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CUANDO EL ARTE SE CONVIERTE EN PAISAJE. ERMITA DEL HUMILLADERO DE TORREORGAZ


Hay lugares que forman parte de nuestro paisaje cotidiano hasta el punto de volverse invisibles. Una fuente junto al camino, una cerca de piedra, un viejo árbol o una pequeña ermita acaban integrándose en nuestra memoria visual como elementos permanentes del entorno. Los vemos una y otra vez, pero rara vez nos detenemos a preguntarnos por su origen, su historia o el significado que tuvieron para quienes los levantaron.

Eso es precisamente lo que me ocurre con la ermita del Humilladero de Torreorgaz. He pasado junto a ella cientos de veces y, aunque siempre me ha llamado la atención su elegante sencillez, nunca me había detenido a conocer su pasado. Hoy vamos a acercarnos a este pequeño edificio para descubrir los escasos datos que conservamos sobre él e intentar interpretar el mensaje que encierra el desgastado escudo que corona su fachada. Además, plantearemos una hipótesis personal acerca de dicho escudo y su posible relación con la historia señorial de Torreorgaz, una teoría que, más allá de su posible acierto o error, me ha servido para profundizar en el conocimiento del antiguo señorío y del posterior marquesado de la villa.

Lo primero que llama la atención es su propia denominación: «Humilladero». Y es lógico preguntarse por qué tantos pueblos de España cuentan con un lugar conocido por ese nombre. El término procede del verbo humillar, entendido en su sentido antiguo de postrarse o inclinarse en actitud de oración. Según la Real Academia Española, un humilladero es un «lugar devoto que suele haber a las entradas o salidas de los pueblos, junto a los caminos, con una cruz o una imagen».


Estos espacios cumplían una función religiosa muy concreta. Eran lugares de recogimiento y oración donde los viajeros podían encomendarse antes de emprender un camino o dar gracias al llegar a su destino. Su origen no está del todo claro. Algunos autores lo relacionan con antiguos hitos o elementos delimitadores del territorio de época prerromana; otros consideran que evolucionaron a partir de los miliarios romanos que, tras la cristianización, fueron coronados por cruces. Con el paso del tiempo, aquellas sencillas cruces dieron lugar a cruceros monumentales que se popularizaron durante la Edad Media y que contribuyeron a sacralizar caminos y accesos a las poblaciones.

Entre los siglos XIV y XVI, muchos de estos humilladeros comenzaron a transformarse. Las cruces aisladas fueron sustituidas por pequeños templetes destinados a proteger imágenes religiosas, generalmente de Cristo o de la Virgen. Posteriormente, esos modestos edificios evolucionaron hacia capillas y ermitas de reducidas dimensiones, como la que encontramos en Torreorgaz. Algunos historiadores vinculan esta transformación al impulso que recibió el culto a las imágenes durante la Contrarreforma, favoreciendo la sustitución progresiva de las cruces por esculturas y devociones protegidas primero por templetes y después por construcciones permanentes.

En cuanto a la ermita del Humilladero de Torreorgaz, la información disponible es escasa. Existe una página web que, sin aportar documentación alguna, sitúa su construcción en 1634 y la vincula a una supuesta cofradía de la Vera Cruz, afirmando además que la imagen titular habría sido una Virgen. Sin embargo, esta interpretación presenta evidentes problemas, ya que la advocación tradicional del edificio siempre estuvo vinculada a un Cristo. Pese a ello, el dato ha sido reproducido por diversas publicaciones, contribuyendo a difundir una información que carece de respaldo documental conocido.

Los pocos datos de cierta solvencia que poseemos proceden, además de las referencias recogidas en el Diccionario de Madoz, de los trabajos de José Antonio Ramos Rubio y Óscar de San Macario Sánchez publicados en la revista Grada. A falta de documentación concluyente, y considerando la trayectoria investigadora de ambos autores, tomaremos sus aportaciones como la referencia más fiable disponible.


Según estos estudios, la ermita sería una construcción rural fechable en el siglo XVIII y respondería a las características propias del barroco popular español. Se trata de un pequeño edificio de planta rectangular, levantado en mampostería posteriormente revocada y encalada. La piedra de cantería aparece reservada para las esquinas y algunos elementos ornamentales. El espacio interior se cubre mediante una bóveda, mientras que el exterior se remata con un tejado a cuatro aguas cubierto de teja árabe. En la fachada principal destaca un sencillo pórtico pétreo que protege la entrada. La puerta actual es de factura reciente y el estado general de conservación del inmueble puede considerarse bueno.

Sin embargo, el elemento más interesante de la fachada se encuentra sobre el pórtico. Allí aparece un escudo heráldico muy erosionado por el paso del tiempo. A simple vista todavía es posible identificar con relativa claridad, en uno de sus cuarteles, las armas de los Carvajal. Tras observar distintas fotografías y realizar varios ajustes de contraste, me parece distinguir en otro de los cuarteles elementos que podrían corresponder al linaje de los Ulloa. Partiendo de esta hipótesis, trataremos de averiguar si la presencia conjunta de ambos escudos tiene sentido dentro de la historia de la ermita y de los antiguos señores de Torreorgaz.


El señorío de Torreorgaz: el linaje Ulloa como fundador

La historia del poder señorial sobre Torreorgaz comienza con el establecimiento de la familia Ulloa en Cáceres, procedente de Galicia, durante el siglo XIV. Uno de sus miembros más influyentes fue Diego García de Ulloa, Comendador de la Orden de Santiago en Alcuéscar, quien murió en la célebre batalla de Aljubarrota (1385) luchando en defensa de los derechos dinásticos de la reina Beatriz, esposa de Juan I de Castilla.1 Sus descendientes serían precisamente quienes consolidaron el señorío sobre Torreorgaz.



El primer señor documentado de Torreorgaz fue Gonzalo de Ulloa, quien adquirió la villa apartándola del término jurisdiccional de Cáceres mediante compra al rey Carlos I.2 La transacción convirtió a los Ulloa en señores de vasallos, con plena jurisdicción civil y criminal sobre la localidad. Esta es la piedra angular de todo el edificio señorial: el escudo de la ermita, si pertenece a este periodo, es ante todo un escudo de señorío, no de marquesado.

El segundo señor de Torreorgaz fue Gonzalo de Ulloa y Carvajal, circunstancia enormemente significativa: ya en la segunda generación del señorío, el propio apellido del titular lleva inseparablemente unidos los dos linajes que aparecerían en el escudo.3 Esta unión no es nominal, sino el resultado de una alianza matrimonial entre las dos familias más poderosas de la aristocracia cacereña. En heráldica, la traducción natural de tal unión es precisamente un escudo partido, con las armas de cada linaje ocupando uno de los dos cuarteles.

La sucesión de señores continuó con Diego García de Ulloa (tercer señor, fallecido hacia 1570)4 y fue reforzando en cada generación los lazos con el linaje Carvajal, hasta el punto de que el sexto señor, también de nombre Diego García de Ulloa, contrajo matrimonio con Juana de Carvajal, reiterando por vía matrimonial la alianza que ya había quedado cristalizada en el apellido compuesto de sus antepasados.

El cuarto señor, conocido popularmente con el apodo de «el Cachorro», dio nombre al castillo familiar. 5 El apodo, trasmitido por la tradición oral hasta hoy, revela la densidad de la implantación de este linaje en el territorio: los Ulloa no eran señores ausentes, sino una familia profundamente enraizada en la vida cotidiana de la villa.

El linaje Carvajal y sus armas: la alianza heráldica

El linaje Carvajal es uno de los más relevantes de la nobleza extremeña y, junto con los Ulloa, uno de los más presentes en la heráldica monumental de Cáceres. Sus armas clásicas consisten en un escudo de oro con una banda de sable, siendo esta la descripción canónica recogida por los tratadistas desde época medieval.6 A partir del primer cuarto del siglo XVI, las ramas cacereñas y placentinas del linaje acrecientan este emblema con una bordura de plata cargada con una rama de roble de sinople, englandada de oro, fenómeno heráldico documentado con rigor por el académico Pedro Cordero Alvarado.7

Las armas del linaje Ulloa presentan, en las ramas extremeñas, un escudo ajedrezado o jaquelado de oro y gules, pieza reconocible en múltiples monumentos del casco histórico de Cáceres.8 Ambos blasones —la banda de los Carvajal y el jaquelado de los Ulloa— son heráldicamente compatibles y legibles en un escudo partido, y su combinación es precisamente lo que el estudio de los escudos nobiliarios cacereños de la época evidencia de forma sistemática.

La vinculación material entre ambos linajes quedó sellada, además, por vínculos de carácter funerario y espiritual. En el monasterio de San Francisco de Cáceres, la capilla funeraria de los Carvajal se encontraba frente a la de los Ulloa, señores de Torreorgaz. Juan de Carvajal el Viejo, en su testamento de 2 de agosto de 1504, mandó decir misas quincenales por su abuelo Lorenzo Fernández de Ulloa, cuya capilla estaba en la iglesia de Santiago: reconocía, de este modo, la sangre Ulloa que corría por sus venas.9 Esta proximidad física en el espacio sagrado de la muerte habla de una proximidad genealógica real, no meramente nominal.

El investigador Pedro Cordero Alvarado identificó, durante su trabajo de campo en Cáceres entre 1992 y 1996, los blasones de Carvajal en los palacios de los marqueses de Torreorgaz, en la calle Ancha, y en la casa de los Carvajal Ulloa, junto a San Mateo,10 lo que confirma que la asociación entre ambos linajes era una realidad heráldica plenamente consolidada mucho antes de la concesión del marquesado.

La transmisión del señorío a la casa de Aponte y la creación del marquesado

La figura que sirve de bisagra entre el antiguo señorío de los Ulloa y el marquesado de los Aponte es doña María de Contreras, conocida como María de Ulloa y Córdoba (Plasencia, 30 de octubre de 1649 - Cáceres, 14 de febrero de 1713), séptima y última señora de Torreorgaz del linaje Ulloa.11 Al contraer matrimonio con don Diego Antonio de Aponte y Zúñiga, Topete y Aldana (Alcántara, 7 de diciembre de 1642 - Cáceres, 17 de octubre de 1704), caballero de la Orden de Alcántara, la señora Ulloa incorporó el señorío de Torreorgaz —y con él el derecho a ostentar las armas de los señores de la villa— a la nueva casa nobiliaria de los Aponte.

Tras veintisiete años de matrimonio y habiendo adquirido previamente el vizcondado de Las Suertes, el matrimonio Aponte-Ulloa recibió de Carlos II el Marquesado de Torreorgaz el 31 de marzo de 1699.12 13 El título reconocía formalmente un poder señorial que llevaba ejerciéndose desde el siglo XV, y cuya base genealógica y heráldica era precisamente el linaje Ulloa-Carvajal.

La continuidad genealógica se refleja de forma elocuente en los apellidos de los primeros marqueses. El II marqués fue Fernando de Aponte y Ulloa; el III marqués, Diego María de Aponte y Ulloa; el IV marqués, Fernando de Aponte Ulloa y Córdoba.14 Tres generaciones de marqueses llevaron explícitamente el apellido Ulloa, subrayando que la legitimidad de su señorío descansaba sobre la sangre y la herencia de aquel linaje fundador. Del mismo modo, la ejecutoria de 1722 identificaba al II marqués como «Fernando Aponte Ulloa Carvajal Guzmán y Paredes», reuniendo en un solo nombre todos los linajes cuyas armas deberían figurar en cualquier representación completa del blasón familiar.15

El escudo del señorío: un emblema anterior al marquesado


El palacio de los Marqueses de Torreorgaz en la ciudad de Cáceres —el edificio familiar por excelencia del linaje— muestra en su fachada el escudo más completo y conocido de esta casa nobiliaria, con cuarteles de Ulloa, Carvajal, Aponte, Zúñiga y Córdoba. Esta versión «plena» del blasón corresponde a la etapa del marquesado, cuando todos los linajes acumulados por vía matrimonial podían exhibirse en el escudo compuesto. Sin embargo, es razonable postular que existió una versión primitiva o señorial del escudo, anterior a la llegada de los Aponte, que mostraba únicamente los dos cuarteles fundacionales del señorío: Ulloa y Carvajal.

Esta hipótesis se apoya en una práctica heráldica común: los señores exhibían sus armas en los edificios públicos y religiosos de sus dominios antes de que tales armas se integraran en escudos compuestos más tardíos. El escudo de la ermita del Humilladero de Torreorgaz sería, en este sentido, el testimonio en piedra de una etapa anterior a la creación del marquesado —posiblemente de los siglos XV o XVI—, cuando los señores de la villa eran los Ulloa y Carvajal, y no aún los Aponte.

El propio edificio de la ermita puede haber sido objeto de sucesivas intervenciones, y no es infrecuente que en los procesos de renovación o reparación de pequeñas ermitas señoriales se conserven elementos —portadas, claves de bóveda, escudos— procedentes de etapas constructivas anteriores. La datación estilística de la portada y del escudo resulta, por tanto, un paso metodológico indispensable para precisar la cronología del emblema.

En cualquier caso, la presencia de un escudo partido de Ulloa y Carvajal sobre la portada de la ermita del Humilladero encaja con perfecta coherencia en el contexto señorial de Torreorgaz. Los señores de la villa tenían no solo el derecho, sino la costumbre de colocar sus armas en los edificios religiosos de su patronazgo: era una forma de proclamar su soberanía sobre el territorio, de vincular su nombre a la vida espiritual de sus vasallos y de dejar constancia para la posteridad de quién había costeado o protegido la obra.

La lectura heráldica del escudo: Ulloa y Carvajal en la tradición armera cacereña

La lectura heráldica de un escudo deteriorado exige partir siempre de la tradición documentada del linaje, complementada con la observación directa de los vestigios conservados. En el caso que nos ocupa, la tradición armera de los señores de Torreorgaz está sólidamente documentada a través de diversas fuentes de primera mano.

El primer cuartel, atribuible a los Ulloa, mostraría el jaquelado de oro y gules característico de las ramas extremeñas del linaje, identificable en múltiples monumentos cacereños y descrito por los tratadistas de heráldica española. El segundo cuartel, atribuible a los Carvajal, presentaría la banda de sable en campo de oro, o bien su variante con bordura englandada si el escudo es posterior al primer cuarto del siglo XVI, cuando esta variante se generalizó en las ramas placentinas y cacereñas del linaje.

La heráldica de la ciudad de Cáceres ofrece, por tanto, una tipología bien conocida con la que confrontar el escudo de la ermita. El estado actual de deterioro —que el autor de este artículo ha podido constatar— invita a reclamar una actuación de conservación preventiva sobre el monumento. Mientras esta no se produzca, la documentación fotográfica y el análisis comparativo con otros escudos del mismo periodo y del mismo linaje constituyen los instrumentos más eficaces para su interpretación.

No debe olvidarse, por último, que la Executoria de 1722 muestra ya un escudo compuesto, en el que los cuarteles de Ulloa y Carvajal conviven con los de Aponte y otros linajes incorporados por los sucesivos matrimonios de la casa. Este escudo «lleno» del siglo XVIII es la versión que se conserva en el palacio urbano de Cáceres. El escudo de la ermita del Humilladero, si efectivamente es anterior al marquesado, representaría la fase previa a esa composición plena: la versión pura del señorío Ulloa-Carvajal, sin la incorporación de los Aponte ni de los otros linajes que llegarían más tarde.

El escudo partido de Ulloa y Carvajal que aparece sobre la portada de la ermita del Humilladero de Torreorgaz no es un enigma heráldico, sino una consecuencia lógica —y perfectamente documentable— de la historia señorial de la villa. Sus principales fundamentos son los siguientes:

  • El señorío de Torreorgaz fue fundado por la familia Ulloa en el siglo XV, siendo el segundo señor ya portador del apellido compuesto Ulloa Carvajal, prueba de la temprana fusión genealógica de ambas casas.
  • La alianza entre Ulloa y Carvajal fue repetida en varias generaciones de señores, con matrimonios documentados que hicieron de ambos linajes una sola realidad familiar y heráldica.
  • El señorío pasó a la casa de Aponte mediante el matrimonio de don Diego Antonio de Aponte con doña María de Ulloa y Córdoba (séptima señora de Torreorgaz), y solo entonces —con la creación del marquesado en 1699— el blasón incorporó los cuarteles de Aponte, Zúñiga y Córdoba a los originales de Ulloa y Carvajal.
  • El escudo de la ermita del Humilladero, por mostrar únicamente los cuarteles de Ulloa y Carvajal sin las adiciones posteriores, puede ser anterior a la concesión del marquesado e incluso anterior a la propia llegada de los Aponte al señorío. Se trataría, por tanto, de un escudo del señorío, no del marquesado.
  • La colocación de este escudo en la ermita respondería a la práctica habitual del patronazgo señorial sobre los edificios religiosos del dominio, siendo la portada el lugar privilegiado para la exhibición de las armas del señor. Su estado de deterioro reclama una intervención urgente de conservación y documentación.
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Lejos de ser una rareza o una anomalía, el escudo partido de Ulloa y Carvajal de la ermita del Humilladero de Torreorgaz es la expresión más antigua y auténtica de la identidad heráldica de los señores de esta villa: una identidad que el marquesado heredó, completó y proyectó hasta nuestros días, pero que hunde sus raíces en las alianzas nobiliarias de la Extremadura del siglo XV.

Y así, lo que durante años no fue para mí más que una pequeña ermita integrada en el paisaje cotidiano se ha convertido en una inesperada puerta de entrada a la historia. La investigación sobre este humilde humilladero me ha permitido acercarme a dos de los linajes más influyentes de Cáceres y su tierra: los Ulloa y los Carvajal, cuyas huellas aún permanecen impresas en piedras, escudos y documentos dispersos por toda la provincia.

No puedo afirmar con absoluta certeza que la interpretación aquí expuesta sea correcta. Tampoco dispongo, por el momento, de documentación que confirme la hipótesis de que el escudo que preside la fachada pertenezca al antiguo señorío de Torreorgaz y no al posterior marquesado. De ser así, nos encontraríamos ante una pieza heráldica anterior a la fecha de construcción atribuida a la ermita, quizá reutilizada desde un edificio precedente o procedente de algún templete o humilladero más antiguo sobre el que se levantó el actual santuario. Por ahora, esta posibilidad no deja de ser una propuesta de interpretación que deberá esperar nuevas evidencias que la confirmen o la descarten.

Sea como fuere, la verdadera enseñanza de este pequeño edificio va más allá de la resolución de un problema heráldico. La ermita del Humilladero nos recuerda que la historia rara vez se encuentra únicamente en los grandes monumentos o en los acontecimientos que llenan los libros. Con frecuencia permanece oculta en lugares modestos, en construcciones que vemos a diario sin detenernos a observarlas, en un escudo desgastado por los siglos o en las piedras silenciosas de un camino, por eso os he querido enseñar la Ermita del Humilladero de Torreorgaz, Al Detalle.




1Municipio de Torreorgaz, Ayuntamiento de Torreorgaz: «Historia de Torreorgaz», disponible en https://www.torreorgaz.es/historia [consulta: junio 2026].

2Sobre los primeros señores de Torreorgaz y el Castillo del Cachorro: Turismo de Extremadura, Junta de Extremadura, «Castillo del Cachorro», https://www.turismoextremadura.com/es/explora/Castillo-del-Cachorro/ [consulta: junio 2026]. La fuente indica expresamente que «la torre fue adquirida por la familia Ulloa, que formó el señorío de Torreorgaz a finales del siglo XV».

3Barredo de Valenzuela, Adolfo; Alonso-Cadenas López, Ampelio (1996): Nobiliario de Extremadura: A-B, tomo I. Madrid: Ediciones de la Revista Hidalguía, pp. 102-103. ISBN 84-87204-94-5. Es la obra de referencia fundamental para la genealogía de los Aponte marqueses de Torreorgaz.

4Benítez Floriano, Santos: «Palacio de los Marqueses de Torreorgaz», Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, 25 de octubre de 2017. El autor es Cronista Oficial de la Ciudad de Cáceres. Disponible en https://www.cronistasoficiales.com/palacio-de-los-marqueses-de-torreorgaz/ [consulta: junio 2026].

5Turismo de Cáceres, Ayuntamiento de Cáceres: «Palacio de los Marqueses de Torreorgaz», https://turismo.caceres.es/es/recurso-poi/palacio-de-los-marqueses-de-torreorgaz [consulta: junio 2026]: «un gran escudo de los Marqueses de Torreorgaz, con los cuarteles de Ulloa, Carvajal, Aponte, Zúñiga y Córdoba, dueños del palacio».

6Cordero Alvarado, Pedro (1996-1997): «El origen de la bordura englandada de los Carvajales extremeños», Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, vol. IV, pp. 121-138. Disponible en https://ramhg.es/wp-content/uploads/2024/09/anales-04_1996-1997-02_cordero.pdf [consulta: junio 2026].

7Escribano Hernández, Julio: «Una familia cacereña en época decadente: D. Diego Antonio de Aponte Aldana y doña María de Ulloa y Córdoba (1672-1704)», Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. Disponible en https://chdetrujillo.com/una-familia-cacerena-en-epoca-decadente-d-diego-antonio-de-aponte-aldana-y-dona-maria-de-ulloa-y-cordoba-1672-1704/ [consulta: junio 2026].


8Wikipedia, artículo «Marquesado de Torre Orgaz» (con aparato completo de fuentes primarias: Gaceta de Madrid, BOE, y bibliografía académica especializada). Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Marquesado_de_Torre_Orgaz [consulta: junio 2026]. Ficha dinástica según Barredo de Valenzuela y Alonso-Cadenas López (1996), op. cit., pp. 102-103, y Cadenas López, Ampelio Alonso de (2007): Títulos nobiliarios vinculados con Extremadura. Madrid: Ediciones Hidalguía, p. 96.

9Diputación de Cáceres, programa «Hablan nuestros documentos»: «Heráldica y genealogía», recogido en El Diario Alerta, 10 de agosto de 2021. La muestra incluye el escudo de la Ejecutoria de 1722 de Fernando Aponte Ulloa Carvajal Guzmán y Paredes, II marqués de Torreorgaz. Disponible en https://www.eldiarioalerta.com/articulo/agencias/extremadura-heraldica-genealogia-nueva-muestra-programa-hablan-nuestros-documentos-diputacion-caceres/20210810184958229451.html [consulta: junio 2026].

10Pardo de Guevara y Valdés, Eduardo (1987): Manual de heráldica española. Madrid: Aldaba Ediciones, p. 25, blasona las armas del linaje Ulloa. Véase también Cadenas y Vicent, Vicente de (1987): Blasones de los caballeros de la Orden de Alcántara. Madrid: Hidalguía. Las armas clásicas de los Ulloa consisten en un escudo jaquelado o ajedrezado de oro y gules (variantes documentadas en los monumentos cacereños).

11Cáceres Histórica, Ayuntamiento de Cáceres: «Heráldica y familias nobiliarias», https://cacereshistorica.caceres.es/patrimonio-oculto/heraldica-escudos-y-blasones/ [consulta: junio 2026].

12Lodo de Mayoralgo, José Miguel (1980): «Los Topete de Alcántara», Revista de Estudios Extremeños, Diputación de Badajoz, 26 (3), p. 508. ISSN 0210-2854. Disponible en https://www.dip-badajoz.es/cultura/ceex/reex_digital/reex_XXXVI/1980/T.%20XXXVI%20n.%203%201980%20sept.-dic/RV10704.pdf [consulta: junio 2026].

13Guías-Historiadores de Extremadura: «Diez escudos interesantes de Extremadura», 22 de junio de 2020. Disponible en https://guiashistoriadorex.com/diez-escudos-interesantes-de-extremadura/ [consulta: junio 2026].

14Cordero Alvarado, Pedro (1996-1997): op. cit., p. 122. El estudio de campo realizado entre 1992 y 1996 identifica los blasones de Carvajal en los palacios de los marqueses de Torreorgaz y en la casa de los Carvajal Ulloa de Cáceres.

15Sobre la práctica del patronazgo señorial en la arquitectura religiosa extremeña: García Mogollón, Florencio Javier (1987): La orfebrería religiosa de la Diócesis de Coria (siglos XIII-XIX). Cáceres: Institución Cultural «El Brocense», Diputación de Cáceres. Aunque centrado en orfebrería, el estudio es referencia fundamental para el patronazgo nobiliario religioso en Extremadura.

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