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jueves, 25 de febrero de 2016

UN CINCO ESTRELLAS CON PROTECCIÓN DIVINA Y UNA PREGUNTA SIN RESOLVER: ¿DESDE CUÁNDO?

Como cualquier cacereño habré subido cientos de veces por la Calle Ancha para sobrecogerme con la estampa que nos regala cuando desemboca en la Plaza de San Mateo, pero hasta hace muy poco no había reparado en una inscripción en una de las piedras de la fachada del Hotel-Restaurante Atrio, donde claramente podemos leer: JHS AM.



Es muy curiosa la abundancia de estas siglas en la plaza de San Mateo y sus alrededores, pero de eso hablaremos otro día. La AM hace clara referencia a AVE MARÍA, forma muy común de referirse y de ensalzar a la Virgen María, fórmula que vemos en numerosas fachadas del entorno, sin ir muy lejos, en la ermita de la Soledad. JHS es la abreviatura del nombre de Jesús, que en griego se escribía IH∑OY∑ que terminó por reducirse a IH∑ (iota-eta-sigma). Con el paso del tiempo y la latinización, la sigma se sustituye por S y se mantiene la iota y eta por similitud con las letras latinas, quedando el monograma como IHS. Por deformación y desconocimiento, a lo largo de los siglos se le han dado a estas letras significados erróneos que terminaron por cambiar la I (de IESUS) a la J de Jesús. Algunas de estas equivocadas interpretaciones son:

  • Jesús (o Iesus) Hominum Salvator: Jesús Salvador de los hombres
  • Jesús (o Iesus) Hierusalem Salvator: Jesús Salvador de Jerusalén

Pero nada de esto se corresponde con la realidad, el JHS deriva de IHS que es el monograma del nombre de Jesús, ni más ni menos. Este símbolo lleva siglos siendo muy común, gracias a la difusión que le dieron, entre otros, San Bernardo en el siglo XI, San Bernardino entre el XIV-XV, San Vicente Ferrer en siglo XV, pero sobre todo, gracias a San Ignacio de Loyola que lo adoptó como emblema de la compañía de Jesús en 1541, y que actualmente aparece el escudo del Papa Francisco, como Jesuita que es.

Ahora lo que hay que preguntarse sobre esta inscripción en Atrio es: ¿DESDE CUÁNDO? Este edificio, tras muchas polémicas, se terminó en 2010. El proyecto lo firmaron los afamados arquitectos Mansilla y Tuñón y lo que vemos actualmente es una segunda versión, un segundo diseño, porque el original despertó gran rechazo en la sociedad cacereña por ser “demasiado moderno” y “romper con la armonía del entorno”. Así es que se optó por mantener las fachadas originales (alterando la distribución de las ventanas) y hacer la gran intervención en el interior.

Con esto ya sabemos que los muros son los iniciales, ahora sólo hay que saber si la inscripción ya estaba en ella. Consultando fotografías anteriores a la reforma puede distinguirse perfectamente que ambos monogramas ya estaban allí antes de la intervención de Mansilla y Tuñón. Lo curioso es que para muchos cacereños, la parte antigua es una ciudad medieval perfectamente conservada, pero eso es totalmente falso. La casa que tanto se defendió fue levantada de nueva construcción en 1985 por la empresa ABREU como vivienda del arquitecto López de Montenegro. Ésta se hizo sobre unas cuadras de primeros del siglo XX. He buscado fotos de estas cuadras y no encuentro ninguna en la que podamos distinguir si la inscripción estaba ya en ese edificio o se añadió en el 85 con la nueva construcción. Os muestro una foto del estado de este rincón en 1900.



Ahora os pido ayuda, muchos de vosotros tendréis información de la obra de ABREU y/o el origen del monograma, pero sobre todo, información que ayude a responder a la pregunta, que por el momento, queda sin resolver: ¿DESDE CUÁNDO?




P.D. No quisiera que esta entrada se convirtiera en una forma de reabrir la polémica sobre la construcción de Atrio, no es el fin, ni la intención de este blog, sólo os quería mostrar un DETALLE más de la ciudad antigua de Cáceres.

lunes, 22 de febrero de 2016

UNA ISLA DEL PASADO ENTRE DOS CARRETERAS. RUINAS EN LA DEHESA DE CORCHUELA.


A poco más de 4 Km. del centro de Cáceres, encajonadas entre dos carreteras, la A-66 y la EX100 (carretera de Badajoz), encontramos unas interesantes ruinas en la finca de “La Corchuela” (polígono 25, parcela 1780, clase rústica, uso 100% agrario de una extensión de 138304m2, según datos catastrales).

Se distinguen, al menos, tres grandes zahúrdas y dos edificaciones que debieron usarse como vivienda. Uno de ellos conserva el característico banco corrido en la entrada, muy típico en este tipo de construcción rústica. En la zahúrda situada más al norte, hay comederos modernos para alimentar a las vacas que pasean por la zona y que me miran entre asombro y desconfianza. El uso de esta zona está vinculado a la casa a la que pertenece: La Corchuela, situada como a 1,5Km. A medio camino encontramos un precioso pozo que ya os mostré hace meses.












El Palacio de La Corchuela (actualmente en obras y que espero enseñaros pronto) data del siglo XV y durante varios siglos fue un lugar muy próspero. De esta finca habla Boxoyo en su libro escrito en el siglo XVIII:

“La casa de campo llamada Corchuela, dista media legua de Cáceres, bajo de muro de mucha extensión está un Coto con Real Privilegio; es propio de los Cavalleros Golfines de esta Villa; tiene huerta, Olivares, charca con pesca, Conejos, y una hermosa arboleda de Almendros y Acebuches; de éstos últimos se ingieren todos los años mucho número de Olivos, varios espinos en Perales, que con un dilatado plantío de buenas Parras, será dentro de pocos años una posesión muy útil y deliciosa; tiene buena casa con Capilla pública”



De aquellas viejas glorias queda la casa, un olivar… y poco más, pero debió de ser esta zona muy rica y llena de cultivos, ganado… Restos de este esplendor perdido son estas ruinas que hoy os he querido enseñar AL DETALLE.






P.D. El dibujo es un intento no muy acertado de recuperar la afición de dibujar. Prometo seguir practicando


viernes, 19 de febrero de 2016

LAS PURIFICÁS DE MONROY, AL DETALLE

Los dos santos de febrero:
El segundo candelero
Y el tercero gargantero.

En la ciudad de Cáceres, y  su entorno, los días dos y tres de febrero están marcados en rojo en el calendario de las festividades tradicionales, estando profundamente arraigadas las celebraciones de “Las Candelas” y “San Blas”. Hoy os mostraré uno de los rituales que más me emociona y que más tiempo llevo siguiendo: las Purificás. Aunque se celebran en numerosas localidades cercanas, me centraré en su versión monroyega.

La Candelaria o Las Candelas, conmemora la purificación de la Virgen una vez han pasado los cuarenta días del nacimiento del niño Jesús, que según establecía la ley de Moisés, marcaba el fin de la reclusión a la que tenía que someterse toda madre. Durante ese tiempo no debía abandonar el hogar y además tenía prohibida la entrada en el templo al encontrarse “impura”. Pasados esos 40 días se producía la presentación del niño y la purificación de la mujer. Dependiendo del poder adquisitivo de la familia se hacía ese día una ofrenda en la iglesia que podía ir desde un cordero a tórtolas, palomas, o dinero en efectivo. En la letra que ahora analizaremos, se habla de una ofrenda de SICLOS de plata. El siclo era una antigua unidad monetaria, y de peso, usada en Oriente Próximo y Mesopotamia. Esta moneda aparece en numerosas ocasiones en la biblia, como en la venta de la tumba de Sarah a los patriarcas y que Abraham compró a Efrón, o en las 30 monedas que Judas recibió por entregar a Jesús.

A estos elementos de origen judío se añade un elemento más: la vela encendida que porta la Virgen (y las personas que la acompañan en la pequeña procesión). Hay un documento fechado en el siglo XIII donde Santiago de la Vorágine (1230-1298) señala que encender candelas en las fiestas de primeros de febrero responde a una forma de asimilar la tradición pagana:

"Viendo el papa Sergio lo difícil que resultaba apartarlos de semejantes prácticas, tomó la encomiable decisión de dar a la fiesta de las luces un sentido nuevo: consintió que los cristianos tomaran parte en ellas, pero cambiando la intencionalidad que entre los paganos tenían, y dispuso que los cortejos luminosos que los romanos organizaban por aquellos días y habían hecho populares en todas las provincias del Imperio, los fieles lo hicieran el dos de febrero de cada año, más en honor de la Madre de Cristo y en forma de procesiones y llevando en sus manos candelas previamente bendecidas".

La fiesta a la que se hace referencia se celebraba a primeros de febrero para conmemorar la búsqueda que los padres de Proserpina realizaron para encontrar a la diosa que fue raptada por Plutón, en la que se emplearon velas y teas de aceite. Según otros autores hace referencia a una tradición romana que se llevaba a cabo cada cinco años, en la que la ciudad se iluminaba completamente por velas, candelas y teas en honor a la madre de Marte, para que con su poder posibilitar la derrota de los enemigos del imperio. Sea cual sea la fiesta asimilada por la tradición cristiana, diversos autores la fechan en el siglo V d.C., durante el papado de Gelasio I.

Volvamos desde la antigua Roma a Monroy. Actualmente la fiesta comienza con la salida de la Virgen del Templo, en la que el grupo de coros y danzas RECORDANZAS canta y baila “La Jota Cuadrada”. El baile lo realiza un solo cuadro de dos parejas, porque en realidad no hay sitio para mucho más.



Una vez acabada la canción comienza una “miniprocesión” que rodea a la iglesia, donde la Virgen (portando una vela encendida) es acompañada por los vecinos en ese ritual que en otros lugares se conoce como “bendición de los campos”. La tradición dice que si la vela, al regreso al templo, permanece encendida, es presagio de un buen año de cosechas. Una vez terminada la procesión, todo el mundo entra en la iglesia y comienza la eucaristía. Se desarrolla entre el irrespetuoso murmullo de la gente, que con bastante falta de respeto, espera impaciente el inicio del ritual de Las Purificás, que comienza justo en el momento del ofertorio. Hay varios actores intervinientes en este rito:
  • “Portadoras” de la Virgen. Cuatro chicas ataviadas con el mismo atuendo que las que cantarán,, con la única diferencia de llevar en la cabeza la tradicional mantilla de casco en color negro. Su misión es la de sacar la talla en la procesión, acompañar a la Virgen en la entrega del niño al párroco y devolverla al lugar donde la gente le presenta a los niños nacidos en el año anterior.
  • Portadoras y/o portadores de la “Rosca”. Encabezando la comitiva de las cantantes se sitúan varias chicas o chicos que portan una gran rosca de piñonate. Lo curioso de este dulce es que a pesar de llamarse ROSCA no lo es, porque no tiene el característico orificio central, y aunque se llame de piñonate, no lleva piñones. Se realiza con mucho trabajo y esfuerzo con una masa frita en pequeñas unidades unidas con miel. Se adorna de “peladillas” blancas, flores y billetes. La rosca es una ofrenda que algún vecino o familia realiza como manda o promesa, y cuyo valor monetario variará dependiendo de la capacidad del donante, aunque suele llevar una cantidad importante de dinero. Las roscas se sortean mediante la venta de papeletas.
  • Las Cantantes. Las verdaderas protagonistas del día. Son cuatro chicas escogidas por la mayordoma, ataviadas con el traje tradicional con mantón de Manila, refajo bordado en blanco sobre rojo y pañoleta blanca que le cubre la cabeza (a veces sustituido por mantilla o cobija), así como mandil negro bordado, medias blancas y zapatos negros.



El rito de presentación y purificación comienza desde fuera del templo, entre las puertas de los pies de la Iglesia dedicada a Santa Catalina. Es verdaderamente estremecedor el momento en el que comienza a sonar la pandereta, el único instrumento que acompaña a las voces. En ese momento el bullicio se torna en respetuoso silencio para intuir las voces que se escuchan diluidas detrás de la robusta puerta, pero que son capaces de penetrar en lo más profundo de cada uno. Son voces agudas, juveniles pero no infantiles, que alcanzan cada rincón del templo y que nos transportan a otro tiempo, con una melodía con aspecto arcaico modal que se ha mantenido durante siglos. El canto dura más de 15 minutos normalmente, y lo podemos dividir en cinco importantes momentos (a continuación muestro las distintas partes del rito con una selección de coplas que coinciden con las que aparecen en el vídeo, pero suficientes como para entender cada una de estas fases).

1.  Petición de licencia al Párroco y a la Virgen para entrar en el templo e iniciar el ritual. Se canta desde el exterior de la iglesia. El momento de la apertura de puertas es de los más emocionantes de todo el rito.

Dadnos licencia. Señor,
Para entrar en vuestra casa;
Confesaremos tu nombre,
Muy humildes y a tus plantas.

Niño, que estás en los brazos,
Más hermoso que un clavel;
A tu Madre, que nos abra,
La venimos a ofrecer.

*Nótese que por uso, deformación o descuido, la letra que aparece subrayada es incorrecta, perdiendo el verdadero significado de la celebración, ya que no es a la Virgen a la que se ofrece, sino al niño. En localidades cercanas, como Mirabel o Santiago del Campo, se canta otra versión que sí mantiene la coherencia del ritual:
“… di a tu Madre que nos abra,
Que venimos a ofrecer.”
Es en este momento el que se abren las puertas y quienes portan las roscas entran junto a las Purificás.
Y pues nos la concedéis,
Redentor de nuestras almas,
De rodillas por el suelo
Os pedimos vuestra gracia.

2.   Bendición con agua bendita. Las niñas representan la costumbre de considerar a toda mujer en la cuarentena (como la Virgen en esos momentos) como impura, algo que se ha mantenido hasta hace pocas décadas. Como impuras no tenían acceso a la iglesia hasta no ser bendecidas  con agua bendita.

Y para que resplandezca
En nosotras dicha tanta,
Tomemos agua bendita
Para entrar limpias de mancha.

3. Descripción y desarrollo del rito: observancia de la ley de Moisés y el cumplimiento de las profecías del profeta San Simeón.

En la Ley de Moisés
Ninguna mujer entraba
Al Santo Templo de Dios
Sin estar purificada.

Y para entrar en el Templo
La ofrenda que acostumbraba
Era un cordero o paloma,
Con cinco siclos de plata.

A los pobres permitían,
Pues que en todo tiempo se hallan,
Dos tórtolas o palomas,
Lo que la Ley observara.

Presentar en ese Agnus-Dei
Y atender a las palabras
Que dice San Simeón
En la Escritura Sagrada.

4.  Presentación y alabanzas al niño, así como a la Virgen. En este momento se ofrece al niño que porta la imagen de la Virgen al sacerdote por parte de la mayordoma. Éste lo deposita sobre el altar y comienzan las coplas que ensalzan al Niño Dios y a su madre.

Recibirle, sacerdote,
Y mostradle en el altar,
Y admirad que es una ofrenda
De la Reina Celestial.

La muerte de vuestro Hijo
Os la anunció Simeón;
Ese fue el primer cuchillo
Que pasó tu corazón.

Alégrense los mortales,
Muera de rabia el infierno,
Que ya ha ofrecido la Virgen
A Dios y Hombre verdadero.

Bendita seáis. Señora;
Alabada seáis. Reina;
Reverenciada de todos
Los nacidos en la tierra.

5.      Rogativa de bendiciones para el pueblo, la familia y ellas mismas.

A todo este auditorio,
Reina y Madre esclarecida,
Pedimos que con tu Hijo
Alcancéis gracias cumplidas.

Y a nosotras, Virgen Pura,
Con la obediencia debida,
Os pedimos vuestra gloria
En saliendo de esta vida.

En este momento se prolonga el tiempo en el que suena la pandereta, en una interminable y emocionante espera que culmina con unos golpes secos que suponen el fin de la actuación de las cantantes, y  que se acompaña con un clamoroso aplauso como reconocimiento no sólo al esfuerzo de ese momento, sino a la dedicación durante muchas semanas para que un rito arcaico, una tradición atávica que caracteriza el ser y sentir de un pueblo, no caiga en el olvido y que con sus voces nos permitan sobrecogernos y viajar por el tiempo y nuestras emociones.



Desde el blog os invito a disfrutar de esta fiesta todos los días 2 de febrero en la cercana localidad de Monroy, es de esas cosas que habría que vivir, al menos, una vez en la vida.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
LAS FIESTAS DE LAS CANDELAS EN LA PROVINCIA DE CÁCERES. DOMINGUEZ MORENO, José María.
RECUERDO VIVO. Mª Fernanda Sánchez
DANZA Y RITUAL EN EXTREMADURA: Mª Pilar Barrios

domingo, 14 de febrero de 2016

LA FUENTE DEL CORCHO (O EL CORCHITO) AL DETALLE

En el anterior artículo os contaba, AL DETALLE, la historia y fiesta de las lavanderas de Cáceres y os indicaba que una de las fuentes y lavaderos que usaban se situaba en la subida a la Montaña, junto a San Marquino, conocida como La Fuente del Corcho (o del Corchito). Quizá es de las fuentes más desconocidas por los cacereños y ha estado a punto de perderse, pero afortunadamente y gracias a iniciativas como la de la ONG ARBA, pero sobre todo, gracias al trabajo, dinero e ilusión de los vecinos de los barrios próximos es por los que ha sido posible que este rincón recupere parte de su perdido humilde esplendor, y que no haya sucumbido (por ahora) entre el olvido y las zarzas.





Tanto en el cartel de la entrada al recinto, como en la prensa, aparece 1817 como su fecha de construcción, pero a decir verdad, no he encontrado ningún documento ni bibliografía que corrobore este dato, aunque tampoco nada que no lo haga, por lo que lo tomaremos como verdadero. La fuente está como a 300 metros del barrio de San Marquino y se accede a ella por un bonito camino de tierra perfectamente transitable a pie en todo su recorrido. Según nos acercamos llegamos a un pequeño puente que salva un minúsculo cauce de agua, pero suficiente como para dificultar el acceso a la fuente. A su derecha otra fuente de piedra de forma cúbica, con su perímetro pintado de blando, usado por las lavanderas para enjuagar y aclarar las ropas que habían lavado más arriba. Nos vamos acercando y vemos que el paraje está bastante limpio y cuidado, a pesar de estar en mitad del campo. Hay unos bancos para poder sentarse, así como unas estructuras de hormigón, que su supongo que hacen la veces de mesas. El lugar nos evoca al pasado, no puedo evitar el pensar en décadas atrás, en el ir y venir de la gente por agua, en las lavanderas cantando para hacer más llevadero el trabajo, de la quema del pelele el último día de febrero…






Hay un pequeño depósito perfectamente encalado con un cartel con el nombre de la fuente y con un moderno grifo del que aún sale un agua pura y muy fría. Semienterrada se ve aún alguna de las pilas de lavar, donde las mujeres colocaban su “panera” de madera para lavar la ropa y siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo, imagino a aquellas trabajadoras en un día como ese, frío y lluvioso, con las manos metidas en el agua frotando para limpiar la ropa de “sus amas”, y me estremezco con el padecimiento que debieron de sufrir para llevar unas monedas a su casa.








Hasta los años 50-60 mujeres como Lorenza “la gata”, Agustina “la galapera”, de la calle Trujillo o Catalina “la montanchega”, de la calle Tenerías, se arrodillaban a diario en esas pilas, dejaron sus horas y su salud en un lugar que ha estado a punto de perderse. Sus esfuerzos son tan importantes como las batallas del más noble caballero, y su recuerdo merece permanecer en nosotros para que sepamos a dónde ir, sabiendo de dónde venimos. Las instituciones cacereñas dejaron de lado este lugar (como otros) y sólo gracias a la iniciativa de ARBA o vecinos como Martín Pilón o Fulgencio Borrella, podemos disfrutar de este lugar en un estado de conservación más que aceptable. Sirva este post como homenaje a aquellas lavanderas y estas personas que han permitido que su recuerdo perviva a lo largo del tiempo.








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