados de los estudios académicos hasta no hace demasiado tiempo. Eran mirados con desconfianza y escepticismo desde el saber más ortodoxo. Pero ¿qué entendemos como altar rupestre? Podemos delimitar su concepto y decir que un altar rupestre es toda estructura al aire libre, sobre soporte pétreo, y que posee cavidades, cubetas… donde es patente la intervención humana y que no se enmarca en un uso práctico y cotidiano.

Su ubicación no es arbitraria, siguen unos claros patrones marcados por la organización interna del espacio, orientaciones astrológicas o una traducción de una concepción simbólica del entorno.

Para el análisis del altar encontrado me he apoyado en la Tesis de Maria Joao Delgado Correia dos Santos, titulada: Santuarios rupestres de la Hispania indoeuropea, del año 2015. Atendiendo a la clasificación de los mismos que la autora propone, podíamos enmarcarlo en la tipología A.1.2. por la presencia de escalones que permiten el acceso a una, o varias, cubetas de origen natural o artificial en las que se abre un desagüe. El número de escalones más común de esta tipología es tres, como ocurre en este caso, podemos afirmar que su cubeta es de origen artificial por lo preciso de su contorno.

Este tipo de altar, además, se suele situar en una zona ligeramente elevada y con buena visibilidad, y lo que en este caso es muy importante, cerca de un curso de agua. Los altares de la tipología A.1.2. han sido fechados entre la II Edad del Hierro y la época romana, algo que también coincide con lo que se conoce sobre el entorno en el que se ubica, mostrando así, una evolución importante de la concepción simbólica y una especialización cultural.


Hagamos una pequeña descripción del altar:

UBICACIÓN:
Malpartida de Cáceres
372m alt.
Ubicado en medio de la penillanura cacereña.
Orientación 196ºNE

TIPOLOGÍA:
A.1.2.

DESCRIPCIÓN:
Piedra de tipología A.1.2. con tres escalones tallados que llevan a una cubeta circular en la zona superior con desagüe. La roca mide unos 6,16m de longitud, parte a la altura de suelo y se va elevando uniformemente hasta una altura máxima de 1,47m. A una altura de unos 60cm se sitúa el primer escalón orientado en el eje Norte-sur, de unos 25x11 cm. El resto de escalones son ligeramente más pequeños y varían ligeramente su orientación al este-oeste. La cubeta tiene 35 cm. de diámetro con un desagüe orientado al este de una anchura de 18cm.

CONTEXTO:
En las inmediaciones se reparten numerosas tumbas escavadas en granito y son fácilmente apreciables restos de cerámica de construcción de Época Romana.  El altar puede ser encuadrado en el conjunto de los tres altares ya conocidos de La Zafrilla, Las Cuatro Hermanas y Las Trescientas, con los que se encuentra alineado.



Se trata de una zona con una alta connotación simbólica. Destacamos en la zona los paneles con pinturas rupestres de Los Barruecos, y los famosos exvotos dedicados a la diosa ATAECINA (o ADAEGINA) encontrados en 1885. Podemos afirmar que estos cuatro altares formarían un conjunto sacro que, muy posiblemente, estuvieran dedicados a esta deidad prerromana. Esta teoría se sustenta, además, por la presencia de una estela en su honor y que ya os mostré, Al Detalle, y que se encuentra actualmente a poca distancia de allí, en el Lavadero de Lanas de San Miguel.


En estos altares el sacerdote accedería a la zona superior por los escalones para realizar el sacrificio de algunas cabras, posteriormente se realizaría una ablución purificadora aprovechando en arroyo y la fuente cercana, convirtiendo así a la cabra como ofrenda para alcanzar la salvación, purificación…


Existe un excelente libro de mi amigo Francisco Acedo, en el que profundiza en este tema y que desde aquí os recomiendo, aunque sea complicado de adquirir, pero sí disponible en bibliotecas.




En la zona existen otras estructuras pétreas que me llaman la atención, pero que tengo que estudiar con más detenimiento y que ya os mostraré Al Detalle. 


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