Buscar este blog

lunes, 11 de mayo de 2015

EL AZUQUÉN DE LA VILLETA I. TRES MOMENTOS DE UNA HISTORIA

El artículo de hoy realmente se aleja un poco de la ciudad de Cáceres, pero me atraía tanto el lugar que he querido mostrároslo. En la confluencia de los ríos Almonte y Tozo, en el término municipal de Trujillo se encuentra la finca "Azuquén de la Villeta", en la que se encuentran los restos de los que voy a hablaros hoy. Permitidme, en esta ocasión, que no de detalles demasiado claros de la manera de llegar, ya que lo hice atravesando fincas privadas, con el permiso de los dueños, pero con la promesa de no desvelar el camino utilizado.

Después de una buena caminata, atravesar preciosas dehesas en primavera, bajar desfiladeros, atravesar ríos y subir más desfiladeros, nos topamos con una zona amurallada de casi 2 Km de perímetro delimitando un área de unas 12 hectáreas (mediciones aproximadas realizadas sobre mapa) situada en el espigón que forman la unión de estos dos ríos. La historia de este lugar sorprende tanto como su buen estado de conservación y su total olvido y que podemos resumir en tres grandes e importantes momentos históricos:





ÉPOCA PRERROMANA. CASTRO VILLASVIEJAS 

A finales de la edad del Hierro comienza a aumentar la densidad de población en lo que ahora es Extremadura situándose en las orillas de ríos como el Almonte atraídos por metales de plata y de cobre que aparecen en la zona. El castro que os enseño hoy es de los que se conocen como "ribereños" que se construían en pequeños cabezos o espigones fluviales como el que forma el Tozo en su desembocadura en el Almonte. En estos castros se combinaban la defensa natural que ofrecía un terreno muy escarpado con las defensas propias. Una única franja de terreno los comunicaba con el área circundante donde se reforzaba la muralla al ser la parte más vulnerable del castro. 




Esta zona es rica en este tipo de asentamiento ribereño, no estando demasiado lejos el castro de Santa Ana en Monroy, el de Aguijón de Pantoja, también en el Almonte o el de Castillejo de Santiago del Campo, entre otros muchos. El abandono de estos poblados obedece a diferentes causas. Sin duda una de las razones de su decadencia es la limitación de su propia organización sociopolítica que no les permitía evolucionar hacia formas de estado más desarrolladas. El estancamiento de esta fórmula de organización provoca a largo plazo un proceso de descomposición del propio sistema que no puede ofrecer soluciones "institucionales" y económicas a unas realidades cambiantes y distintas para las que había sido creado. Esta es la situación en la que se encontraban estos poblados cuando Roma hace acto de presencia en el territorio. Roma no es la única causante de la crisis y desaparición del modelo por el que se regían estos poblados. Pero sí es la causante directa de la última fase de su descomposición ya que imprime un fuerte aceleramiento al proceso con su modelo de integración de la élite indígena hacia los centros más romanizados juega un papel importantísimo ya que para estos momentos gran parte de la población o le sigue o queda en total desamparo.

No puedo concretar qué partes de la muralla actual podrían ser restos de esta época, lo que sí es seguro que el trazado y la base de muchas de ellas son del desaparecido, aunque sólo en parte, castro de Villasviejas.

SIGLO X. ASENTAMIENTO BEREBER

Los bereberes llegaron a la actual Extremadura en los primeros momentos de la ocupación por las tropas islámicas desde las poblaciones situadas en el Magreb, aunque la influencia norteafricana en Extremadura no está aún muy estudiada. Según describe la escasa bibliografía, en los primeros años de dominación, la presencia más importante en estas tierras fueron las de las tribus al-Butr, tribus resistentes a la romanización, frente a las Baranis más romanizadas. Se extendían por toda la zona africana del Mediterráneo y el Marruecos Atlántico. 






Ambas tribus se asentaron por la península, fundamentalmente sus ramas étnicas Zanata, Masmuda, Madyuna, Miknasa, Mawwara, Nafza y Gumara. Durante los tres primeros años de la presencia musulmana en el al-Andalus las tropas de Musa y Tariq, en su ascenso por la Vía de la Plata, propiciaron asentamientos bereberes a las orillas de los río principales. Un grupo de la etnia Miknasa (no confundir con la ciudad del mismo nombre situada en la Serena) reaprovechó los restos del poblado prerromano de Villasviejas en el siglo X. Reforzaron los muros que construían con su característica forma de ubicar las piedras locales de pizarra en "espiga" o "espina de pez". Construyeron torreones a modo de contrafuertes en una esplendorosa fortificación de esquisto y barro como argamasa. Además pueden verse desagües perfectamente diseñados y conservados, así como los mechinales sobre los que se iban apoyando y recreciendo la muralla, que llega a alcanzar por su lado exterior hasta los 5 metros de altura. A las fueras, cerca de la zona que serviría de entrada, se sitúa la necrópolis pero que desgraciadamente ofrece poca información ya que los enterramientos se realizaban directamente en la tierra envolviendo el cuerpo en un sudario y sin ajuar. 







En 1195 fue conquistada por las tropas de Alfonso VIII y la villa fue donada el 6 de marzo de ese mismo año a la orden de San Julián de Pereiro (posteriormente de Alcántara) por los servicios de su maestre D. Gómez Fernández en la batalla de Alarcos. La villa no fue del interés de la orden y desde ese momento fue abandonada. 

HUYENDO DE LOS FRANCESES

A comienzos del siglo XIX, cuando en el horizonte comenzaba a atisbarse el conflicto que trastocaría la vida de los españoles, Trujillo se erigía en cabecera de un amplio territorio en el que se entremezclaban diferentes entidades administrativas, tanto de índole civil como militar. De los ocho Partidos que configuraban la Provincia de Extremadura, la ciudad de Trujillo se erigía en cabecera del Partido de Trujillo, la nueva unidad político-administrativa surgida en el siglo XVIII como consecuencia de las reformas acometidas en España por la dinastía borbónica.




Durante la Guerra de Independencia, Trujillo es el ejemplo de un municipio invadido, arrasado y destruido varias veces por unos enemigos que lo ocuparon durante más de once meses a lo largo de toda la guerra. Una parte de la ciudadanía no tuvo más remedio que huir de las tropas napoleónicas y buscar un refugio seguro en las ruinas del Azuquén de la Villeta, donde, por si no tenían suficiente desgracia, fueron asaltados por los bandoleros más temibles de la época: Quesada y Merino. Siendo este lejano momento el último en el que hay documentación sobre la ocupación de este olvidado lugar. 



Si quieres saber más visita:

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Distribución y asentamientos de tribus bereberes (Imazighen) en el territorio emeritense en época emiral (S. VIII-X). Bruno Franco Moreno
EL HABITAT RURAL INDÍGENA EN LA PROVINCIA DE CACERES: PROBLEMÁTICA DE SU ESTUDIO. José Antonio Redondo Rodríguez. Julio Esteban Ortega
http://digitalextremadura.com/not/51182/alquerques-petreos/
http://imagobubo.org/2014/04/27/azuquen-de-la-villeta/
http://www.cronistadetrujillo.com/PDFs/BANDOLERISMO.pdf
http://www.turismotrujillo.com/Trujillo/la-historia/historia-de-trujillo

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...