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RUINAS DE LA CASA DEL CAMPILLO I.

En mis años de estudiante de biológicas en Badajoz, cuando iba y volvía a casa en el autobús, me llamaban la atención las ruinas de un caserón que marcaba el límite entre la zona de sierra y los llanos y que me anunciaban la pronta llegada a casa. Hace unos días lo  recordé y decidí acercarme a él para ver si podía acceder y disfrutar de su ruinoso encanto. A unos 20km de la ciudad, en la carretera de Badajoz, se levanta esta casa de finales del siglo XIX, con cierto aire colonial, con una vivienda principal de dos plantas, una ermita, una zona para el servicio, así como unas enormes zahúrdas. 


En el zaguán de entrada llaman la atención los azulejos del suelo, una cenefa esgrafiada y una gran escalera de granito sobre la que resaltan dos grandes escudos también esgrafiados. Sobre esta gran estancia se articula el resto de la casa en la que destacan el gran número de chimeneas que debió de tener y que han desaparecido, porque seguramente fuesen de buena factura y cantería de granito.












En el exterior han desaparecido los azulejos que decoraban la parte baja de las ventanas  y balcones, excepto en uno de los laterales, donde podemos disfrutar de ellos y suponer cómo serían en el resto de la fachada. En el lado izquierdo del inmueble hay un precioso porche con moldura ornamental que quiere recordar a los estilos coloniales más típicos de otras zonas.






En las traseras la zona del servicio, con pequeñas estancias con hornacinas en las que los trabajadores vivían al servicio de los inquilinos de la gran casa. 










La decadencia de este tipo de lugar siempre me llamó la atención y sólo pienso en que si en esos años de estudiante hubiera parado a visitarla, hubiera encontrado menos ruina y podría haber disfrutado de más elementos decorativos intactos, pero como eso nunca podré saberlo, prefiero disfrutar del ahora y enseñaros unas fotos de la visita. En un segundo artículo os mostraré la capilla de la finca.




Comentarios

  1. Bonito trabajo. Me ha encantado. Hace años que visité esta finca; tiene un cierto magnetismo y produce mucha nostalgia. Muchas gracias.

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