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lunes, 23 de noviembre de 2015

ENTRE VÍAS ROMANAS, DEHESAS, CERROS Y LLANOS. Un recorrido por el paisaje, la historia y la vida de los alrededores de Cáceres.


Publico la segundo artículo con el que participé en el libro "Rutas para descubrir Extremadura" que se  publicó en el marco del VI Encuentro de Blogueros de Extremadura y con la colaboración de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura.

ENTRE VÍAS ROMANAS, DEHESAS, CERROS Y LLANOS 
Un recorrido por el paisaje, la historia y la vida de los alrededores de Cáceres.

La ruta que les propongo para realizar con bicicleta de montaña, tiene una dificultad media y una longitud de unos 50Km; de recorrido circular desde la ciudad de Cáceres, nos permitirá recorrer parte de la Vía de la Plata, conocer el pueblo de colonización de Valdesalor, ver restos prehistóricos, saber más sobre la cultura popular y las tradiciones de Aldea del Cano. Atravesaremos dehesas, pantanos, nos cruzaremos con viejas y nuevas ermitas, recorreremos la Z.I.R (Zona de Interés Regional) de los Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes, pueblo que atravesaremos y desde donde coronaremos el Cerro del Risco, pasando por el centro de conservación de la Naturaleza “Los Hornos” disfrutando de las ruinas de los hornos de cal que le dan nombre, para regresar a Cáceres por un camino que nos sumerge en la más auténtica dehesa sembrada de arquitectura vernácula de gran belleza, hasta alcanzar, de nuevo, la vía de la Plata y completar, así, el recorrido. Aproximadamente unas tres horas de camino entre la historia, la naturaleza, la tradición y el encuentro con nosotros mismos a través de lo que fuimos.

Partimos de la Fuente del Marco, o del Rey, en pleno Calerizo de Cáceres. Los primeros kilómetros nos alejan de la ciudad con la ventaja de aprovechar la perfecta señalización que existe de la Vía de la Plata en todo su recorrido. Llegaremos a las inmediaciones del recinto ferial, atravesaremos en varias ocasiones la vieja N-630, pudiendo disfrutar por el camino de antiguas casa solariegas como la de “El Trasquilón”, mientras descendemos poco a poco hasta la localidad de Valdesalor. Se construyó en 1963 de acuerdo a la colonización de los Planes de Desarrollo de la época de la dictadura franquista. Su fin fue eminentemente agrícola, sirviéndose del aprovechamiento de los regadíos derivados del embalse del Salor, ubicado a 6´5 km del pueblo. A él llegaron 60 colonos procedentes de localidades situadas en un radio entre 30 y 40 km, que recibieron en cada caso 6 hectáreas de cultivo. Por lo tanto, el pueblo como tal tiene el interés que aporta un tipo de arquitectura de colonización, referencia de aquél “desarrollismo” del campo español en la segunda mitad del s. XX. Si seguimos la señalización, sobre el río Salor y a menos de un kilómetro, nos toparemos con el Puente Viejo o Puente Mocha.


Se trata de un puente que combina la sillería y la mampostería, de planta recta y perfil ligeramente alomado por las rampas de acceso que posee. Tiene cinco bóvedas apuntadas de estilo gótico (otras cuatro formando desagües). Todo parece indicar que su origen es romano al situarse sobre la vía XXIV del Itinerario Antonino, pero que ha sido transformado en época medieval, conservando, posiblemente, de su origen únicamente los sillares de las bóvedas centrales. Al atravesarlo nos encontramos un cruce de caminos perfectamente señalizado, a la derecha el “Corredor Natural Cáceres-Badajoz”, con cartelería roja, y a la izquierda continúa la Ruta de la Plata con la señalización que vamos siguiendo desde hace unos 10 Km.

Poco a poco los pastizales se van poblando de arboleda y sin darnos demasiada cuenta estamos recorriendo preciosas dehesas, atravesando viejas fincas que fueron repobladas en la reconquista para la defensa de la frontera sur de la ciudad, junto a los últimos suspiros de la Sierra de San Pedro. Si vamos en el momento oportuno, podremos disfrutar del espectáculo de ver a cientos de grullas (Grus grus) con su característico canto. Tras una ligera cuesta nos vemos atravesando la pista de aterrizaje del aeródromo de la Cervera, por la transitaremos sin problema, siempre con el suficiente cuidado.

Continuamos camino con la sensación de estar recorriendo parte de nuestro pasado, de pisar el sonido de la historia, de estar en un lugar cargado de momentos olvidados. Si nos fijamos a la izquierda, al otro lado de la carretera a la que vamos paralelos gran parte del camino, vemos un ruinoso castillo, el Castillo de Garabato, construido por la familia Blázquez a mediados del siglo XIV. Su silueta desafiando al paso del tiempo nos impresiona, y mientras lo admiramos llegamos al fin de la finca de Garabato, donde encontramos un paso canadiense. Es hora de bajarse de la bicicleta, a esa altura, a unos metros a la izquierda, frente al castillo, y muy cerca de donde estamos, resisten unos ortostatos de un viejo dolmen. Esa estampa me sobrecoge, dos momentos de nuestra historia cara a cara, resistiendo, siendo cómplices del deterioro del otro, enseñándonos una gran lección de fortaleza, de humildad y de perseverancia.

Continuamos camino sintiéndonos parte de un pequeño engranaje temporal y efímero, tan insignificante como fundamental en el paso de los años, y que nos acerca a la tierra y a nosotros mismos en cada pedalada que damos. Sin darnos cuenta hemos llegado a la carreta que lleva a Aldea del Cano, hacia donde nos dirigiremos, abandonando el camino romano para atravesar esta pequeña y encantadora localidad. Llegaremos a su plaza en la que encontraremos (si vamos del 15 de agosto al 24 de diciembre) un gran tocón de encina muerto, tumbado frente al atrio de la iglesia y el ayuntamiento, al que allí conocen como “Tuero”. Es llevado por los quintos del año en la fiesta de la Virgen de Agosto y permanece allí hasta que es quemando la tarde de Nochebuena y junto al que se reúne todo el pueblo a felicitarse las fiesta y cantar villancicos, en una de las celebraciones más entrañables de las que se realizan en los alrededores de Cáceres por esas fechas. Dejamos el tuero atrás, y  a la derecha parte una calle que tomaremos para salir del pueblo por la zona que ellos conocen como “El Callejón de Sagüillo” del que parten dos caminos, uno de frente (sin salida) y otro a la izquierda, por el que continuaremos después de una pequeña parada.


En los primeros metros de este camino, junto a una cochera de cemento, podremos observar una vieja prensa olearia romana, o tardorromana, que fue publicada como tal por primera vez en mi blog y que gracias a eso ha podido ser catalogada oficialmente y tomada en consideración en el pueblo, ya que desconocían su origen y utilidad. Continuamos recto y nos topamos con un gran bolo de granito fracturado y que se sostiene en pie por un pequeño pedúnculo que parece insuficiente para sostenerlo, pero que lo hace desde hace milenios, sobre él nidos de cigüeñas y por eso allí la conocen como “La peña del Nido”.

Seguimos por cómodos y amplios senderos arenosos, hasta un cruce de caminos junto a un minúsculo puente que es tan pequeño como bello, y ahí podemos hacer otra parada, porque aunque de los tres caminos, tomaremos el de enfrente, el que parte a la diestra del puente, vamos a acercarnos a unas casas que se ven a nuestra derecha. Es el poblado de “La Escalera”, un viejo poblado de gañanes ya abandonado y arruinado que nos muestra la forma de vivir de las gentes del campo de hace décadas y nos enseña una lección de vida a poco que tengamos la sensibilidad suficiente de ponernos en la piel de aquellos que habitaron estas pequeñas viviendas.

Y volvemos al camino que salía de frente, a la derecha del pequeño puente, no lo abandonaremos ya hasta llegar a la moderna ermita de San Isidro en la cola del pantano de Valdesalor, para ello habremos disfrutado de un precioso camino entre encinas, jaras y cantuesos. Junto a la ermita un viejo puente, el puente de Torreorgaz. De factura medieval sobre restos romanos, consta de tres arcos principales y dos desagües en el lado izquierdo, y otro en el lado derecho. Tiene un perfil ligeramente alomado. Los aliviaderos izquierdos son, uno de arco de medio punto y otro de arco rebajado, mientras que el derecho es irregular. Las pilas y estribos del puente están realizadas con sillería granítica, mientras que el resto es de mampostería. La plataforma es muy estrecha, siendo de media de 2,2 metros, algo inferior que la anchura habitual del resto de puentes medievales de la zona, que ronda los 3 metros. La superficie es de rollos unidos con mortero añadidos en una reforma reciente. No posee petriles, pero sí una barandilla de hierro de factura actual, colocada para dar seguridad a los peatones que aún lo transitan (y algunos ciclistas como yo que lo preferimos al moderno situado a unos metros).  Está cimentado sobre afloramientos de los esquistos típicos de la zona.




Lo cruzamos y llegamos a la carretera del pantano de Valdesalor, vamos unos metros a la izquierda hasta un cartel que nos indica que tomemos un camino a la derecha para seguir una ruta señalizada que nos llevará directamente a Torreorgaz. Antes de entrar en la localidad, a nuestra izquierda observamos una antigua torre, se trata del “Castillo del Cachorro” en honor a Don Gonzalo de Ulloa y Carvajal, IV Señor de Torreorgaz, más conocido con este sobrenombre, denominándose con tal apodo tanto al castillo como a la dehesa sobre la que se asienta, y como se sigue conociendo hoy día. El castillo y la dehesa fueron dejados en arriendo a finales del siglo XVIII, hasta caer finalmente el inmueble en ruina, utilizado actualmente como cuadra y lugar de refugio de ganadería.

Atravesamos Torreorgaz por sus vía principales hasta alcanzar la EX 206 que cruzaremos hasta llegar al cementerio y a la ermita del Humilladero, de pequeñísimas dimensiones, data del siglo XVIII de estilo popular, realizada de sillería y mampostería, alberga al Cristo, del siglo XVII, de mismo nombre. Desde ahí tomamos el camino de la izquierda que nos llevará directamente a Sierra de Fuentes por un paisaje que en principio no parece demasiado atractivo por lo despoblado y llano, pero de gran importancia, sobre todo ornitológica, por la abundancia en aves esteparias. Es sencillo cruzarse con asustadizas avutardas (Otis tarda), o ver con cierta facilidad ejemplares de Sisón (Otis tetrax), Ortega (Pterocles orientales), Ganga (Pterocles alchata), Canastera (Grareola pratincola), Perdíz (Alectoris rufa), preciosos ejemplares de Aguilucho cenizo (Circus pygargus), Cernícalo primilla (Falco naumanni), Alcaraván (Burhinus oedicnemus), Avefría (Vanellus vanellus), Alcaudón real (Lanius excubitor), Milano real (Milvus milvus), Milano negro (Mivus migrans) o la común Cogujada (Galerida cristata). La zona ZIR de los Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes impresiona por su serena y desconcertante belleza, pero sobre todo, por su riqueza faunística.

Sin darnos cuenta hemos llegado a Sierra de Fuentes por la carretera de Cáceres a la que nos hemos incorporado, bordeamos la localidad por ella y nos toparemos con cartelería que nos anuncia un tramo de subida hasta “El Risco” y el Centro de Conservación de la Naturaleza “Los Hornos”. Tomamos aliento y comenzamos a subir, si nos lo tomamos con paciencia la subida es asequible a cualquiera y podemos optar por coronar el cerro o quedarnos en el centro de la naturaleza, al que iremos siguiendo las indicaciones existentes. Recibe el nombre de unos antiguos hornos de cal que aún se conservan (12 en total), también conocidos como los "Hornos del Tío Pascual", cuyo origen es incierto pero que, según distintas fuentes, pueden corresponderse al siglo XVI cuando la localidad alcanzó una entidad suficiente como para construir su iglesia parroquial, como reflejo de una población notable y con un relativo esplendor económico, aunque los primeros datos sobre el origen del pueblo se remonten al siglo XIV. Estos antiguos hornos de cal están asentados en terrenos de la dehesa Boyal de Sierra de Fuentes, en uno de los collados de la Sierra de la Mosca formado por el cerro del Risco y el cerro del Milano y sobre el camino viejo que une Cáceres con Sierra de fuentes y por el que llevaban el material desde el calerizo cacereño. Si visitamos la zona en primavera podremos toparnos con bellos ejemplares de orquídeas, destacando las "orquídeas abejas" (Ophrys tenthredifinera).




Seguimos por el camino que nos trajo hasta aquí, el que se conoce como “El camino Viejo de Sierra de Fuentes” que nos lleva a través de una preciosa dehesa en actual uso por una gran explotación ganadera bovina que no supone ningún peligro. Nos ofrece preciosas estampas que no difieren demasiado de las que tenían los caleros que llevaban la cal desde la ciudad a los hornos, y nos permite viajar en el tiempo montados en una bicicleta, por un paisaje que nos da paz, y nos habla de la armonía del hombre con el medio natural. Es un estado de respeto mutuo con un ecosistema con influencia antrópica pero sostenible, y en equilibrio dinámico perfectamente coreografiado. Al fondo las antenas del “Portanchito”, a la derecha el “Cerro del Milano” y a los pies del camino casas de campo abandonadas, zahúrdas, bujíos o pozos que nos hablan de un pasado de esplendor perdido; de la historia de trabajadores que mantuvieron estas tierras y que nos han legado un paisaje de extraordinaria belleza.

Seguimos camino hasta alcanzar la cantera de Olleta, desde donde tomamos el camino de la derecha entre imponentes montañas de grabas y arenas de distintos tamaños y colores hasta alcanzar un pequeño camino que sale hacia abajo a nuestra izquierda y que nos lleva por la falda de “La Montaña” por un precioso Olivar, y que nos conduce directamente al punto de partida de nuestra ruta, a la Fuente del Marco o del Rey. Algo cansados terminamos el recorrido asimilando todo lo que hemos visto en apenas 50 Km, restos prehistóricos, romanos, medievales, restos de nuestro pasado agrícola e industrial más reciente, atravesando llanos, dehesas, cerros, y con la sensación de haber viajado en el tiempo, de haber estado en comunión con la naturaleza y con ganas de iniciar otra nueva ruta por los alrededores de una ciudad con tanta historia y con tantos DETALLES por descubrir como es Cáceres. 

Debido a la gran demanda del libro, los organizadores, la fundación Xavier de Salas y la Dirección General de Turismo de la Junta, han decidido hacer una versión en pdf que puede descargarse de forma gratuita en el siguiente enlace:







Esta ruta forma parte del libro "Rutas para descubrir Extremadura" presentado en el VI encuentro de blogueros de Extremadura, con el patrocinio de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura.



2 comentarios:

  1. Buenas
    Enhorabuena por el artículo y por el libro. Pude conseguir un ejemplar en papel y estoy saboreándolo despacito.
    Solo una cosa, el enlace que has colgado no funciona (o no me funciona). El bueno es el siguiente:
    http://www.fundacionxavierdesalas.com/ARCHIVO/actividades/Rutas_para_descubrir_Extremadura_0.pdf?utm_source=hootsuite

    Saludos

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    Respuestas
    1. Buenos días Domingo¡¡¡¡ Muchas gracias por entrar y comentar¡ La verdad es que la ruta es preciosa y muy distinta dependiendo de la época del año en la que se haga. Hay otros puntos de interés por el camino que no pude añadir por no extenderme demasiado, pero los incluiré en otro post. El enlace ya está rectificado, muchas gracias.

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