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martes, 4 de agosto de 2015

EL AZULEJO DEL CONVENTO DE LA CONCEPCIÓN

Hoy os voy a contar la historia del Convento de la Concepción y os mostraré el único resto que nos queda de él a escasos metros de su ubicación original. Si nos fijamos en la fachada del Palacio de la Isla podemos ver un destrozado azulejo donde leemos: "Plazuela del Marqués de la Isla", y sabemos que esa plaza no lleva ese nombre, entonces ¿cuál es el origen de este azulejo? Pues es muy sencillo, en esta plaza hasta mediados del siglo XIX existía un convento, cuyos muros formaban una plazuela con este palacio, y en el que se encontraba este azulejo que pudo librarse de la demolición. 

Os contaré brevemente la historia del convento. En 1604 D. Juan Durán de Figueroa y su mujer Isabel Vaca, dejan en su testamento dicho que en uno de los solares de su propiedad, debe construirse un pequeño convento que deberían ocupar Franciscanas Descalzas. Los encargados de cumplir esta voluntad contratan al arquitecto Antón Arias Díaz al que se le encarga la construcción del edificio, con la condición de seguir las indicaciones estrictas que los benefactores dejaron indicadas en el testamento, como podemos leer en un fragmento del mismo:

“Es condición  que los pilares an de llevar
sus vasas de canterías con molduras…” o “es condición que a de llevar esta dicha portada las puertas de buena madera de pino fuerte y la más limpia que se hallare de arenero de Cuenca…”; u otra de las disposiciones exigía que “…en la puerta principal se an de poner los escudos de tres pies de ancho e quatro y medio de alto de la más fina piedra e mas blanca que se hallare…an de llevar las armas del señor de la fabrica lo diere e an de ser labrados de mano de un buen escultor e an de quedar bien hechos y acabados como requiere para convento…”

Como los responsables del cumplimiento de lo estipulado en el testamento tenían serias dudas de que Antón Arias lo estuviera respetando, en 1609 contratan al placentino Juan Álvarez Rezo, que entre otras muchas cosas fue maestro de obra de la catedral de Salamanca. Este llega a Cáceres y tras un concienzudo estudio determina que no se cumplen las exigencias testamentarias  ante notario y por juramento:

“…el qual comenzó a edificar Antón Arias maestro de obras y por no estar edificado conforme a la traza e condiciones que se avía de obrar e ansi mismo tener recibido el  dicho Antón Arias ocho mil e trezientos y setenta y dos reales de más de lo vale lo que tiene edificado…”

Por ello Antón Arias es encarcelado durante un largo periodo de tiempo, quedando al frente de la obra el propio Juan Álvarez que la termina y el pequeño convento es inaugurado en 1617. Las crónicas nos dicen que en él nunca viven más de diez religiosas debido a su pequeño tamaño.

Poco a poco el convento se va deteriorando y abandonando. En 1843 el ayuntamiento adquiere las ruinas del edificio. Se plantearon en este momento varios usos para el mismo, desde un teatro a un mercado de abastos, pero finalmente triunfa la opción del arquitecto municipal Ignacio María de Michelena de convertirlo en un parque. Entonces se derriban los restos que quedaban, llevándose las tumbas de los benefactores al nuevo cementerio (como ya os conté hace meses en otra entrada) y muchas de sus piedras se utilizan en la construcción de la capilla de este cementerio. 

Ahora llega la parte que más me divierte de toda esta historia, Alguien cuyo nombre no conocemos, tuvo a bien salvar el azulejo que marcaba el nombre de una pequeña plazuela en las traseras del convento, además alguien decidió colocarlo en la fachada del actual palacio de la Isla, y gracias a eso, a pocos metros de su ubicación original, podemos contemplar uno de los pocos restos conservados del Convento de la Concepción de Cáceres. 

3 comentarios:

  1. Estos azulejos son una maravilla y tienen un valor histórico en sí mismos, con su crucecita patada y todo... Desgraciadamente alguien tuvo la brillante idea de sustituir muchos de los que había en la parte antigua por los terriblemente feos e impersonales que hay ahora.

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  2. Toda la razón Pedro. La suma de decisiones desafortunadas le han quitado a la ciudad antigua parte de su encanto. Aquí estamos para disfrutar de lo que nos han dejado. Muchas gracias por comentar! Un saludo Pedro.

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  3. Muy interesante e instructivo como siempre. Un placer

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