
Las celebraciones alrededor de la fiesta del patrón de los
animales tuvieron muchísima importancia en nuestra ciudad, pero la influencia
no sólo quedaba ahí, sino que incluso eran de uso común refranes muy cacereños
que tenían a San Antón como protagonista. Por ejemplo, incluso aún se escucha:
“Por San Antón la gallinita pon” o “por San Antón toda ave pon” haciendo
referencia a los cambios de celo de las aves y del hecho de que a partir de
estas fechas las gallinas comienzan a poner más huevos que en los meses
anteriores. Existía otro refrán totalmente autóctono, que yo creo perdido, que
decía: “Entre San Antón y Los Mártires no salgas de casa aunque de pan te
hartes”. Que venía a recalcar que los días que van del 17 al 20 de enero son
los más fríos del año, pero otra creencia muy cacereña era que esos días,
aunque de heladas y fríos, no eran días de lluvia, porque San Antón siempre
tuvo en la ciudad fama de codicioso, y no querría en santo que en su fiesta y
la víspera, que eran “días de paseo”, la gente no pudiera ir a la ermita y
aportarle los pertinentes ochavos. También era muy cacereño pasear alrededor de
la ermita con las caballerías, porque así los animales quedaban salvaguardados
de “torzones”.



Pero además había otra tradición interesantísima, ya perdida
y olvidada, que nacía de la cercanía al carnaval y que consistía en que la
gente que vivía en la calle de San Antón y en la de San Pedro, y especialmente
las chicas jóvenes, cosían unas largas tiras de telas de colores a las que les
prendían cascabeles y sonajas. Cuando pasaba algún conocido, o algún chico al
que querían “sorprender”, dejaban caer uno de los extremos de la cinta sobre sus
cabezas, con el consiguiente susto de algo que se viene encima y el ruido de
esas sonajas. Las calles se llenaban de paseantes que bromeaban con las chicas
de las ventanas y las familias, en un acto festivo totalmente singular pero que
desgraciadamente se perdió, incluso de la memoria colectiva.
Todo ese ruido, y risas paraban a las dos de la tarde,
porque a esa hora todo el mundo acudía a la “mesa” en la puerta de la ermita y
que estaba plagada de confites, pasteles, gallinas o palomas que la gente cedía
para la subasta y recolecta a favor del santo, como se sigue haciendo en
innumerables celebraciones. El mayordomo de la cofradía iba realizando la
subasta, mientras que otros miembros de la junta directiva iban vendiendo las
roscas de pan blanco de San Antón. A principios del XIX la puja de la “mesa”
llegó a mayores cuando el coronel Gonzalo de Carvajal y el que fuera alcalde de
la ciudad en 1821, D. Francisco Mostazo, terminaron a puños en la subasta de la
mesa, dando un buen espectáculo y conviertiéndose en la comidilla de la ciudad
durante días. Desde aquello y otros sucesos parecidos, nació en la ciudad el siguiente
dicho: “No hay manjar más caro que carne de tablas y dulces de santos”.
Hasta la década de los 60 del pasado siglo se mantuvo
únicamente la tradición de ir con los animales a que estos fueran bendecidos
tras la misa de la mañana del día 17. El entramado urbanístico creciente hizo
perder la tradición de ir con la caballería hasta el templo y la costumbre
terminó por desaparecer. Desde hace un par de años se ha rescatado esta vieja
tradición y a la salida de las misas de ese día el párroco sale a la calle a
bendecir a los animales, que evidentemente ya no pueden acceder al templo. Hoy
sólo quería recordar que la riqueza cultural tradicional de nuestra ciudad se
va perdiendo poco a poco, sin que nadie, o casi nadie haga nada por, al menos,
recordarla.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Emitas Cacerenses. Alonso Corrales Gaitán
Ventanas a la Ciudad. Fernando García Morales.
Noicias Históricas de Cáceres. Simón Benito Boxoyo
Recuerdos cacereños del siglo XIX. Publio Hurtado
http://www.hoy.es/v/20140116/caceres/agua-bendita-para-mascotas-20140116.html
http://www.hoy.es/caceres/201601/13/juan-bendice-mascotas-domingo-20160113002611-v.html
Su sitio en La Colmena Cultural...en mas info aparece este blog... falta la ubicación.. puedes pinchar en el icono. aparece el mapa de Cáceres y buscas su sitio exacto.
ResponderEliminarhttp://www.lacolmenacultural.com/celdas.php?id_celda=38891
Publio Hurtado en su libro "Recuerdos cacereños del S. XIX" hace alusión a que el día de San Antón se comía el primero de los cuatro buches. Los otros tres eran el día de La Paz, San Blas y las carnestolendas.
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