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EL VERRACO GEMINADO DE VALDECAÑAS REGRESA A CÁCERES

Hay veranos en los que el Tajo se retira como se retira la memoria: despacio, sin avisar, dejando a la vista lo que llevaba años guardándose para sí. El embalse de Valdecañas ha hecho eso mismo más de una vez, y cada vez que baja el agua, el paisaje enseña algo que estaba allí desde mucho antes de que existiera ningún embalse, ningún pantano, ninguna palabra siquiera para nombrarlo. En el verano de 2021 le tocó el turno a una piedra. Una piedra que llevaba, quién sabe, más de dos mil años esperando a que alguien volviera a mirarla. Sobre un único bloque de granito, dos cuerpos aparecen unidos por el dorso, cada uno tallado en una de las caras de la piedra  (1) . Ninguno conserva la cabeza. Ninguno conserva las patas enteras. Y sin embargo, basta mirarlos un momento para notar algo que no cuadra: no son iguales. Uno es sensiblemente más grande que el otro. Esa diferencia, que a simple vista podría achacarse al desgaste de más de dos mil años bajo tierra (o los que hayan sido), es ju...

CÁCERES YA MIRÓ AL CIELO: ECLIPSE DE 1900

Hay días en que el cielo deja de ser un telón de fondo y se convierte en protagonista. El 12 de agosto de 2026 será uno de ellos en Cáceres: la luz de la tarde empezará a apagarse sin que haya llegado la noche, las sombras se afilarán de una manera que no reconoceremos, y durante unos minutos el Sol se dejará morder casi por completo por un disco negro y silencioso. Hay algo profundamente humano en detenerse a mirar ese instante: la ciencia explica con precisión de segundos por qué ocurre, pero no explica del todo por qué, cuando ocurre, se nos encoge el pecho. El 12 de agosto de 2026, Cáceres hace algo que esta ciudad ya hizo, casi con las mismas cifras, hace ciento veintiséis años: pararse en mitad de la tarde a mirar cómo la Luna le roba el sol al día. El eclipse de esa fecha cubre en Cáceres capital un 97,49% del disco solar, con el Sol ya muy bajo, apenas a 9 grados sobre el horizonte, en pleno atardecer de verano (1). No se llega a ver la noche cerrarse sobre la ciudad, para eso ...

CINCO BARCAS DISTINTAS Y EL CRISTO DE LA ENCINA EN SAN MATEO

Hay un escudo, en la puerta de la enfermería del convento de San Antonio (que muchos conocerán como Convento de las Jerónimas y por sus maravillosos dulces) que llevo mirando de reojo años sin haberme detenido nunca a mirarlo de verdad hasta las rutas que daba el año pasado con ACAUMEX. En uno de los cuarteles un bote de remos, solo, sobre unas ondas de mar, sin nadie que lo gobierne (1). En ese escudo aparece el linaje Del Barco, y hasta hace unas semanas era, para mí, uno más entre los ciento cincuenta y seis que llevo catalogando desde que empecé a redactar el animalario heráldico de esta ciudad (del que ya os hablaré más adelante). Un escudo tranquilo, sin sobresaltos: una barca vacía, nada más, siendo uno de cuatro de los linajes representados. Pero ese mismo apellido reaparece, apenas unos metros más adentro, en el interior, policromado, en la propia enfermería —el escudo cuartelado de Cabrera, Vega y Barco—, y allí la barca ya no va vacía: la gobierna un barquero en forma de cab...

LA FUENTE DE LOS MONTANCHEGOS: MEMORIA DE AGUA Y FERIA EN TORREQUEMADA

Hay un patrimonio silencioso que no aparece en las postales de los grandes conjuntos monumentales y que, sin embargo, sostiene la verdadera identidad de nuestra tierra. Es el patrimonio de la necesidad, del sudor y del camino; una arquitectura del agua levantada en la misma roca que pisaban los pastores. Apenas a dieciocho kilómetros de Cáceres, en el término de Torrequemada, resiste a duras penas un testimonio mudo de ese patrimonio esencial: la Fuente de los Montanchegos. Cuando uno camina por el sendero y aparta la mirada de la dehesa, la fuente emerge del paisaje con una rotundidad física que sobrecoge. No estamos ante un caño modesto empotrado en un muro, sino ante una imponente y recia estructura porticada de sillería de granito local. Su fachada se abre al campo a través de tres grandes vanos rectangulares, separados por robustos pilares de piedra perfectamente escuadrados que sostienen un potente dintel corrido. Estos huecos aparecen protegidos por barandillas de hierro, de var...

LOS DRAGONES QUE NADIE MIRA EN LA BÓVEDA DE SANTA MARÍA

El que siga con más o menos asiduidad el blog, sabrá de mi afición por mirar esos detalles que, aún estando ahí, suelen pasar inadvertidos a nuestras miradas. Cuando uno entra en la Concatedral de Santa María de Cáceres, por ejemplo cuando baja la Virgen, y camina con paso lento hacia el altar mayor para ver si esta vez ha adivinado el color del manto y así se le concederá un deseo, la mirada casi nunca se eleva hacia el techo del presbiterio. Pero allí arriba, a varios metros del suelo, se despliega una de las joyas más singulares y desconocidas de nuestro patrimonio: una esbelta bóveda granítica de crucería estrellada repleta de dragones, los símbolos de la Virgen y un Arcángel. La bóveda, trazada a finales del siglo XV, es una estructura de piedra que guarda un secreto que la hace única en la región. No es un techo de granito gris, frío y austero: es un auténtico lienzo donde los maestros del gótico tardío plasmaron, con pincel y con piedra, un vibrante programa teológico en el que ...
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