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miércoles, 12 de julio de 2017

EL POZO DE LOS ENAMORADOS, LA BENEMÉRITA Y DON FERNANDO GARCÍA MORALES.

La historia que hoy os voy a contar, Al Detalle, lleva años guardada en mi particular baúl de los recuerdos. Tengo que confesar hoy, que en gran medida mi vocación, y la razón por la que hago este blog, es por la influencia de Don Fernando García Morales. Le escuchaba embobado de pequeño en sus colaboraciones en la radio, y devoré su libro “Ventanas a la Ciudad” el mismo día de su presentación, a la que pude asistir. Las casualidades de la vida hicieron que, años más tardes, pudiéramos entablar una pequeña relación, no me atrevería a decir de amistad, pero sí lo suficientemente estrecha como para compartir muchas tardes de café en el desaparecido bar Aloha en la Ronda del Carmen. Por esta vinculación mía con el mundo de la música tradicional, de la que ya he hablado últimamente, me instaba a hacer algo que aún no he hecho y que hace poco he recordado que me queda pendiente de cumplir: reescribir y poner música al Romance de los Enamorados de Cáceres.

¿Cuándo recordé mi promesa incumplida? Recientemente alguien ha tenido la feliz idea de recopilar los artículos de Don Fernando en un blog y publicarlos periódicamente en una página de Facebook. Hace poco publicaron su artículo sobre la leyenda de estos malogrados amantes cacereños en estas redes sociales. Concretamente este artículo está fechado en el 18 de junio de 1981, y dice así…


Debe de ser una historia tan bonita como la de los “amantes de Teruel”, pero yo no he llegado a ponerla en pie del todo. me estoy refiriendo a la sucedida en el llamado “Pozo de los enamorados”, casi olvidado hoy, pero no hace mucho tan traído y llevado aun en romances callejeros. sucedió en el propio Cáceres y debió ser a principios de siglo: dos enamorados cacereños a cuyos amores se oponía alguien o algo, no sé si la familia, las diferencias sociales que entonces estaban muy en moda o cualquier otra circunstancia, y que viendo que sus amores no podían terminar con el colofón de novela rosa, los terminaron a la tremenda, o sea, tirándose ambos, unidos por una cinta -dice el romance- al pozo del Cuartillo, que desde entonces se llamó “Pozo de los enamorados” y que fue cantado en coplas y romances de los que sólo he logrado conocer algunos fragmentos porque parece ser que donde más se cantó el romance de los enamorados, que así se llamaba, fue en los pueblos de alrededor de la capital:
Adiós, calle de Pintores
con sus tiendas y boticas,
que voy a tirarme a un pozo
con mi novia margarita...

Así decía una parte del romance, del que deduzco que ella se llamó Margarita, pero ignoro totalmente el nombre de él y las circunstancias familiares de ambos, ni aun el hecho que provocó la muerte conjunta de este Romeo y Julieta cacereños que un buen día decidieron atarse por la cintura y tirarse a un pozo. lo que sí es cierto es que el hecho conmovió a todo Cáceres, que se cantó en romances callejeros y que hasta cuando éramos niños, con cierto misterio, los mayores nos señalaban el pozo del Cuartillo diciéndonos: Mira, ese es el Pozo de los enamorados.
Esta historia que fue hasta legendaria se ha perdido y hoy el pozo, o su brocal está medio tapado por las hierbas, frente a la Universidad Laboral, al otro lado de la carretera y casi en medio de una llanada... así es la fama.
                                                                                           
Sabedor Don Fernando que yo ya conocía la historia, porque he leído ese libro bastantes veces, en una de esas tardes de tertulia, se llevó la mano al bolsillo interior de su abrigo y sacó dos folios perfectamente doblados en cuatro partes y que me entregó una vez los había desplegado con pausadísimo cuidado. Me dijo: “Mira, para que escribas el romance”. Yo no podría creer que me entregara un folio mecanografiado con la versión recogida por Rodríguez Moñino y completada por él mismo. Pero menos podía creer que me entregara una hoja manuscrita que completaba lo que aparecía en su libro y que debió de usar en la radio o en algún otro artículo. Esos documentos los conservo con mucho cariño y los comparto con vosotros, porque en una de las últimas conversaciones que tuvimos antes de su fallecimiento, le dije que tendría guardados muchos secretos e historias sobre Cáceres… y él me contestó que no, que el saber había que compartirlo. Ahora transcribo estos documentos y además los adjunto.

En el manuscrito podemos leer:

Cáceres ha tenido sus enamorados y aquí en lo que hoy es “Campus universitario”; frente a la Universidad Laboral, al otro lado de la carretera de Trujillo, puede verse aún el llamado “pozo de los enamorados”, porque en él ocurrió una tragedia parecida a la de Romeo y Julieta (pero a lo rústico). Debió de ocurrir el casi a principios del pasado siglo y se cantó en romances –a la antigua usanza- por toda España. El romance está recogido en diversas versiones que varían muy poco. El profesor Rodríguez Moñino, recogió y publicó una de estas versiones tomada en el pueblo cereño de Santiago de Carvajo, que varía en algo de la recogida por mí hace ya muchos años, cuando aún en las calles de Cáceres (como la de Caleros) se cantaban estas cosas. No logré recoger el nombre completo de los amantes, ni las familias a las que pertenecían por una lógica de aquel entonces impuesta por la Iglesia Católica: los suicidas –y estos lo eran- quedaban excomulgados, no se les podía enterrar en Campos Santos y las propias familias eran afectadas por esas “------------” o anatema de la Iglesia… de ahí el silencio alrededor de los apellidos y nombres familiares… dicho esto, vamos con el “Romance de los enamorados del Pozo del Cuartillo”


En la hoja mecanografiada podemos leer:

“ROMANCE DEL CUARTILLO Y EL POZO DE LOS AMANTES”
(Versión de la Capital, completada con la de Santiago de Carbajo recogida por Rodríguez Moñino)

El domingo por la tarde
Subieron a la Montaña
A despedirse del mundo
Los dos amantes del alma.
Adiós, calle de Pintores,
Con tus tiendas y boticas,
Que voy a tirarme a un pozo
Con mi novia Margarita.
En la bujarda del pozo
La gargantilla quedó
Y los pendientes de lazo,
La cadena y el reló;
En la bujarda del pozo
Una carta quedó escrita
Con un pañuelo de seda
De su novia Margarita;
En el pozo del Cuartillo
Es preciso echar la llave,
Que no se vuelvan a ahogá
Hijos de tan buenos padres;
En el Pozo del Cuartillo
Con vara y media de agua
Se han ahogado dos amantes
Atados con una faja;
En el Pozo del Cuartillo
Por aquellas estrechuras
Se han ahogado dos amantes
Atados por la cintura.

Don Antonio Rodríguez Moñino recogió la versión de Santiago Carbajo que difiere de esta, que completo yo con las tomadas a oído en la capital cacereña. La de Santiago Carbajo llamada al “Cuartillo” “Cuartujo” ya que supongo desconocía el nombre donde está aún el “pozo de los enamorados”, que se llama “Cuartillo” y no “Cuartujo”; llamaba Mariquita a la enamorada, a la que aquí siempre se ha llamado Margarita y tenía alguna otra diferencia de “menor cuantía”.


Pero la pregunta ahora es ¿dónde está el pozo? ¿Se conserva? He de reconocer que he estado buscándolo infructuosamente durante meses, pero como respuesta en esa publicación en las redes sociales que comentaba antes, mi amigo e historiador Antonio Rodríguez me sacó de dudas: el pozo se encuentra actualmente en el interior de las instalaciones de la Guardia Civil, frente a la Universidad Laboral, concretamente en la zona del aparcamiento. Como es una zona bastante sensible no he querido mostraros fotos por respeto a las instalaciones y sus trabajadores, y fundamentalmente por seguridad. Si subís por la calle que lleva al Residencial Universidad se ve perfectamente el brocal del pozo, donde estos dos amantes perdieron la vida.




Sólo me queda homenajear, de nuevo, a Don Fernando por lo que fue y por cómo fue. Muchos de nosotros seguimos inspirándonos en su forma de decir, de hacer y su forma de ser. 

1 comentario:

  1. Muy interesante... y estos documentos que metes lo hacen más detectivesco todavía. Menuda investigación. Me pregunto de dónde sacas tiempo para tanta cosa.
    Por cierto, que esto de tirar (o tirarse) dos enamorados atados al río o al pozo es tan viejo como la cultura de Mesopotamia. A los adúlteros los ataban y los tiraban al Éufrates.

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