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jueves, 22 de septiembre de 2016

CÁCERES, CÁMARA Y ACCIÓN. PARTE II. ALAIN DELON Y J.L. BUÑUEL EN CÁCERES.



Continúo con este pequeño monográfico sobre los largometrajes rodados en la ciudad de Cáceres y/o sus alrededores. Esta entrada se centrará en dos películas: El Tulipán Negro (1964) con Alain Delon, y Leonor (1975) dirigida por Juan Luis Buñuel y protagonizada, entre otros, por Ornella Muti.


EL TULIPÁN NEGRO

 

Ligeramente basada en la obra de Dumas, la película se sitúa en la Francia previa a la Revolución, un desconocido enmascarado apodado “el tulipán negro” (una suerte de Zorro francés) ataca y saquea a la nobleza para ayudar a los más desfavorecidos aparentemente. El jefe de policía de Rosellón está convencido de que el sujeto es el conde Guillaume de Saint Preux y le tiende una emboscada donde consigue herirle en una mejilla. Pero, al reunirse toda la nobleza en una fiesta, el supuesto culpable aparece intacto, mientras la clase alta sigue siendo desvalijada de sus pertenencias. ¿Se ha equivocado el jefe de policía o realmente es Guillaume de Saint Preux “el tulipán negro”? En ese caso, ¿cómo se ha librado de la marca en su rostro?

Aunque de forma somera y algo pueril en ocasiones, la película refleja el ambiente y la atmósfera que se cocía y respiraba durante los días previos al estallido de la Revolución Francesa en 1789. Como es sabido, un cúmulo de circunstancias hicieron que la situación en Francia resultase insostenible: una monarquía al borde del desplome más absoluto, la necesidad de ruptura con el Antiguo Régimen, una grave crisis financiera cuya única solución exigía la eliminación de privilegios de la nobleza y del clero, y por supuesto el descontento generalizado de las clases populares hambrientas (lo que se conocía como el Tercer Estado) que exigían un cambio desde la raíz. Era pues lógico que la tensión acumulada explotase tarde o temprano, desembocando en la creación de una Asamblea Nacional Constituyente, así como en el posterior y auténtico estallido de la revuelta cuando la Bastilla de París fue tomada…


“El tulipán negro” es una película bien recreada y simpática, que no provoca ningún quebradero de cabeza al espectador; tan solo hay que limitarse a seguir su ameno desarrollo. Está protagonizada por Alain Delon, un icono del cine europeo reconocido por ser (aunque esto es subjetivo, es cierto que siempre ha sido considerado así) una de las estrellas masculinas más atractivas que ha aparecido en pantalla. A pesar de su participación en films de la talla de “El gatopardo” o “La piscina”, él manifestó en una ocasión públicamente que su angelical belleza jugaba en su contra a la hora de que los directores le considerasen apto para interpretar otro tipo de roles alejados de esa imagen de guapito de cara. No obstante, lo curioso del reparto es que cuenta con la presencia de dos actores españoles (ya que se trata de una singular coproducción entre España, Italia y Francia respectivamente): son Adolfo Marsillach y Laura Valenzuela, quien por cierto aparece en los títulos de crédito como alguien destacada en la cinta y después solo cuenta con unas tres apariciones.



En resumidas cuentas, me resulta interesante porque como dije antes plantea los precedentes de la Revolución de una forma correcta a la par que jocosa, es decir, aborda profundamente los aspectos sociales y políticos del suceso (escuchad atentamente sus diálogos, cargados de acertadas e ingeniosas reflexiones), y a su vez los intercala con duelos de espadas y escenas más propias de la comedia tradicional (algunos personajes son exageradamente ridículos, como el jefe de policía). Es un ejemplo muy recomendable que demuestra que el género histórico puede conjugarse con el cómico sin ningún problema.


Algunas de sus escenas fueron rodadas en la ciudad antigua de Cáceres. Vamos a ver algunas de esas escenas, Al Detalle, para analizar algunos aspectos interesantes de ellas.


El Tulipán Negro vive en nuestro Palacio Episcopal, muy lejos, supuestamente, de la Plaza de Santa María donde se desarrollan otras de las escenas…cosas del cine.


Vemos como Alain Delon llega a caballo a la Plaza de Santa María, donde la protagonista se va a casar con otro. Si nos fijamos en la Puerta de la Concatedral vemos cómo la imagen de la Virgen esculpida por Pepe de Arganda (de la que ya os hablé) aún no está, ya que fue colocada en su sitio unos pocos años después. 


Aunque nos parezca mentira, la famosa escultura de Pérez Comendador de San Pedro de Alcántara en esta ocasión no fue ocultada como ocurrirá en la mayoría de los rodajes. Y si nos fijamos al fondo, lo que ahora en el edificio de Diputación aún conserva la fachada original, antes de ser sustituida con “retales” del demolido Seminario de Galarza.




La Casa de los Golfines de Abajo conserva el lucido imitando a cantería tan característico, hasta no hace demasiado.



Vemos el Palacio de Mayoralgo con un aspecto similar al actual. Remodelado tras el bombardeo del 37, ya no tiene balcones, sino ventanas en la segunda planta.




En la cara este de la torre de Santa María aún vemos la pequeña espadaña que poco después fue eliminada.



La casa de los Moraga ya no está encalada como se veía en El Agua en el Suelo de la que os hablé en la entrada anterior, sino que aparece con un lucido con esgrafiado imitando a cantería como en los Golfines.





En la carrera de huida de Adolfo Marsillach, se entremezclan algunas escenas rodadas en Trujillo, pero podemos ver bien la Cuesta de la Compañía, la Casa de Sande y de lado, la Casa del Sol.









video




LEONOR



Richard es un ocioso señor feudal en la Edad Media que vive en un castillo. Su joven esposa Leonor se encuentra sumamente grave tras sufrir un accidente cayéndose del caballo. Las atenciones del médico llegan demasiado tarde, y Leonor fallece sin remedio. En represalia, Richard mata con su espada al caballo, considerándolo responsable de la tragedia. Es sepultada en una pétrea cripta en lo alto de una colina. A causa de la muerte de la mujer que amaba, Richard queda devastado, no se resigna a haberla perdido para siempre. Pero trata de ahogar sus penas casándose el mismo día de los funerales con otra mujer, la bellísima Catherine. Pese a haber contraído matrimonio con una chica mucho más hermosa (y joven) que su difunta primera esposa, el aristócrata sigue destrozado. Richard trata de ahogar sus penas dedicándose a la bebida, a realizar piruetas con enormes espadas, o haciendo competiciones de pulsos con sus amigotes de la corte. Los años van pasando y Catherine le da dos hijos al ya maduro noble, cuyas melancolías, lejos de curarse con el tiempo, se van haciendo cada vez más dolorosas.

Paralelamente, la peste negra, que ya se ha cobrado numerosas vidas en otras comarcas, amenaza con extenderse también a los dominios de Richard. Pero esto es lo que a él menos le preocupa; pues no puede olvidar a Leonor, la única mujer que ha amado. El gran pesar por su ausencia crece sin cesar. Un día decide profanar la cripta donde yace su primera esposa, tirando abajo los tabiques, para poder así pasar el tiempo al pie de su tumba. Trata incluso de quitar la pesada losa de piedra bajo la cual se halla el cadáver, pero no lo logra. Mientras tanto Catherine, preocupada por su trastornado marido, llega hasta allí acompañada de una doncella y llama varias veces a Richard, pero éste la ignora.

Más tarde, ya fuera de la tumba, Richard se encuentra con un extraño anacoreta cuando sumido en sus cavilaciones pasea en los alrededores de la cripta. El mefistofélico personaje surgido de la nada sugiere tener la capacidad de hacer que Leonor vuelva a la vida, si bien añade que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”. Richard, desesperado por poder volver a tener a su amada junto a sí, ruega al misterioso hombre que le ayude. El noble retorna a la tumba de Leonor, y allí también se encuentra inexplicablemente el enigmático individuo. Éste vuelve a advertir que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”, pero ante la insistencia de Richard, le es concedido su deseo: Leonor regresa del más allá y emerge de su tumba. Se siente fría y no recuerda nada, como si hubiera estado en coma todo ese tiempo. Han pasado diez años desde que murió…


Richard vuelve al castillo. Allí le espera la atribulada Catherine, cuyo padre acaba de morir a causa de la peste negra. La mortal epidemia se acerca cada vez más. A Richard eso no le interesa en absoluto, y le dice a su esposa, madre de sus hijos, que se marche de sus dominios. Ante la estupefacción de Catherine, su marido la apuñala asesinándola, y se deshace del cuerpo tirándolo a un pozo. Tras esto trae a Leonor y comunica a sus súbditos que a partir de ahora ella será su señora. Los que conocían a Leonor de antes, como el fraile Thomas, se quedan atónitos. Richard descuida la educación de sus hijos, y la delega en sus subordinados. Parece no querer ya trato alguno con ellos, pues todo lo que desea es estar junto a la resurrecta Leonor. Pero ésta ha cambiado…


No sólo la peste amenaza a la comarca. También comienzan a desaparecer niños de los pueblos aledaños. Los cadáveres de los pequeños son después hallados desangrados, y pronto se extiende como la pólvora el rumor de que una criatura vampírica merodea por las noches en ese territorio. Leonor ha regresado junto a Richard, tal y como deseaba éste, pero ya no es como era antes… Ha vuelto como muerta viviente, como vampiresa que necesita sangre humana para poder subsistir, llevando una existencia de cadáver andante.


Ésta gótica historia ambientada en el Medioevo retrata el muy romántico. “amor más allá de la muerte”, y conjuga el drama personal del protagonista Richard (quien ha descendido a un abismo de enajenación) con las leyendas populares de vampiros. Cuenta con un reparto internacional: el veterano actor francés Michel Piccoli (“La grande bouffe” – Marco Ferreri, 1973) en el papel del atormentado aristócrata, la noruega Liv Ullman como Leonor, nuestro Antonio Ferrandis (el entrañable Chanquete de “Verano Azul”) dando vida al fraile Thomas, y la hermosísima italiana Ornella Muti como Catherine.


El director Juan Luis Buñuel (nacido en 1934 en Francia, donde realizó toda su carrera cinematográfica) es el hijo del máximo exponente en la gran pantalla del movimiento surrealista. Y destacaremos que la Banda Sonora es del gran Ennio Morricone.


El Castillo en el que se desarrolla la película es el de las Arguijuelas de Arriba. Éste aparece durante toda la película, tanto en sus exteriores como en algunos interiores.









 

El lugar donde se entierra a Leonor, al menos la parte exterior, es el Castillo de Zamarrillas, situado en el despoblado del mismo nombre entre Valdesalor y Torreorgaz. Los interiores de ese castillo ya no pertenecen a él. 





Pronto os enseñaré otras películas rodadas en Cáceres, Al Detalle.

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