Ir al contenido principal

LAS CORRALÁS DE TORREQUEMADA

Cuando fui a visitar el interior de la ermita de Nuestra Señora del Salor por primera vez, tuve que hacer un recorrido por el pueblo, y en día de mercado, para encontrar a la señora que me podía dejar la llave para entrar. Al devolvérsela comenzó una interesante conversación en la cocina de su casa, en la que me contó varias historias del pueblo, y lo más importante, me habló de las famosas CORRALÁS. Yo no quería quedar mal, pero no había escuchado en la vida ese nombre, así es que le pregunté y me contó que eran unos pequeños recintos de piedra, situados en la dehesa Boyal o "el prao", donde guardaban los cochinos los vecinos antiguamente. La corralá era cedida por el ayuntamiento de forma verbal y su uso podía heredarse. El vecino se comprometía a mantener las instalaciones acondicionadas, limpias (en la medida de lo posible) y lo más importante: mantener el recinto en buen estado.






Me contaba la buena señora que dejaron de usarse por dos motivos: el primero el que me esperaba, que el cambio de estilo de vida, la migración y el abandono de muchas familias de la costumbre de la matanza, llevó al desuso de las corralás. El segundo motivo era más curioso y consistía en que el tamaño de los cerdos actuales, por culpa de los "piensos esos que le dan ahora a los cochinos", son mucho más grandes que los de antes, por lo tanto no cabían por las pequeñas puertas de entrada a la corralá y fundamentalmente, que el pequeño chozo techado que tenían para que éstos durmieran, se quedó muy pequeño para los actuales y descomunales cerdos. 





Mientras crecían mis ganas por visitar este prado, gracias a la pasión que aquella señora ponía en su relato, apareció por la cocina una chica que debía de ser su hija y que se sumó a la conversación. Ésta me explicó, además, que el gran pintor e hijo adoptivo del pueblo, Juan José Narbón, era un gran defensor y enamorado de las corralás, y que siempre insistió en que no podía comprender cómo un lugar así no era declarado bien de interés cultural. La conversación continuaba mientras una cazuela olía demasiado bien para esas horas (sobre las 14:00h) y que no dejaba de hervir bajo la atenta mirada de la señora que iba y venía a supervisarla, pero sin perder hilo de la charla que tenían con el forastero. La charla acabó con un enorme agradecimiento a todo lo que pude aprender de estas dos mujeres, por regalarme su tiempo y por la amabilidad, aunque me quedé con ganas de probar aquello que hervía a fuego lento en aquella cocina.





Unas semanas después me acerqué con la bici a echar un vistazo a la zona, pero no tenía muy claro cómo encontrar las corralás y decidí preguntar a una señora que sacudía ropa en la puerta de su casa. Me indicó perfectamente cómo llegar así es que fui y descubrí esta joya olvida, un lugar especial con el encanto de la tierra, de la profunda tradición y del olvido. Entusiasmado regresaba a casa con la idea de volver con la cámara de fotos y vídeo para enseñaros este rincón, cuando me volví a encontrar con la señora que me enseñó el camino a la dehesa boyal, y claro, me paré a hablar con ella, con otra señora y un señor que la acompañaban. De aquella conversación nació la nueva búsqueda de un retazo de la historia del pueblo que ya os enseñaré en otro momento. 







Así es que sólo me queda agradecer a la gente del pueblo la amabilidad e invitaros a conocer este recinto. Una sola corralá no impresionaría demasiado, pero el conjunto de casi 300 de ellas te transporta a otro tiempo, a otras maneras de vivir. La dehesa por sí misma merecería la pena, pero con este añadido de piedra se hace aún más interesante. Además se puede disfrutar de la obra de Andrés Talavero,  In memoriam, en homenaje al pintor Juan José Narbón (1927-2005) realizado entre mayo y junio de 2008, un símbolo de diálogo entre dos generaciones, y una invitación a todos los que deseen profundizar en la obra de Narbón mientras pasean al atardecer por el paisaje de las primitivas corralás de Torrequemada que tanto admiró e inspiró al artista. Son dos cilindros de piedra seca con un diámetro cada uno de dos metros y una altura de metro y medio.






Comentarios

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Entradas populares de este blog

LA VERDADERA CASA DEL MIEDO ESTÁ EN SIERRA DE FUENTES

Cuando hace unos meses publiqué la estrada dedicada a la Casa del Miedo de Valdeflores, en Cáceres, un conocido me escribió para señalarme que en Sierra de Fuentes había otra Casa del Miedo. Me indicó la ubicación, y como siempre suelo hacer, me dirigí al Registro Catastral para cerciorarme del Término Municipal y del verdadero nombre de la propiedad. Y me atrevo a afirmar que esta es la verdadera Casa del Miedo porque ese es el nombre que recibe en el Catastro. No sólo es un mote local, sino su verdadera denominación legal. En ese momento la emoción de adentrarme entre sus muros me pudo y a la mañana siguiente me subí a la bici hasta encontrarla. Allí estaba, ruinosa y altiva al mismo tiempo.

Cuando empecé a hacer fotos estaba completamente solo, nadie paseaba por la zona, únicamente escuchaba pasar algún coche por la carretera cercana, muy esporádicamente. Una mezcla de admiración y miedo me invadía, algo que no ocurre siempre, era una sensación de estar acompañado en plena soledad.
I…

LEONCIA, "LA VIEJA DEL PERIÓDICO", AL DETALLE

Todos hemos pasado cientos de veces delante de ella, y seguro que nos hemos hecho alguna foto abrazándola. Quizá hemos quedado con alguien que no conoce bien Cáceres, y le hemos dicho: "quedamos donde la vieja del periódico". Quizá sea la escultura más retratada por los turistas, y seguramente a la que más cariño le tenemos los cacereños.
La vida de Leoncia no fue fácil, y seguro que nunca pensó pasar a la posteridad en su ciudad de acogida, ya que ella nació en Valencia de Alcántara en 1903 y fue abandonada al nacer a las puertas de la Iglesia Parroquial de Rocamador. Pronto la acogió un matrimonio de la localidad y siendo muy pequeña se traslada a Cáceres. Como ocurría en aquella época, siendo una niña la ponen a servir para llevar un sueldo a casa. Entra a trabajar a la casa del conocido abogado Felipe Alvarez de Uribarri, casado con María San José. La casa no estaba lejos del lugar donde ahora podemos ver la escultura de Leoncia. Se situaba la casa de los Álvarez en la Pl…

LA CASA DEL MIEDO DE LAS MINAS DE VALDEFORES

Antes de ser ciclista y buscar de una forma casi incomprensible, las cuestas más empinadas de los alrededores de Cáceres, ya mi abuelo me había hablado de una truculenta historia ocurrida en las Minas de Valdeflores. Todo ocurrió en una casa al final de lo que se le conoce como la Cuesta de la Casa de Miedo, por la que las pedaladas son duras y satisfactorias a la vez. Tras toda la polémica con la posible reapertura de Valdeflores, he estado pateando la zona bastante, y visité hace unos días la misteriosa casa. Al recordar solo vagamente lo que mi abuelo me relató, decidí colgar una foto en al Facebook del blog y preguntar. El resultado ha sido sorprendente: varios de vosotros me habéis contado vuestras versiones de lo que en dicha casa ocurrió. Con todo eso, y lo poco que yo recuerdo, he creado un relato que aúna los puntos coincidentes de todas las versiones recibidas.


En las primeras décadas del siglo pasado se extraía mucho mineral de los túneles de la mina de San José de Valdeflor…