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CÁCERES, CÁMARA... Y ACCIÓN. PARTE CUATRO. LAS GRANDES SUPERPRODUCCIONES

A mediados de los años ochenta llega a Cáceres la primera gran súperproducción rodada entre sus muros: Los Señores del Acero. Siete años después, el gran Ridley Scott desembarca con un reparto de lujo a rodar parte de 1492: la conquista del paraíso. Son, hasta hoy, los más relevantes largometrajes rodados en Cáceres. Vamos a verlos, Al Detalle.

LOS SEÑORES DEL ACERO


 

El sexo es un elemento crucial de la filmografía de Paul Verhoeven, bien de forma explícita, como en Instinto básico  (una de sus obras más exitosas), Showgirls  (una de sus obras más denostadas) o Elle (recientemente alabada en el festival de Cannes). Los señores del acero dibuja un Renacimiento extremado por las señales iluminadas y por las apetencias de la víscera, en el que la misión ominosa de Martín (Rugter Hauer), mercenario que sobrevive en el caos, y la utopía alcanzada mediante el pecado en la que embarca a su pelotón de desheredados, colisiona frontalmente con el candor de la princesa Agnes (Jennifer Jason Leigh).

La doncella representa aquí un contrapunto conflictivo en el que su inocencia es tan solo un disfraz que oculta un elemento perturbador de mucho mayor calibre: el deseo sexual, una tentación tangible por la que pueden arder compañeros, santos, ciudades, ideales y sueños. Verhoeven, a su gusto, recompone un periodo de brutalidad, miseria y enfermedad, en el que conviven degradadas visiones religiosas con un sentido muy físico de la puesta en escena y de la violencia que contiene el relato. En coherencia con las premisas argumentales del libreto, el cineasta no se detiene en contenciones, puesto que, esta agresividad se extiende especialmente a partir del conflicto con el sexo y se formula, por ejemplo, en violaciones que son batallas grupales y duelos personales.

Esta combinación, estimulada además por un rodaje especialmente tenso –de hecho, propiciaría la ruptura artística entre Verhoeven y Hauer, mantiene la aventura-venganza de Martín y los suyos apegada a la tierra, al barro corrompido por la suciedad y las plagas. Y barniza todo de una mueca grotesca, que se ríe como se reía, irónica y victoriosa, incontestable en la consciencia de su triunfo, la calavera que centraba la atención en las danzas de la muerte que poblaban el imaginario europeo en tiempos de la peste negra.

Cáceres es el escenario elegido para la primera gran batalla de la cinta. La parte alta de la ciudad es el marco donde se desarrola la gran traición que sustentará el resto del argumento de la película. Vemos escenas en la zona del Arco de Santa Ana, un lugar poco frencuentado hasta ese momento en el cine.






Los alrededores de la Casa del Sol, una veterana en esto de los rodajes, se usan frecuentemente. La calle Orellana es usada al derecho y al revés, y siempre termina junto al Palacio del Sol al que se le han añadido una falsa pared, en su conexión con la cuesta de la Compañía, y una reja en su paso al Callejón de la Monja, para convertir este rincón en una zona sin salida.



Los nobles al mando de los mercenarios se atrincheran en la Torre de Sande, despoblada en ese momento de la impresionante yedra que la tapiza actualmente.







La Plaza de San Mateo se convierte en el lugar de celebración de la victoria en la batalla, pero fundamentalmente, por el gran botín obtenido.






La nobleza cambia de opinión y decide arrebatarle a los ganadores de la batalla todo lo saqueado. Para ello los encierran frente a la Casa del Sol y les amenazan con unos imponentes cañones para que no se opongan al cambio de planes.
















No les queda más remedio que rendirese y terminan marchándose a refugiarse a unas ruinas. Estas ruinas no son otras que las del Convento de San Antonio de Padua de Garrovillas de Alconétar.











1492: LA CONQUISTA DEL PARAÍSO




El aventurero Cristóbal Colón (Gerard Depardieu), persuadido de haber descubierto una nueva ruta hacia las Indias, intenta encontrar ayuda para realizar su viaje. Por desgracia, sus detractores retrasan el proyecto, que finalmente llega a oídos de la reina Isabel de Castilla (Sigourney Weaver). Con el apoyo de la soberana, Colón podrá hacerse a la mar y cruzar el océano. La audacia del proyecto tendrá como recompensa el descubrimiento de un Nuevo Mundo.

La película de Scott es un ambicioso proyecto hispano–franco–británico, impulsado durante la conmemoración del Quinto Centenario. El planteamiento del descubrimiento lo estructura Scott como si fuese la llegada a un Nuevo Mundo, efectivamente, pero entendido casi en sentido interplanetario. Es decir, que la mirada que se lanza sobre él es exactamente la misma que podría volcarse sobre el descubrimiento de Marte o Venus, en tanto en cuanto un terrestre posase su planta sobre él. Es más, cuando Colón salta desde la barcaza de desembarco a la playa de San Salvador, la forma en que lo hace es muy similar, como ya han señalado quienes se han ocupado del tema, a como lo hizo el primer astronauta que se posó sobre la Luna, según lo ofreció en su tiempo la televisión a los espectadores en directo. Son los mejores momentos de la película aquellos en los que, a los ojos de los descubridores, todo se les va presentado como inesperado: plantas, animales, la propia atmósfera que envuelve el lugar, y todo ello a pesar de que el paisaje resulte más o menos familiar o semejante a otros del Viejo Mundo. El descubrimiento se plantea como un enfrentamiento entre dos mundos: uno con su realidad de siglos a cuestas, el otro con todas sus potencialidades y posibilidades todavía vírgenes e inexploradas. Al final, como veremos, los dos mundos serán bastante semejantes.

El Colón de Scott es alguien mucho más poliédrico. En la película llega a utilizar la espada, en defensa propia eso sí, pero no es en modo alguno un condottiero al modo de los clásicos florentinos o venecianos. Es más bien un hombre de ciencia, muy apasionado por goniómetros y astrolabios. La interpretación de Depardieu, en un papel que asume con efectividad, trata de dar una imagen relativamente cercana a la del hidalgo manchego: se enfrenta a todo en pos de una idea que, en buena medida, escapa a su propio control (Ridley Scott, Royal Books, Barcelona, 1996).

Cáceres cobra protagonismo en los primeros minutos de la película. Colón llega a la Quinta de la Enjarada donde le esperan Fernando Rey y Juan Diego Boto.









No sólo el exterior de esta casa fue protagonista, sino el interior de una de las cuadras a las que se llenó de frescos y que sirvió de escenario perfecto para buena parte de las escenas del interior de la primera parte de la cinta.








Quizá uno de los momento más emocionantes es el de las ejecuciones que se llevan a cabo en la Plaza de San Jorge que luce, sin el santo, en todo su esplendor.









Las discusiones sobre la posibilidad de alzanzar Las Indias con una ruta hacia el oeste se rodaron en el interior de la Concatedral de Santa María.





Aparece en la película otra de esas preciosas casas situadas en la frontera sur de la ciudad: El Trasquilón. 






Cuando acabamos de despedir el rodaje de La Catedral del Mar, está acabando la versión americana de Romeo y Julieta, y esperamos ansiosos al equipo de Juego de Tronos, os he querido enseñar el rodaje de estas dos grandes superproducciones en nuestra ciudad, Al Detalle.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
https://elcriticoabulico.wordpress.com/2016/07/11/los-senores-del-acero/
http://www.thecult.es/Critica-de-cine/1492-la-conquista-del-paraiso-ridley-scott-1992.html


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