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sábado, 20 de diciembre de 2014

LA CASA DEL MONO Y SUS LEYENDAS


Hoy os quiero contar unas leyendas cacereñas. Seguro que muchos me dirán que no son así, que a ellos se las contaron de otra forma; pero esa es la gracia de las leyendas. La transmisión oral las hace cambiar en boca de cada una de las personas que las enseñan, así es que yo os contaré la versión que mi abuelo me daba cuando me llevaba de paseo por la parte antigua cuando era pequeño y del que aprendí a amar la ciudad antigua de Cáceres.

Nos tenemos que situar en La Casa del Mono, en la cuesta de Aldana. El edificio, aunque es conocido por todos con ese nombre, realmente se llama casa de Los Pizarro-Espadero. o de Cáceres y los Nidos, a los que pertenecía el solar original. Fue levantada a finales del siglo XV por Gonzalo de Cáceres y Marina Alonso de los Nidos, cuyo matrimonio se celebró sobre  el 1471. Fundaron mayorazgo en el que se incluyó esta casa y construyeron sepulcros en Santa María para enterramiento de ellos y sus descendientes. Al fallecer la última de este linaje Clara de Ribera Cáceres Andrada, sin descendencia, legó la casa junto con otros bienes al Vizconde de Peñaparda de Flores, Pedro José de Ovando y repartió el resto de sus propiedades entre otros Ovandos.



La casa, de no excesivas dimensiones, se encuadra dentro del esquema de las casas-fuerte, con dos torres, desmochadas, flanqueando la fachada principal, siendo el más hermoso y antiguo el arco conopial, filigranas góticas y espléndida portada de medio punto. Sobre ella el blasón familiar, ondulado y con dos leones sosteniéndolo, con rabo entre las piernas y aposentados sobre una banda en la que fácilmente se lee "de ore leonis".




La primera de las leyendas de la casa cuenta que sus propietarios entraron en pleitos con los Durán de la Rocha por alguna propiedad, y que estos Durán consiguieron ganarlo de forma ilícita, y por eso, en venganza, colocaron los leones del escudo de la otra familia con el rabo entre las piernas y la alusión del oficio de difuntos de ore leonis liberanos, Domine (de las fauces del león, líbranos, Señor) como invocación protectora.
Otro aspecto curioso de esta fachada es la presencia de una lápida romana de la que ya os hablé en otro artículo hace ya unos meses. Y también quisiera recalcar que el mono que puede verse actualmente colgando de unas cadenas en una esquina, es un adorno que se añadió hace unos pocos años, que el mono que le da el nombre a la casa se encuentra esculpido en la escalera interior, aunque en la fachada aparece otro mono, como luego  veremos.



Y lo que verdaderamente sorprende de esta casa se encuentra en las alturas, son sus gárgolas. Contaba mi abuelo que tenía que fijarme en los tres personajes que aparecen en ellas: una mujer llorando, un mono con un bebé en los brazos y un anciano mirando a hacia el lado opuesto.

Me contaba, con profundo entusiasmo, que el dueño de la casa, un veterano capitán de grandes ejércitos, se casó con una bella y joven noble de la ciudad. En uno de los viajes que realizaba le trajo a su esposa un curioso modo de entretenimiento; UN MONO. Y aunque esto creo que será mentira, el abuelo siempre me decía que la expresión de "si estás aburrido, cómprate un mono" tenía su origen en esta leyenda.
Seguimos con la historia. A la vuelta de un larguísimo viaje en alguna batalla alrededor del mundo, encontró que su joven amada estaba a punto de dar a luz. Él no dijo nada en el momento, pero una mañana, como la de hoy, de profunda niebla, el bebé con pocos días de edad, apareció muerto frente a la puerta de la casa, había sido arrojado por la ventana que ahora podemos ver. Nadie se atrevió a culpar al viejo capitán de esta muerte, y fue el mono el que cargó con las culpas, achacando esta acción a los celos que la mascota sufría por la llegada del niño. Inmediatamente mandaron ejecutar al monito, y la mujer, sabedora de su inocencia, logró que la condena se quedara sólo en que permaneciera encadenado durante toda su vida, como puede verse esculpido en piedra en la escalera interior de la casa. 
El marido, como escarnio público, y de forma exculpatoria, mandó colocar las gárgolas que aún hoy nos miran desde los alto: UNA MUJER LLORANDO, UN MONO AGARRANDO UN BEBÉ Y UN ANCIANO QUE MIRA HACIA OTRO LADO.



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