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EL PISTOLERO DE LOS BUJÍOS SIAMESES

Ya hace algunos años publiqué una entrada en la que os enseñaba unos bujíos a los que denominaba "siameses" por encontrase unidos. Son dos construcciones muy cercanas a la A66 en el término de Cáceres, concretamente, y según registro catastral, situados en la Marrada de Callaf, polígono 19, parcela 1. En aquella ocasión, más movido por la alegría de localizar estos dos precioso ejemplos de arquitectura vernácula, que por buscar detalles, pasé por alto los dibujos que se esconden en su interior. Tras estos años mi visión ha cambiado y el ojo se ha acostumbrado a mirar con más detenimiento que antes. También he aprendido a no tener tanta prisa al visitar estos lugares y a intentar conectar con el sitio escuchando y viendo lo que, en ocasiones, parece que quieren revelarme.





Hoy no os voy a mostrar ningún yacimiento arqueológico impresionante, ni la manifestación cultural de una mano dotada especialmente para el arte, hoy simplemente os quiero mostrar uno de esos Detalles que nos permiten humanizar los lugares, olvidándonos de su simple estructura inerte e inorgánica, para buscar en ellos la mano de las personas que los vivieron. Aquellas personas que se refugiaban del calor en verano y buscaban el calor de la lumbre en el invierno. Intentar de esta manera entender el impulso de aquellos que movidos por el verdadero empuje del ser humano, gastaron parte de su energía en cantar o dibujar. Las canciones no podemos escucharlas en el lugar ya, aunque parezcan resonar en la humedad de sus estancias, pero los dibujos sí, esos sí resisten el paso de los años. 

Imagen sin tratar

Imagen retocada

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En el más interior de estos dos bujíos, una mano no demasiado dotada para el arte, debió de fantasear con aquellas novelitas de Silver Kane o Marcial Lafuente, en la que mostraban un duro, pero atractivo, mundo de héroes valerosos y villanos despreciables. Narraciones de conflictos que se resolvían revólver en mano, a las puertas del viejo Salón. Pistoleros, rodeos, fuertes, indios y un sentido muy particular del honor y la justicia, plagaban las páginas de esas pequeñas novelitas que se vendían en los quioscos y que fueron el detonante de la pintada que hoy nos ocupa. En la parte más interna del bujío, con trazos rojizos, podemos ver a un vaquero con su inconfundible sombrero, la pañoleta al cuello y lo que parece un guardapolvo. Rígido y temible, agarra su revolver con el que dispara a un malvado villano, o eso parece por los rasgos de sus cara. Aquel forajido yace tendido, y suponemos que sin vida, en el suelo, a consecuencia de la justicia de plomo repartida por el aguerrido pistolero.

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Se ven algunas otras pintadas y firmas en el bujío, pero esta pequeña escena del lejano oeste es la que más nos llama la atención, y por eso os la he querido enseñar, Al Detalle, como homenaje a este anónimo artista apasionado, seguramente, de las novelas sobre el "lejano oeste".


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