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viernes, 30 de octubre de 2015

MOLINO, BUJÍO Y ZAHÚRDAS EN ALDEA DEL CANO

Una vez escuché decir que un adulto es del lugar donde está su madre. Yo desde hace tiempo siento un cariño especial por la localidad de Aldea del Cano, aunque ahora más que nunca, puedo decir que es parte de mí, que lo siento como mi pueblo de adopción. Hace unos días en un paseo en bici por allí decidí desviarme de los caminos de siempre, por los que estoy acostumbrado a transitar, para dirigirme a investigar por los alrededores del río Ayuela. Aquí la naturaleza pasa del llano a la dehesa, de lo seco a la humedad, del amarillo al verde, del ruido de la A-66 al sonido del otoño entre encinas y el canto escandaloso de las grullas, de la prisa esclava del reloj, al lujo de sentarse en una cerca a contemplar el rumor del agua. En definitiva, un viaje de pocos metros que te transporta mucho más allá de lo que esperas.









En el río el esqueleto de un ruinoso molino nos recuerda un pasado perdido, pero que mantiene la intención de recordarnos en cada una de sus piedras lo que hizo y lo que fue.  Quedan restos de la presa que desviaba el agua al molino, quedan en pie las piedras suficientes como para reconstruir en mi cabeza el trabajo de los molineros, el ir y venir de carros con el grano, de las penurias en épocas de sequía o la incertidumbre en épocas de lluvia. Recorro sus piedras con el respeto al mayor, que aún deteriorado, guarda la sabiduría y la experiencia de lo vivido.















Cuando regresaba al pueblo veo a mi izquierda un viejo bujío que en el camino de ida no había advertido. A medida que me acerco siento que lo que voy a ver me emocionará, me sobrecogerá, lo mismo que al acercarse a un cuadro que estás deseando ver, que según te aproximas sientes la emoción de su presencia física, el rubor frente a la belleza, el estremecimiento ante la novedad de una imagen mil veces vista. Junto al bujío unas zahúrdas en buen estado de conservación, al igual que el bohío, que se mantiene en buena forma. La dehesa lo envuelve todo y cobija a un rebaño de ovejas que miran extrañadas a ese intruso con ropa de ciclista y cámara de fotos.





A lo lejos veía  a los corderitos con sus madres que se desplazaban a la vez a distintos puntos del llano, en una coreografía improvisadamente estudiada, de pronto el golpe de una bellota al caer a mi lado me sorprende, y en ese momento el baile cambia de dirección y el rebaño se dirige hacia mí, en realidad a la bellota caída. Esto ocurre constantemente y todas van a buscar una única bellota y esto me hace reflexionar cómo a veces si aplicamos sólo el instinto de supervivencia, o en nuestro caso el del bienestar, nos dejamos arrastrar por la manada, aunque ello conlleve menos probabilidad de éxito que si lo hacemos por libre, porque la compañía nos protege, no arropa con sus excusas y justificaciones, nos consuela al equivocarnos.


Continúo camino, mientras, sigo pensando en estas cosas, me dirijo hacia Torreorgaz, a buscar la Fuente de la Higuera… pero eso os lo contaré AL DETALLE, más adelante…

jueves, 29 de octubre de 2015

DE LA RIBERA DEL MARCO AL CERRO DEL MILANO. Un paseo por el sinclinal de Cáceres.

Os propongo un paseo de dificultad media, de unos catorce kilómetros de corrido circular, por el que viajaremos en el tiempo, desde los mares del carbonífero a las explotaciones mineras del siglo XX, atravesando preciosas dehesas, canteras en activo y otras abandonadas, sorprendiéndonos con un cortino colmenero en perfecto estado de conservación y en uso, y sobre todo, les invito a disfrutar de uno de los paisajes más puros, bellos y desconocidos de los alrededores de la ciudad de Cáceres: la cima del Cerro del Milano.

Parte esta ruta de Fuente Fría, en la cacereña Ribera del Marco. Estamos en pleno calerizo y junto al único flujo de agua continuo de la ciudad. La historia de Cáceres no puede entenderse desligada a la ribera, ya que desde su fundación fue su único abastecimiento de agua junto a los numerosos aljibes. Actualmente está poblada de preciosas huertas que recorremos subiendo desde la fuente por un camino de tierra que termina en uno mayor por el que continuaremos dirigiéndonos a la derecha. Las huertas se nutren de las aguas del manantío conocido como la Fuente del Rey, al que llegaremos si seguimos adelante tomando el sendero siempre de la derecha cuando se nos plantee un cruce de vía. Pronto divisaremos una alta chimenea de ladrillo, de una antigua almazara y que se está reconstruyendo para albergar un Espacio de Creación Joven. Es justo ahí, cuando alcanzamos la chimenea, donde el camino comienza a dirigirnos a la izquierda; una pista asfaltada nos anuncia un tramo de constantes y suaves subidas por la solana de “La Montaña”. Caminamos entre casas de campo y muros de piedra y cuando llevamos algo más de un kilómetro, en lugar de seguir recto, por un precioso olivar, tomamos otra pista asfaltada, que en esta ocasión también se sitúa a la izquierda. Empezamos a tomar altura y perspectiva; poco a poco, sin demasiada dificultad ascendemos disfrutando de las llanuras cacereñas y de la falda de la sierra, plagadas de quejigos, acebuches, madroños, jaras, cantuesos… un espectáculo de la naturaleza a unos minutos del casco urbano.

Hemos comenzado la ruta por la zona más moderna desde el punto de vista geológico, con evidencias incluso cuaternarias, como es el calerizo, que se formó hace unos 300 millones de años, momento en el que nuestras tierras formaban parte de un mar somero y cálido, y en el que la vida era exuberante, lo que permitió el depósito de material calcáreo de origen biótico que formó las calizas y dolomías que hemos pisado a lo largo de la ribera. Según ascendemos vamos viajando atrás en el tiempo, llegando al Ordovícico (unos 450 m.a.), aquí el mar es algo más profundo y nos dejó fósiles como crucianas y skolitos en las pizarras, areniscas, y fundamentalmente las cuarcitas armoricanas que se formaron desde el inicio del Paleozoico.

Según ascendemos atravesando preciosos olivares nos preguntamos por qué al ascender pisamos terrenos más antiguos, cuando estos deberían situarse en las zonas más profundas. La respuesta está en la propia formación del Sinclinal de Cáceres, debido a los esfuerzos tectónicos de la orogenia Hercínica, que ocurrió hace unos 300 m.a., y que creó un plegamiento en forma de cubeta con orientación NO-SE que es lo que hoy conocemos como la Sierra de la Moca. Los materiales elevados  sufrieron gran erosión perdiéndose así los más recientes y dejando en los picos los más antiguos y en el centro de la cubeta, por sedimentación, los más modernos.

Y mientras pensamos en estas cosas llegamos a un cruce desde donde parten tres caminos: uno que parece ser el principal que desciende, otro desdibujado al frente y uno muy empinado y de piedra, a la izquierda, y aunque parezca la peor opción, será la que tomemos por dos razones: continuamos ascendiendo y porque nos permitirá observar dos preciosas canteras con detalle. A los pies de la ladera, en activo, la cantera de Olleta, que al llegar al nivel freático ha formado un gran lago verdoso-azulado en su interior y que ofrece unas imágenes especulares. La otra al final de la cuesta, la cantera abandonada del Portanchito. En ella se obtuvo cuarcita durante décadas y con las que se construyó una buena parte de la ciudad antigua. Además podemos distinguir un filón de caolín (de color blando), y si nos entretenemos podremos encontrar pirolusita o fósiles interesantes (braquiópodos fundamentalmente) y con algo más de suerte, nos toparemos con una familia de meloncillos que suelen salirme al encuentro cada vez que subo. De la entrada de la cantera parte un pequeño camino señalizado a la derecha que nos lleva a una pista asfaltada por la que continuaremos ascendiendo hasta llegar a una casa de campo donde el camino continúa a la izquierda, subiendo al Portanchito (las antenas, como aquí las llamamos) o bajando a la derecha, que es por donde continuaremos. Seguiremos hasta alcanzar la explanada donde si situó el “Sanatorio de tuberculosos” ya demolido, pero del que aún se conservan los cimientos. Fue construido en el año 1930 con el nombre de “Enfermería de Victoria Eugenia”, abandonado en 1950 fue demolido finalmente en el 2001. El olor de los pinos e eucaliptos que lo rodean nos hace tomar una bocanada de aire fresco y puro, como el que venían a disfrutar los pacientes de estas instalaciones, para continuar camino por la carretera que lo atraviesa, en esta ocasión a la izquierda, hacia el interior de sinclinal.

Descendemos unos metros por la carretera y tomamos una pista de tierra que sale a la derecha, cerrada por una cadena al paso de vehículos, pero de libre acceso al caminante. A lo lejos, en lo alto de un pico vemos un pequeño árbol, nos parece inalcanzable, pero si seguimos sin prisa, disfrutando del paisaje llegaremos mucho antes de lo que cabría esperar. Mientras avanzamos por preciosos bosques mediterráneos y con el perfume característico de las jaras, sale una gran pista de tierra a la izquierda, con bastante inclinación, pero asequible a cualquier senderista. Subimos despacio y con paso firme, cada vez ese arbolito se acerca más y nos entran aún más ganas de llegar. Al final de la cuesta, el instinto nos indica que sigamos a la derecha, en busca de la cima. Entre retamas, tomillos y encinas continúa el camino hasta que lo abandonamos en dirección a la izquierda para pronto coronar el cerro. Seguimos ascendiendo y somos guiados por hitos colocados por los caminantes y escaladores que visitan la zona, no hay pérdida, y poco a poco, llegamos a una zona donde el sendero se pierde y sólo nos quedan los hitos y la intuición para guiarnos; sólo restan unos metros entre rocas, y cuando queremos darnos cuenta, estamos junto al arbolito, que ya podemos identificar como un pequeño alcornoque, quizá uno de los que tienen las vistas más privilegiados de los que existen. Y al mirar alrededor uno no puede más que sorprenderse, admirarse y emocionarse por el paisaje. Estamos en lo alto del sinclinal, con una visión excepcional de la penillanura cacereña, tan sobrecogedora que sólo puede hacernos buscar el silencio interior, en un intento de alargar este momento lo más posible, consiguiendo que el tiempo se detenga por unos instantes.








Para el caminante curioso la visita al cerro no acaba más que empezar. La zona no sólo es geológicamente interesante por los espectaculares pliegues de las rocas o las marcas del oleaje del mar que fue (ripples), o por los fósiles que lo pueblan, como enormes crucianas, sino que también es rico en setas en otoño, es interesante por las manchas de bosque mediterráneo que conserva. En una de las escapadas a la zona encontré una pintura rupestre inédita y que está siendo actualmente estudiada por expertos; algunos la consideran un ramiforme incrustado, otros un antropomorfo. Estoy seguro que aún encontraremos más si seguimos mirando AL DETALLE. Pero estas búsquedas quedan a la curiosidad de cada uno, yo propongo acabar el ascenso junto al alcornoque y comenzar la vuelta en ese momento.

Comenzamos el descenso entre cuarcitas bellamente plegadas, grandes crucianas, jaras, cantuesos… y regresamos al punto donde abandonamos la pequeña carretera para tomar el camino que nos trajo a la cima. Cuando la alcanzamos, vamos a la derecha, a lo profundo del valle. Seguimos descendiendo, el paseo ahora es más sencillo. A la izquierda la umbría de “La Montaña”, en lo alto las antenas del Portanchino, y nosotros seguimos descendiendo tomando siempre los caminos de la izquierda hasta que tras una curva nos topamos con una rara construcción, es en realidad un cortino (o cortín) colmenero. Los cortinos son antiguas edificaciones donde se situaban las colmenas para protegerlas de los animales. Casi circular y en pendiente, conserva el sistema escalonado donde aún se depositan las colmenas para que no se tapen unas a las otras. Los cortinos son más comunes en el noroeste de la península, aunque existen otros en la provincia, sobre todo en la zona de las Hurdes, siendo éste el único del término de Cáceres.

Continuamos por el camino que traíamos y que ya no dejaremos hasta llegar a la ciudad, y a pocos metros nos sorprenden los esqueletos de torretas y de edificios abandonados; son las minas de San José de Valdeflores. Explotación minera abandonada en los años 70 del pasado siglo, sirvió como fuente de litio y estaño por ser rica en Ambligonita y Casiterita y si tenemos un poco de paciencia y rebuscamos por la zona podremos contemplar preciosos ejemplares de turquesa. El aspecto actual es desolador, el abandono y la suciedad lo invade todo y debemos extremar el cuidado si decidimos salirnos del camino, porque, aunque cegadas las bocaminas, hay peligro de sufrir algún accidente.

Dejamos las minas atrás y continuamos camino, sin dificultad, sin ramales, y tras varios kilómetros llegamos a la ciudad, a la Ronda Vadillo y nos dirigimos a la izquierda para contemplar la joya de la ciudad: la parte antigua. Las vistas de aquí nos transportan a siglos atrás. Pasamos por Fuente Concejo, una de las fuentes históricas de la ciudad, continuamos para contemplar la Torre de los Pozos, parte de la antigua Alcazaba y en la que se aprecian aún inscripciones almohades originales.

Llegamos al maltrecho puente de San Francisco y reparamos en un viejo pilón casi escondido, que según mis propias investigaciones, alberga un mapa astrológico medieval sobre su viejo caño de agua ya seco. Sin darnos cuenta estamos junto al punto de origen y acaba la ruta por el pasado geológico de la ciudad y en la que hemos podido disfrutar de la flora, la fauna y la arquitectura vernácula de los alrededores de Cáceres, que muchas veces nos pasan desapercibidos, pero que hoy hemos querido mirar AL DETALLE. 





Esta ruta forma parte del libro "Rutas para descubrir Extremadura" presentado en el VI encuentro de blogueros de Extremadura, con el patrocinio de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura.



lunes, 26 de octubre de 2015

EL ARCO DEL CRISTO. UNA POLEA, UNA ALCAYATA Y UNA LEYENDA

Hace unos días os mostraba algunos datos sobre el Arco del Cristo, pero me quedé en el tintero unos DETALLES para hacer esta segunda entrada. Como bien me señalaba Samuel en sus comentarios (autor de Extremadura: caminos de cultura), no había mencionado una serie de clavijas y una pequeña polea que rodean a la hornacina del Cristo. Es un antiguo y simple sistema para subir y bajar el farol que daría luz al cuadro del arco. Pero la duda surgió al preguntarnos por los años que aquello llevaría allí, así es que empecé a buscar imágenes antiguas de esta entrada a la ciudad y la mayoría muestran la cara exterior, pero finalmente pude encontrar algunas que enseñaban el lienzo, en las más modernas ya aparecía este rudimentario sistema de iluminación, hasta llegar a una imagen del año 1915, la más antigua desde ese lado que he podido localizar, en la que ya aparecen la polea (más arriba de lo que está ahora), la argolla y la gran alcayata donde se ataba el cordel del que pendía el farol. Posteriormente la polea se bajó un poco y se colocó sobre ella una lancha de pizarra que protegía a la luz, probablemente de la lluvia. Me conmueven estos pequeño detalles olvidados, que nunca fueron registrados, que pasan desapercibidos a la mirada de todos, pero que aguantan, que resisten el paso del tiempo, con honestidad, sin hacer ruido.




(Si pinchas en la imagen para ampliarla, puede verse el cordel)





Mi abuelo me contaba, que cuando se colocó el cuadro (él no sabía la fecha), dos chicos de buena familia se citaron allí para luchar por el amor de una chica, a un duelo a muerte (unas veces me decía que a pistola, otras a espada...). Antes del amanecer de un domingo de abril, se encontraron bajo el abrigo de la oscuridad de la noche, y con la única iluminación de este pequeño farol. En el momento de comenzar el duelo, el farol se apagaba, ocurriendo esto hasta 7 veces. Cansados ya, y con las luces del alba despuntando, los dos chicos decidieron que el Cristo les estaba diciendo que fuese ella la que eligiera con quien quedarse, y no las armas. Juntos se fueron a ver a la chica y decirle que se someterían a su elección. Cuando llegaron a su casa la vieron salir con otro mozo de la villa, con el que tenía relaciones. En ese momento decidieron que ellos se encargarían de mantener encendida la luz del farol del Arco del Cristo, porque este Jesús crucificado les alertó para que ninguno de ellos perdiera la vida por un amor no correspondido. Desgraciadamente, si la leyenda tiene algo de cierto, no se cumplió, el farol ha desaparecido y se ha iluminado la hornacina desde dentro. Yo desde aquí pido que se vuelva a colocar un farol en su sitio que ilumine el arco, como siempre debió ser. 





Me encanta vivir en una ciudad en la que hasta una alcayata y una pequeña polea, tienen una leyenda que contar.

jueves, 22 de octubre de 2015

ALTARES RUPESTRES EN MALPARTIDA DE CÁCERES I

Llevaba algún tiempo buscando información sobre los altares rupestres en Extremadura y ya quería contaros algo de lo que he podido leer y visitar. Como mis piernas no me permiten irme todo lo lejos que quisiera, como siempre, nos vamos a referir a estos altares en los alrededores de Cáceres, aunque hay muchos más repartidos por nuestra región, como los que mi amigo Jesús, autor del blog Extremos del Duero, ha mostrado recientemente en su web (http://extremosdelduero.blogspot.com.es/2015/10/altares-rupestres.html)

Debido al exagerado academicismo de gran parte de los investigadores, los altares o rocas ritualizadas no han sido estudiadas en profundidad, quizá también, por la dificultad que existe a la hora de interpretar sus funciones y usos. Afortunadamente esto ha cambiado en los últimos años y hay grandes estudios, artículos y tesis que nos introducen en este apasionante mundo. Nos centraremos en dos de los cuatro de los que tengo conocimiento en las proximidades de los Barruecos, pertenecientes al Calcolítico. En esta época la introducción de nuevas tecnologías, avance de cierta siderurgia, y fundamentalmente la apertura comercial, llevan a un aumento de la población, que sale de los abrigos y cuevas y busca emplazamientos más elevados y abiertos que les permiten un control mayor del territorio. Este aumento y concentración de la población llevó también aparejado un avance en la sociabilidad de los grupos poblacionales y el desarrollo y afianzamiento de rituales que, en ningún caso, son de tipo local, sino que se extienden gracias a esos contactos comerciales que se estaban dando en aquella época. Por todo el oeste peninsular, la Bretaña francesa e islas Británicas aparecen altares rituales con numerosas características comunes, en lo que se ha dado por llamar Influencia Cultural Atlántica, que como apuntan los estudios del profesor Almagro-Gorbea, desde finales de la edad del bronce, se extiende el uso de piedras ritualísticas asociadas al culto solar y a otras costumbres “protocélticas” como la de arrojar armas a cuevas o flujos de agua.  Muchos autores las comparan a grandes teatros donde se dirigían las miradas y desde donde se realizaban u observaban rituales y ceremonias que, en ocasiones, integraban sacrificios similares a los que se practicaban en la Hispania Céltica. En muchos de estos altares existen unas piletas en las que algunos aseguran, caía la sangre de la víctima o donde se la cremaría. No se conoce a quién se adorada en ese momento, pero se supone que algunas de las deidades indígenas peninsulares son una continuación temporal de estas.

Hoy os voy a mostrar dos de estos altares que son de muy fácil acceso, uno de ellos, conocido como las “CUATRO HERMANAS” se encuentra en el polígono industrial de Malpartida, en un solar vacío, rodeado de un desguace y de carreteras. El otro, en pleno Monumento Natural de los Barruecos, está asociado al observatorio solar que ya os mostré hace meses.

CUATRO HERMANAS.


Se denomina así porque el conjunto lo forman cuatro grandes bolos graníticos, únicamente uno de ellos se encuentra monumentalizado, el más alejado desde la carretera del polígono, y más cercano a la nacional. Se aprecian unas entalladuras, a modo de escalones, que permiten el acceso a su parte superior en la que existen dos grandes cavidades naturales retalladas con sendos desagües artificiales. La roca es de unos 10 x 17m y unos 5,5m de altura. En la parte noroeste es donde aparecen estas 11 oquedades o escalones que oscilan entre los 12 y 18 cm de diámetro. Gracias a ellos podemos acceder a lo alto del bolo y observar las dos grandes cavidades. En lo alto también se aprecia otro hueco, cuadrangular, más profundo, de origen desconocido.



















La roca se ha estudiado y se ha descartado que tuviera un uso práctico o cotidiano, por lo que se le atribuye una función ritualística, en la que se harían sacrificios y en sus piletas se acumularía sangre que discurriría por los desagües, por ambos flancos de la roca.

“ALTAR” DEL OBSERVATORIO SOLAR



Junto al lugar que se considera un observatorio del paso del tiempo, un reloj del pasado que ayudaba a sacar adelante las cosechas, que hacía al hombre consciente de su temporalidad, justo ahí, existe una gran roca alomada, como poca pendiente y de grandes dimensiones, a modo de gran meseta. Hay varios aspectos de ella que me llaman la atención. La primera es que gran parte de su superficie está cubierta de tierra, algo único en rocas de este tamaño y altura en el entorno. Lo segundo es la presencia de unos escalones que nos favorecen el acceso a la parte superior. Pero lo curioso es que la roca es fácilmente accesible por distintos  puntos y es totalmente innecesaria su presencia para acceder a ella, no como ocurría en el altar de las cuatro hermanas. No aparecen piletas ni desagües, a no ser que estén debajo de la arena. Parece un gran escenario, o un gran graderío de observación.







Justo detrás de la roca con los antropomorfos que son recorridos por la luz en los días del equinoccio, hay una especie de púlpito rocoso en los que he podido fotografíar una serie de oquedades o cazoletas inéditas en la bibliografía, y  que sugieren cierta manipulación humana. Con todos estos ingredientes, y sabiendo que a pocos metros hay otro altar dedicado a sacrificios (que pronto os mostraré), me inclino a pensar en una utilidad distinta de esta plataforma, y que estaría destinada al culto al sol, a la adoración de los astros y que formaría parte de una liturgia distinta, en los que entraba en juego este gran escenario, el sol, los antropomorfos, el púlpito. Un espectáculo que sacralizaría al dios sol, a las estrellas...







Nunca sabremos qué ocurría en estos lugares o a qué dioses se adoraba, pero afortunadamente la mente de los investigadores se abre cada vez más y se plantea estas cuestiones sin rubor, y si a eso le sumamos las sensaciones y un poco de imaginación… nacen historias como estas. 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Santuarios rupestres de la Hispania indoeuropea. Maria Joao Delgado Correia dos Santos.

ALTARES RUPESTRES, PEÑAS SACRAS Y ROCAS CON CAZOLETAS OCHO NUEVOS CASOS ABULENSES Y UNO SALMANTINO PARA LA ESTADÍSTICA, EL DEBATE Y LA REFLEXIÓN. J. FRANCISCO FABIÁN GARCÍA

El COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE SAN JUAN EL ALTO (SANTA CRUZ DE LA SIERRA-CÁCERES). SANTUARIOS RUPESTRES. JOSÉ ANTONIO RAMOS RUBIO - JULIO ESTEBAN ORTEGA - ÓSCAR DE SAN MACARIO SÁNCHEZ

El altar rupestre de La Molineta (Trujillo) y su entorno arqueológico. JULIO ESTEBAN ORTEGA- JOSÉ ANTONIO RAMOS RUBIO,OSCAR DE SAN MACARIO SÁNCHEZ

Noticia de un posible santuario rupestre vettón en Las Hurdes (Cáceres). Saúl Martín González.

EL SANTUARIO RUPESTRE DEL PICO DE SAN GREGORIO, SANTA CRUZ DE LA SIERRA, CÁCERES. Maria João Correia Santos
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