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EL AZUQUÉN DE LA VILLETA II. UNA CIUDAD DORMIDA

Una vez que hemos hecho un pequeño repaso de la historia de este lugar en el anterior artículo, os propongo veniros conmigo y dar un paseo, aunque sea virtual, a los restos de este curioso recinto. 


Como la visita la hemos realizado en mayo, la naturaleza se mostraba en todo su esplendor, las nubes posaban, las flores se asomaban a nuestro paso y el río mostraba reflejos de un paisaje excepcional, como anclado en el tiempo, donde la mano del hombre ha sido menos decisiva que en los paisajes que acostumbramos a ver, y suponemos, que durante siglos, lo que observamos ahora no ha sufrido excesivas alteraciones, lo que nos permite ir accediendo visualmente a otro tiempo, un tiempo de castros o bereberes. Y a lo lejos, en lo alto del espigón, la muralla esperando paciente nuestra llegada. Así es el Azuquén de la Villeta, una ciudad detenida en la historia, sin prisa, que nos mira con los ojos del sabio al que ya se le está acabando su tiempo. 









Arriba todo es calma, es silencio. Sólo el cuco nos acompaña, así como el murmullo del paso de los siglos que está muy presentes en cada una de las piedras de esta vieja muralla. Podemos distinguir perfectamente los lienzos que fueron construidos por la etnia Miknasa en el siglo X, que contrastan claramente con otros más simples, humildes, que aparecen casi con otro color, que suponemos fueron levantados posteriormente, o por qué no pensar que forman parte de los lienzos de muralla que se conservaban del castro original y que el pueblo bereber no necesitó reforzar. Éstos construyeron sus paredes con la disposición característica de "espina de pez" o en "espiga" con una anchura que va del metro hasta casi los tres, usando barro como argamasa. Los otros muros, construidos en piedra seca, son mucho más estrechos, no alcanzando ni el medio metro, así como mucho más bajos y siendo el tamaño de la piedra utilizada también mucho menor, haciendo muy sencillo el poder distinguir entre los dos tipos constructivos. 








Cada poco tiempo aparecen torreones a modo de contrafuertes, le dan solidez a la estructura, pero sobre todo, un aspecto mucho más inexpugnable. En estos torreones podemos observar los restos de los sistemas de desagüe perfectamente conservados.






Del interior poco queda, algún resto de excavaciones que deja a la vista muros en forma cuadrangular que formarían parte de las viviendas y algún otro muro construido mucho después, presumiblemente para el ganado. Como testimonio de lo que hubo dentro, la gran cantidad de material esparcido por el suelo que incluso hace dificultoso el paseo, y que pacientemente, a lo largo de los siglos, los dueños del terreno han ido acumulando en los característicos majanos, lo que permitía tener las piedras acumuladas y accesibles para futuras construcciones, y que despejaba el suelo de tanto material molesto, entre los que pudimos encontrar varios molinos de mano y alguna pieza que formaba parte del sistema de anclaje de alguna puerta.






Pero sin duda la zona que más llama la atención es la que debió ser la entrada a la ciudad, la única que no está rodeada por un terreno escarpado y un río, donde además se sitúa la necrópolis. Aquí los muros llegan a los 5 metros en su cara exterior, a más de 3 metros de anchura, viéndose incluso en una parte, la superposición de dos murallas pertenecientes a dos épocas distintas también. No queda nada de la puerta de entrada, pero mi imaginación pudo recrear este lienzo de muralla sin dificultad, dibujando en mi mente cómo pude ser el acceso a esta ciudad del siglo X.













Al despedirnos de este precioso lugar tuve una mezcla de sensaciones, y no todas agradables. La paz, la belleza de los colores, la oportunidad de contemplar un pedazo de nuestra historia que permanece olvidado en una dehesa, se unió a una agria sensación de soledad, de abandono y del dolor que guardaban esos muros. En definitiva, una mezcla de sensaciones, que a pesar de las dificultades de todo tipo que tiene el llegar a esta ella, hizo que esté deseando volver a la ciudad dormida del Azuquén de la Villeta.

Si quieres saber más sobre su historia:

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