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domingo, 29 de enero de 2017

Y LOS PÁJAROS SE POSTRARON A LOS PIES DEL POETA



El lunes 17 de noviembre de 2014 os enseñaba, Al Detalle, la escultura creada por Enrique Pérez Comendador dedicada al poeta salmantino (y casi extremeño) Gabriel y Galán. En esa ocasión os contaba que en las esquinas de la base que sostiene a la figura sedente del escritor, se observaban unos huecos donde, originalmente, se situaban unos pequeños pájaros de bronce, haciendo referencia a las aves que tan recurrentemente aparecen en sus poemas. 



En la mayor parte de la bibliografía se indica que esas aves son la alondra, la perdiz, el búho y el mochuelo. Recientemente he encontrado en el número 1808 de la revista Blanco y Negro, fechada el 10 de febrero de 1926, un artículo donde se narra la inauguración de la escultura  en el paseo de Cánovas, y en la que aparecen  las fotografías de dos de los pájaros de bronce que originalmente el autor colocó en el monumento. La sorpresa fue que uno de ellos era un búho y el otro un águila. Tras la desaparición de las figuras originales, parece que el tiempo se ha encargado de olvidar el recuerdo al águila y en ningún otro lugar aparece alusión alguna a ella, cambiando su figura por la de la alondra o la perdiz. 


Si buceamos en los escritos del poeta encontramos numerosas referencias al águila, aquí presento una pequeña muestra:


LA DEUDA (fragmento)

Almas grandes que pudierais remontaros,

poderosas, mayestáticas, serenas,

por encima de las águilas reales,

a purísimas atmósferas etéreas

donde el oro de las alas no se mancha,

ni oscurecen las pupilas vagas nieblas,

ni desgarran el oído los estrépitos

de los hombres que se hieren y se quejan…



FECUNDIDAD I (fragmento)

Allá, en las cumbres de las sierras hoscas,

allá, en las cimas de las sierras bravas;

en la mansión de las quietudes grandes,

en la región de las silbantes águilas,

donde se borra del vivir la idea,

donde se posa la absoluta calma,

su nido asientan los silencios grandes,

el tiempo pliega sus gigantes alas

y el espíritu atento

siente flotar en derredor la nada…



Hace unos meses, los responsables del consistorio cacereño se comprometieron a restituir estas avecillas. El encargo se realizó al escultor Juan Muro. Lo curioso es que las cuatro aves que ha reproducido son el mochuelo, la alondra, la paloma y la perdiz; ni búho ni águila. A comienzos del 2017 estos cuatro pájaros han vuelto al lugar donde siempre debieron estar, y en el que esperemos que continúen mucho tiempo. El proceso de creación de las figuras lo podemos ver en la siguiente web, de donde he tomado algunas fotos.






Pero como a mí me gusta mirar con más detalle estas cosas, he buscado en las obras de D. Gabriel las referencias a cada una de estas aves. Lo curioso es que el mochuelo sólo se nombra dos veces, y una de ellas en la expresión “colgar un mochuelo”, que en realidad no hace referencia al pájaro. Por el contrario, 3 son las veces que en sus poemas habla del búho. Atendiendo a esto y a la información de la revista Blanco y Negro, podemos afirmar que el pájaro que debería representarse en la esquina izquierda (si miramos de frente al poeta), no es el mochuelo, sino un búho:



MI VAQUERILLO (fragmento)

Una noche solemne de junio,

una noche de junio muy clara…

Los valles dormían,

los búhos cantaban,

sonaba un cencerro;

rumiaban las vacas…,

y una luna de luz amorosa,

presidiendo la atmósfera diáfana,

inundaba los cielos tranquilos

de dulzuras sedantes y cálidas.



ELEGÍA I (fragmento)

¡Son tan medrosas

las noches claras

cuando en los charcos

cantan las ranas,

cuando los búhos

ocultos graznan,

cuando hacen sombra

todas las matas

y se menean

todas las ramas!…



LA MONTAÑA (fragmento)

Y en tus noches ardientes

te arrullaron graznidos estridentes

de búhos en el árbol apostados,

y bramidos dolientes

de ciervos encelados;

y te bañaste en el mar de oro

de las auroras puras,

oyendo el himno del vivir sonoro

del de las aves incontable coro

que habitaba tus densas espesuras…


Si miramos al poeta de frente, a la derecha encontramos a la ALONDRA. Aquí podéis leer algunas de las 34 veces que el autor nombra a este ave en sus poemas.




LA PRIMAVERA (fragmento)
Una alondra feliz del pardo suelo,
fue la primera en presentir al día,
y loca de alegría,
al cielo azul enderezando el vuelo,
contábaselo al campo, que aún dormía.







ADORACIÓN (fragmento)
...palpitaron por valles y colinas.
El coro de los pájaros cantores,
desatando sus lenguas peregrinas,
inundó de armonías el ambiente;
y para el gran concierto que a la aurora
dedicaba la gran Naturaleza,
su aroma dieron las gentiles flores,
el bosque dio su voz, honda y sonora,
la alondra dio cantares,
el rocío del valle dio colores,
el aura dio rumores.





Si miramos las espaldas de poeta, a la izquierda encontramos la PALOMA, que es mencionada un total de 26 veces en sus poemas.

LA VIRGEN DE LA MONTAÑA (fragmento)
Era un día de amarguras cuando yo subí la cuesta
de la alegre montañuela que veía yo a mis pies
desde aquella blanca ermita que asentaron en su cresta
como nidos de palomas en pimpollo de ciprés.
Sube a la mística loma,
que no hay mansión deleitable
más llena de paz amable
 que el nido de una paloma.
                                                
AMOR (fragmento)
Y en las penumbras vanas
de sus místicas cárceles oscuras,
una legión de vírgenes humanas,
blanca bandada de palomas puras,
los ojos elevando a las alturas,
que sus castas miradas atraían,
con plañideras voces temblorosas
cantaban y decían:
—¡Jesús! ¡Jesús!… ¡Te adoran tus esposas!
¡Tus esposas te adoran!… repetían.





Y finalmente nos topamos con la PERDIZ, que aparece un total de 9 veces en los textos de D. Gabriel.




MAÑANAS Y TARDES (fragmento)
Las alondras reposan en sus solaces,
las codornices duermen bajo sus haces,
los lagartos, que salen de su agujero,
cruzan algunas veces por el sendero;
la perdiz a sus hijos, cauta, reclama
bajo la tibia sombra de la retama,
y uniendo sus cabezas abochornadas
dormitan las ovejas en las cañadas.





CASTELLANA (fragmento)
Para que tú te regales,
no dejaré una con vida
veloz liebre en los eriales,
ni esquiva perdiz hundida
del cerro en los matorrales…







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