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miércoles, 3 de agosto de 2016

LA ERMITA DEL VAQUERO, AL DETALLE I. LA VIRGEN DE GUADALUPE Y GIL CORDERO




Hace unos días, y gracias a la amabilidad de los miembros de la Asociación Nuestra Señora de Guadalupe del Vaquero de Cáceres, pude conocer AL DETALLE esta pequeña, y muy desconocida, ermita que se sitúa en la cacereñísima calle de Caleros. Gracias a todo lo que hay que contar sobre ella y el presente y futuro de la asociación, comienzo aquí una serie de entradas del blog que pretenden dar a conocer este precioso rincón de la ciudad de la que mayoría de los ciudadanos sólo conocen, y con suerte, su fachada.





La ermita se sitúa en lo que fue la casa de Gil Cordero, el vaquero al que se le presentó la Virgen y al que debemos actualmente la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe y la primera capilla para su adoración que terminaría por convertirse en el imponente monasterio que ahora conocemos. Así es que vamos a comenzar hablando de la leyenda (absolutamente inventada e inverosímil) sobre el origen de la talla:




Según el Códice 555 del Archivo Histórico Nacional (antiguo 48-B) fechado en el siglo XV, la talla es del siglo I y fue obra del mismísimo San Lucas Evangelista al que se le enterró con ella tras su fallecimiento en Acaya. En el siglo IV sus restos se trasladan a Constantinopla donde el emperador Mauricio regaló esta Virgen a San Gregorio Magno (que llegaría a ser Papa en el 590). Al alcanzar el pontificado colocó esta imagen en su oratorio particular, y poco a poco la talla adquirió fama y devoción, incluso fue sacada en procesión haciendo el milagro de mitigar las pestes que asolaban Roma en esos años.

El Papa San Gregorio regala la Virgen a San Isidoro de Sevilla cuando le visita por orden de su hermano San Leandro, así la imagen llega a Sevilla donde es rápidamente venerada. Cuando comienza la invasión musulmana por el sur de la península, un grupo de clérigos sevillanos deciden huir hacia el norte llevándosela consigo para evitar su profanación. Cuando se encuentran en la zona de las Villuercas, por lo encrespado del terreno y el cansancio acumulado, deciden abandonarla enterrándola junto al arroyo Guadalupe y una antigua ermita en ruinas, con la esperanza de volver por ella muy pronto. Como todos sabéis la invasión continuó y aquellos clérigos se llevaron a la tumba el lugar exacto en el que la Virgen fue enterrada. 


En el siglo XIV, entorno al 1326, un vecino de Cáceres, el vaquero Gil Cordero, llevó a guardar su ganado a la localidad de Alía, estando ya cerca de este pueblo, se percató que una de sus mejores reses se había extraviado. Tres días estuvo buscándola, y finalmente la halló muerta junto a un arroyo, el arroyo Guadalupe. Como no presentaba mordeduras o heridas, pensó el vaquero que la vaca habría muerto por envenenamiento, por lo que la carne era inservible, pero no así su piel. Se dispuso a desollarla como se hacía en la época, iniciando el corte haciendo una incisión en el vientre en forma de cruz. Cuando ya la res había sido rajada se puso en pie como si nada, y si este susto no era poco, en ese momento al vaquero se le apareció la Virgen que le dijo (según el códice 10 del siglo XVI):


“No temas que yo soy la Madre de Dios, Salvador del linaje humano; toma tu vaca y llévala al hato con las otras, y vete luego para tu tierra, y dirás a los clérigos lo que has visto y decirles ha de mi parte que te envío yo allá, y que vengan a este lugar donde ahora estás, y que caven donde estaba tu vaca muerta debajo de estas piedras; y hallarán ende una imagen mía. Y cuando la sacaren, diles que no la muden ni lleven de este lugar donde ahora estás; más que hagan una casilla en la que la pongan. Ca tiempo vendrá en que este lugar se haga una iglesia y casa muy notable y pueblo asaz grande”


Siguiendo el mandato de Nuestra Señora, el vaquero parte hacia Cáceres a comunicarles a las autoridades su experiencia y lo expresado por la Madre de Dios. Cuando llega frente al obispo y otros clérigos no le hacen caso y le toman como un loco. Al llegar a casa Gil Cordero encuentra que uno de sus hijos ha muerto, he inspirado por la divinidad, va a buscar al obispo y en su presencia le pide a la Virgen que resucite al pequeño. De inmediato el niño vuelve a la vida y con ello convence a las autoridades de que no miente, que el relato que ha contado es cierto. Se organiza una comitiva que parte inmediatamente hacia las Villuercas y justo donde estaba la vaca de Gil Cordero, y donde la Virgen indicó, comenzaron a escavar, encontrando un sarcófago de mármol blanco que contenía la talla de lo que ahora conocemos como la Virgen de Guadalupe, tomando el nombre del arroyo que discurría a pocos metros. Y en ese momento comenzó uno de los cultos más extendidos por el mundo y la construcción de un pequeño edificio que terminaría convirtiéndose en el monasterio que ahora conocemos.



Pues, aunque la historia es muy atractiva, evidentemente es fruto de la imaginación, y muchas veces, de la intencionalidad del pueblo y de los frailes que habitaban el monasterio. La talla, evidentemente no es del siglo I ni la talló San Lucas Evangelista. Como ya veremos en otro post, la imagen es de estilo románico o protogótico, probablemente de finales del siglo XII. En cuanto a la fecha de 1326, en la que supuestamente ocurren lo hechos es sólo aproximada, porque los primeros testimonios documentales en los que se habla de la primitiva ermita son: el primero, cuando el rey Alfonso XI que, frecuentaba estas tierras, buenas para la caza del oso, en su primera visita, hacia 1330, contempló esta pequeña iglesia en estado ruinoso y mandó ensancharla otorgando varios beneficios y ordenó, además, edificar en sus alrededores hospitales y albergues para peregrinos. El segundo es la concesión de términos de la iglesia de Guadalupe, fechado en 1338.


Y ya para ser totalmente riguroso, aunque más de uno se decepcione, no existe verdadera constancia de que el vaquero se llamara Gil Cordero. Os contaré brevemente cómo surge este nombre. En un códice (número 10) escrito por fray Diego de Écija (que murió en 1534) recoge la fundación del convento, y añade nombre al vaquero por primera vez:

“Fue llamado este vaquero don Gil de Santa María, como parece en un privilegio del rey don Alonso el Onceno...”


El privilegio al que se refiere es el de la concesión de términos de la iglesia de Guadalupe, fechado en 1338 y en el que se menciona a un tal don Gil de Santa María de Guadalupe, posiblemente uno de los artífices que participaron en el mencionado deslinde.


Ya en siglo XVII cuando Juan de Sande y Carvajal funda la ermita del Vaquero, hace indagaciones en los archivos municipales y concluye que el apellido de éste era Cordero. Y es en el códice 12 del actual Archivo guadalupense, titulado Historia de Nuestra Señora de Guadalupe, atribuido a fray Rodrigo de Llerena, escrito en la primera mitad del siglo XVII y completado a finales de éste, donde nombra por primera vez al vaquero como Gil Cordero. Un siglo después, fray Francisco de San José, natural de Campanario, cronista e historiador del Real Monasterio, le da nombre de Gil Cordero y le identifica con Gil de Santa María, tal como recoge su Historia Universal de la Primitiva y Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, impresa en Madrid, en 1743.

Según el libro de José Sendín que aparece en la bibliografía, en 1618 aparece el sepulcro del Vaquero bajo la escalera que lleva a la tribuna del prebisterio que pertenecía al primitivo convento. La verdad es que no he encontrado más referencias a este acontecimientos, ni noticias del paradero actual de los restos de Gil Cordero. 

Así comienza la historia del culto más importante de la Hispanidad, y de la patrona de Extremadura, y así comienza también la historia de la pequeña, humilde y casi desconocida ermita del vaquero, que poco a poco os voy a contar, AL DETALLE.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Leyendas religiosas de Extremadura. José Sendín Blázquez
Nuestra Señora de Guadalupe, de patrona de Extremadura a reina de las Españas. Antonio RAMIRO CHICO
Gil Cordero y la Virgen de Guadalupe. Fray Antonio Corredor García (ilustraciones)

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